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Hay una sensación que no se quita, algo difícil de identificar que te hace ver todo como una despedida; no es ni dolor ni sufrimiento, ni siquiera tristeza; es más bien un impulso de escape, unas ansias devoradoras de levantarse un día, tomar todo lo que puedas y marcharte.
Una y otra vez te cuestionas las razones por las que te sientes así, atribuyéndolo a la realidad actual por la que atraviesas, mas no puedes dejar de pensar desde tu interior que algo inminente va a pasar y que quedarse en donde estás sería peligroso.
Pero resistes a ese impulso porque no tienes ni los medios necesarios para sobrevivir a las afueras, a una vida cada vez más complicada, a un mundo que se está yendo al carajo a cada paso que das.
Porque lo aludes al estrés, a la ansiedad, a la decepción, pero esa sensación aún está ahí, urgiéndote cada vez más a que te marcharas, te desaparezcas sin mirar para atrás.
De nuevo piensas que quizás es un conjunto de todo, pero... ¿y si realmente algo está por pasar?
No lo sabes... Pero aún así poco a poco vas decidiendo que es mejor hacer caso a dicha sensación.
La pregunta final sería entonces esta: ¿tomas todo y te marchas, a pesar de todas las desventajas?





