Hoy hace casi dos semanas pasó una tragedia en Venezuela: un terremoto de magnitud 7.2 y 7.5, algo jamás visto en este país. El terremoto destruyó La Guaira y fracturó a Caracas, algo que yo jamás había presenciado y nunca voy a olvidar ese trágico momento

Yo estaba en la sala de mi casa con mis abuelos y mi mamá cuando, de repente, empezó un temblor suave. Mi mamá nos dijo que saliéramos y, justamente antes de llegar a la puerta, todo se empezó a mover con fuerza y sonaba muy feo me sentía vulnerable como una niña chiquita. Mi prima agarró a sus 2 hijos y nos fuimos corriendo a la calle. Justo bajando las escaleras, mi mamá se dobló el pie porque seguía temblando muy fuerte; no veíamos ni sentíamos el piso. Cuando logramos salir, no sabíamos qué hacer, así que solo nos abrazamos todos y esperamos a que pasara.

Todos estábamos asustados y llamamos corriendo a nuestros familiares, pero no había señal ni luz; no había manera de comunicarse con nadie. De repente, me llegó un mensaje de texto de mi papá preguntando dónde estaba. Ahí me di cuenta de que la única manera de comunicación en ese momento era por mensaje de texto. Saber que mi papá estaba bien me mantuvo tranquila.

Cuando todo se calmó, subimos a la casa a vestir a mis primos rápidamente y vimos que se habían caído unas tejas, pero nada grave, gracias a Dios. En eso, volvió a temblar, pero esta vez no fue tan fuerte. Nos abrazamos otra vez hasta que pasó, agarramos dos bolsos y metimos agua y las cobijas de los niños pequeños. Nos fuimos para la Guzmán Blanco, un campo que es abierto, ya que eso era lo más recomendable. Allí me encontré con mi papá, mi abuela y mis primos; después llegaron mis tíos y mis primas por parte de mamá. Pasamos toda la noche allí y fue la peor noche que yo recuerde: no podíamos dormir, estábamos muy nerviosos y todavía sentíamos que todo temblaba. Y no sabíamos la gravedad en la que se encontraba la Guaira

Llegaron los bomberos y nos dijeron que eran réplicas, las cuales iban a desaparecer como a las dos semanas, pero igual no se sentía muy seguro. El sentimiento que yo tenía era algo que no podía explicar; estaba nerviosa porque sabía lo que podía pasar, pero no sabía en qué momento iba a ocurrir. Al ver las noticias de La Guaira me sentí angustiada y muy nerviosa porque allí se encontraba un familiar que gracias a Dios salió ileso no solo era un temblor si no un terremoto ya que cuentan mis abuelos que no se veía desde hace 59 años

Al día siguiente vimos las consecuencias del temblor, partes de la casa agrietada, vasos partidos y fractura en el tobillo de mi mamá, todavía me puedo sacar el sonido y las casas moviéndose es un temor que aún siento en mi corazón


Valoren, amen, perdonen, pidan perdón, abracen mucho, que la última vez nunca avisa.






