
Donde el ruido no entra
---Italiano. Treinta y tres años. Alto. Tatuajes. Cabello rizado, siempre un poco despeinado.
Calmado. Tranquilo. Pleasure Dom. Divertido. Fácil de hablar. Abierto.
Me das paz.
Mi mente está en calma.
Mi tarde perfecta existe entre cuatro paredes: nosotros, desnudos bajo las sábanas, el aire acondicionado borrando el calor de afuera, nuestros cuerpos aprendiendo el idioma de las caricias.
Hablamos. Reímos. Nos besamos.
Mi mente está en calma.
Las voces dejan de hablar. Mi corazón encuentra un ritmo estable. No hay ansiedad. No hay ese dolor latiendo detrás de mis ojos.
El ruido detrás de la puerta ya no importa.
Me encanta vivir dentro de esta burbuja de éxtasis, donde el mundo deja de existir y el tiempo decide esperarnos.
Te enseñé un pedazo de mi cultura, y tú quieres probarla.
Una cita más para cocinar: cachapas, chicha y cotufas.
¿Tú me cocinarás carbonara?
Puntos en común. Besos que terminan en risas.
Tus ojos marrones.
Tu barba haciéndome cosquillas.
Mi risa mezclándose con tus gemidos, tu acento italiano, tu voz grave rompiendo el silencio.
Piel con piel.
El sabor dulce que todavía queda en mi garganta.
Tu cuerpo caliente.
Los dos abrazados bajo la cobija.
Me siento tranquila.
Mi mente está tranquila.
Y creo que el tiempo dejó de avanzar desde el instante en que cruzaste la puerta y nuestras sonrisas se encontraron.

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