English version
Continuing the tour of the Antonio José de Sucre House-Museum, the tour guide led me to the kitchen area, which is very similar to the one found in the Andrés Eloy Blanco House. Utensils such as the large mortar and the milk jug are very common in colonial kitchens, as are earthenware pots and wooden ladles.
This area also served as the servants’ dining room. As was customary at the time, social norms dictated the separation of common spaces; slavery had not yet been abolished, but it’s also worth noting that a relationship of trust was established between masters and servants to ensure harmonious coexistence.
When I see this space, I can’t help but compare the culinary process of the past with that of today; preparing food used to be a slow process, which is why it was necessary to start many hours before setting the table. In the case of breakfast, people had to get up at dawn to grind and pound the corn so that the arepas would be ready early in the morning. They also had to wait for the water to finish filtering through the stone jar before they could drink clean water.
I took the opportunity to explore the stable area, located next to the kitchen, which in turn is close to the central courtyard. This space served to protect and shelter the horses—the most commonly used means of transportation at the time—which were a symbol of wealth and power. All the old mansions are distinguished by their large doors, about three meters high, which allowed both horse and rider to enter the house and proceed to the stables.
But first, I had to cross the central courtyard, the largest space on the ground floor. Here, a variety of ornamental plants can be seen, most notably the cayenne plants, whose red flowers add a splash of color to the area. In an upcoming post, we’ll take a closer look at the rooms of the Sucre residence.
Versión en Español
Continuando con el recorrido de la Casa-Museo Antonio José de Sucre, la guía turística me llevó hasta el área de la cocina, cuyas características son muy similares a la que se encuentra en la Casa de Andrés Eloy Blanco. Utensilios como el gran pilón o el tarro para guardar la leche son muy comunes en la cocina colonial, además de las vasijas de barro y los cucharones o paletas de madera.
Esta área también estaba destinada a ser el comedor de la servidumbre. Como solía ser costumbre, las reglas sociales del entonces dividía los espacios comunes, en esa época todavía no se había abolido la esclavitud, pero también se debe decir que entre amos y criados se establecía una relación de confianza para garantizar una convivencia en armonía.
Al ver este espacio no puedo evitar comparar el proceso culinario de antaño con el actual, el proceso de preparación de la comida era lento, de allí la necesidad de empezar muchas horas antes de servir la mesa. En el caso del desayuno había que levantarse de madrugada a moler y pilar el maíz para que las arepas estuvieran listas a tempranas horas de la mañana.Tambiem había que esperar que la piedra del tinajero terminara de filtrar para poder beber agua limpia.
Aproveché para recorrer el área de la caballeriza, lugar ubicado al lado de la cocina que a su vez está próxima al patio central. Este espacio servía para proteger y resguardar a los caballos, medios de transporte más utilizados de la época, los cuales eran símbolo de riqueza y poder. Todas las casonas antiguas se distinguen por tener grandes puertas, de unos tres metros de altura, era para que tanto caballo como jinete puedan ingresar a la vivienda y seguir rumbo a la caballeriza.
Pero primero debía atravesar el patio central, el espacio más grande de la planta baja. En este caso se distinguen una diversidad de plantas ornamentales entre las que se destaca las de cayena, cuyas flores rojas conceden vistosidad al lugar. En una próxima publicación nos adentraremos en las habitaciones de la residencia Sucre.
✓Photos from my personal gallery, edited with Fotocollage.
✓Text translated with DeepL.
✓Fotos de mi galería personal, editadas con Fotocollage.
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