Veo atardeceres y muero...
Ocasos
Aquí los atardeceres son diferentes.
Antes, me sabían a risas,
a café y galletas,
sabían a alcohol,
a buena compañía,
a canciones compartidas
Antes, los ocasos me sabían a juventud.
Ahora me saben distinto.
Tienen un sabor a nostalgia que se me
queda en la garganta como miel amarga.
Extraño los atardeceres en Santiago.
Extraño más que atardeceres.
Texto original de Lisbet Rosales: @lilyross en Hive



