This publication was also writen in SPANISH and PORTUGUESE.
Synopsis: In the 1930s, an unlikely friendship between a doctor, a former soldier, and a nurse is threatened when they are falsely accused of a crime they did not commit. Trying to prove they are innocent, they begin conducting their own investigations, and end up uncovering a major conspiracy on American soil.
Throughout its history, the United States has been (and is, and will continue to be) marked by the most different types of conspiracies. Not by chance, many of them have already been portrayed by the Seventh Art through movies that became quite iconic (not only because of the weight of the plot itself, but because of how everything was written and executed on screen). This example could have been another title to join that select group, but that is definitely not the case. Despite being a well-intentioned movie (in every way, I would say), the entire plot is very scattered within its own complexity.
Burt Berendsen, Valerie Voze and Harold Woodman become unlikely friends after the terrible events of World War I. Thinking about the future of a friendship that would become important, they decided to establish a kind of pact: to protect each other at all costs, no matter what happened. However, their friendship collides with a murder witnessed by them (for which they end up being framed), and this becomes a major problem. Now, they need to conduct their own investigations to prove that they are truly innocent in the eyes of society and, most importantly, in the eyes of the law.
During the investigation (which is filled with very unusual moments), they end up being “swallowed” into a spiral of lies, which keeps one of the most dangerous and far-reaching conspiracies in American history standing. Based on the Business Plot of 1933 (a radically fascist plan, which had as its primary objective the overthrow of President Franklin D. Roosevelt in order to consolidate a new type of dictatorial military regime), filmmaker David O. Russell made a full and unrestrained use of a very “peculiar” approach (so to speak) to bring this project to life. Here he not only directs, but also writes the screenplay.
Perhaps, the accumulation of the dual role overloaded his perception of what was being... Or, perhaps this really was the vision he wanted to deliver to the audience. I prefer to credit the first option, because the work done here is not worthy of the talent he had previously shown. This time, everything within the plot is quite out of place, and even very lazy at times. There is a range of characters and subplots within a post-war Amsterdam that is excessively exaggerated to the point of becoming genuinely tiresome (mainly due to the recurring disruption of the narrative’s pacing).
The focus remains on the trio of protagonists (as was already expected), who, being falsely accused of a murder they did not commit, have to deal with countless absurd situations to try not only to prove their own innocence, but at the same time, uncover one of the most scandalous conspiracies ever to take place within the United States. The screenplay handles the weight of this trio's friendship very well, but never makes it a “driving force” to deliver something more complex or profound because within the investigative plot, they are completely “lost”.
Not only do they have no idea what to do properly within the story, but neither does the screenplay itself, which is messy from the very beginning. O. Russell never makes it clear to those on the other side of the screen whether the movie will be a great police mystery, a war melodrama, an eccentrically romantic comedy or even a genuine political manifesto. It is clear how confusing everything becomes on screen, and basically, the subplots do not interact very well with one another, because the essence of the movie focuses only on the “absurd dream” and the frenzy proposed by a series of chaotic situations.
Despite the stellar cast (which has the trio of Christian Bale, Margot Robbie and John David Washington as its main highlights), no one delivers a performance that is truly interesting. All the characterizations (whether they are part of the central cast or supporting cast) are far too cartoonish, even bordering on the ridiculous at some moments where there is a high degree of emotional inexpressiveness. Without a doubt, what is most bothersome is the excess of characters, who enter and leave the scene without the audience even being able to know what each of their names is.
When it reaches its ending (which is boring, and filled with self-explanations within a screenplay that is abusively expository to the point of being quite irritating), Amsterdam sounds like a genuine misguided attempt to be seen as a “modern cult”; and, by the way, it even fails as a didactic reinterpretation of a diabolical socio-political-cultural conspiracy. Technically, this movie is much more interesting than its narrative content itself, and despite there being this aesthetic merit (which highlights how it is just another Hollywood “luxury allegory”), it is an empty movie in its whole primary foundation.
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CRÍTICA DE PELÍCULA: “Ámsterdam” (2022)
Sinopsis: En la década de 1930, una improbable amistad entre un médico, un exsoldado y una enfermera se ve amenazada cuando son acusados falsamente de un crimen que no cometieron. Intentando demostrar que son inocentes, comienzan a investigar por su cuenta y terminan descubriendo una gran conspiración en suelo estadounidense.
A lo largo de su historia, Estados Unidos ha estado (está, y seguirá estando) marcado por los más diferentes tipos de conspiraciones. No por casualidad, muchas de ellas ya han sido retratadas por el Séptimo Arte a través de películas que se volvieron bastante icónicas (no solo debido al peso de la trama en sí, sino por cómo todo fue escrito y ejecutado en pantalla). Este ejemplo podría ser un título más en formar parte de ese selecto grupo, pero definitivamente no es el caso. A pesar de ser una película bien intencionada (de todas las maneras, diría yo), toda la trama está muy dispersa dentro de su propia complejidad.
