
Saludos, Comunidad Literatos. Hoy quiero compartir con ustedes un recuerdo muy personal, de esos que se quedan grabados en la memoria de un niño lector.
Cerca de los diez años, cuando devoraba libros sin preocuparme por fechas ni movimientos literarios, encontré un poema que jamás he podidoolvidar. No recuerdo si era de José Fornaris o de "El Cucalambé", pero su voz era la de un indígena cubano, un siboney, que desde su quebranto hablaba de su tierra, de sus dioses y de cómo todo se desmoronó cuando llegaron los españoles.
El poema expresaba la crueldad del exterminio y el desconcierto de un pueblo que, desde la ingenuidad, había recibido a los colonizadores como si fueran seres divinos. No entendían por qué quienes venían del mar —con tecnología que parecía magia— los trataban con tanta avaricia y violencia. Esa voz doliente era un canto luctuoso por la desaparición de una cultura.
El sujeto lírico que se vistió de indio
Esa experiencia infantil fue mi primer encuentro con el siboneyismo, un movimiento literario cubano del siglo XIX donde los poetas, en su mayoría blancos y criollos, decidieron ponerse en la piel del aborigen para hablar de identidad nacional y, de paso, hacer una crítica soterrada al colonialismo español.

En los poemas de José Fornaris, máxima figura del movimiento con su libro Cantos del Siboney, el sujeto lírico se presenta como hijo de la tierra: "Soy el hijo del sol y de las aguas" . El paisaje es el escenario idílico donde todo fluye en armonía. Pero ese paraíso se rompe.
Fornaris no oculta el lamento. En uno de sus poemas, advierte que el poeta debe "Canta[r] la historia sangrienta / De la aborígene grey. / Teje a los mártires indios / Una fúnebre corona" . El siboneyismo al remontarse a la experiencia de explotación que sufrieron los aborígenes a manos de los conquistadores, tributa directamente al anticolonialismo y a una posición política clara .
El areíto que dejó de sonar
La imagen que a mí me marcó, ese lamento por no poder bailar más el areíto —esa ceremonia taína que combinaba canto, danza y memoria ancestral —, es la metáfora perfecta de lo que el movimiento quería transmitir: la desaparición de un mundo entero.
El poeta Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, conocido como "El Cucalambé", otro gran exponente del siboneyismo, también exploró estas vetas de melancolía y pérdida . Y aunque la crítica española, como Marcelino Menéndez y Pelayo, menospreció este movimiento por considerarlo artificioso y de baja calidad poética, su éxito popular fue indiscutible . ¿Por qué? Porque el pueblo cubano se sintió identificado con ese dolor y con esa búsqueda de una identidad propia, más allá del dominio español.
Un legado que perdura
Hoy, al recordar aquel poema de mi infancia, entiendo que el siboneyismo fue el primer gran esfuerzo de la poesía cubana por contar su propia historia desde las entrañas, aunque fuera a través de una voz prestada. Nos recordó que los mártires indios merecían una corona fúnebre en el panteón de la memoria nacional.

Si quieren adentrarse en este universo de lamento y resistencia, les recomiendo empezar por Cantos del Siboney de Fornaris y Rumores del Hórmigo de "El Cucalambé". Ahí encontrarán el eco de aquella voz que, hace más de 150 años, ya lloraba por una cultura arrasada. Y quién sabe, quizá también encuentren el poema que a mí me conmovió para siempre.






