De las mareas ancladas
El mar lava su cara, su tristeza azulada y sale la espuma —recuerdos— del ayer que aún abruman. Tan parecido a mi andar, que no descansa en pensar cómo sobrevivir a otro día sin la gente que valía más que diez mil perlas. Es que con tan sólo verlas, brillaba la tierra y el mar, el cielo y mis ganas de amar.