Burt Berendsen, Valerie Voze y Harold Woodman se convierten en amigos improbables después de los terribles acontecimientos de la Primera Guerra Mundial. Pensando en el futuro de una amistad que llegaría a ser importante, decidieron establecer una especie de pacto: protegerse a toda costa, sin importar lo que sucediera. Sin embargo, su amistad entra en rumbo de colisión con un asesinato presenciado por ellos (por el cual terminan siendo incriminados) y se convierte en un gran problema. Ahora, ellos necesitan realizar investigaciones por su cuenta para demostrar que son realmente inocentes ante los ojos de la sociedad, y principalmente, ante la ley.
Durante las investigaciones (que están repletas de momentos muy inusuales), terminan siendo “tragados” por una espiral de mentiras, que mantiene en pie una de las conspiraciones más peligrosas y ramificadas de la historia estadounidense. Basándose en la Conspiración Empresarial de 1933 (un plan radicalmente fascista, que tenía como objetivo principal el derrocamiento del presidente Franklin D. Roosevelt para consolidar un nuevo tipo de régimen militar dictatorial), el cineasta David O. Russell usó y abusó de un enfoque muy “peculiar” (por así decirlo) para sacar adelante este proyecto. Aquí no solo dirige, sino que también firma el guion.
Quizás, la acumulación de la doble función haya sobrecargado su percepción sobre lo que estaba siendo... O, quizás esa realmente haya sido la visión que quiso entregar al público. Prefiero atribuirlo a la primera opción, porque el trabajo realizado aquí no está a la altura del talento que ya había mostrado anteriormente. Esta vez, todo dentro de la trama está bastante desubicado, e incluso muy perezoso en algunos momentos. Existe una gama de personajes y subtramas dentro de una Ámsterdam que vive la posguerra que es excesivamente exagerada hasta el punto de convertirse en algo realmente agotador (principalmente por la recurrente ruptura del ritmo en el desarrollo de la narrativa).
El foco se mantiene en el trío de protagonistas (como ya era de esperar), quienes, al ser falsamente acusados de un asesinato que no cometieron, necesitan lidiar con las innumerables situaciones absurdas para intentar no solo demostrar su propia inocencia, sino al mismo tiempo, desentrañar una de las conspiraciones más escandalosas que jamás hayan ocurrido dentro de Estados Unidos. El guion trabaja muy bien el peso de la amistad de este trío, pero nunca hace de ella una “fuerza motriz” para ofrecer algo más complejo o profundo porque dentro de la trama investigativa, están totalmente “perdidos”.
No solo ellos no saben qué hacer realmente dentro de la historia, sino tampoco el propio guion, que está desordenado desde su inicio. O. Russell nunca deja claro para quien está al otro lado de la pantalla, si la película será un gran misterio policial, un melodrama bélico, una comedia excéntricamente romántica o incluso un genuino manifiesto político. Es evidente cuánto todo queda confuso en escena, y básicamente, las subtramas no dialogan muy bien entre sí, porque la esencia de la película se concentra únicamente en el “sueño absurdo” y en el frenesí propuesto por una serie de situaciones caóticas.
A pesar del elenco estelar (que tiene al trío Christian Bale, Margot Robbie y John David Washington como sus principales destacados), nadie ofrece una actuación que sea realmente interesante. Todas las construcciones de personajes (ya sean parte del elenco central o del elenco secundario) son demasiado caricaturescas, rozando incluso el colmo de lo ridículo en algunos momentos donde hay una gran inexpresividad de emociones. Sin dudas, lo que más molesta es el exceso de personajes, que entran y salen de escena sin que siquiera el público consiga saber cuál es el nombre de cada uno de ellos.
Cuando llega a su final (que es aburrido, y está repleto de autoexplicaciones dentro de un guion que es abusivamente expositivo hasta el punto de resultar bastante irritante), Ámsterdam suena como un verdadero intento equivocado de ser visto como un “culto moderno”; y, por cierto, fracasa incluso como una reinterpretación didáctica de una diabólica conspiración sociopolítico-cultural. Técnicamente, esta película es mucho más interesante que su contenido narrativo en sí, y a pesar de que existe este mérito estético (que evidencia hasta qué punto es solo otra “alegoría de lujo” hollywoodense), es una película vacía en todo su fundamento principal.
CRÍTICA DE FILME: “Amsterdam” (2022)
Sinopse: Na década de 1930, uma improvável amizade entre um médico, um ex-soldado e uma enfermeira é ameaçada quando eles são falsamente acusados por um crime que eles não cometeram. Tentando provar que são inocentes, eles começam a fazer investigações por conta própria, e acabam descobrindo uma grande conspiração em solo americano.
Ao longo da sua história, os Estados Unidos foram (são, e continuarão sendo) marcados pelos mais diferentes tipos de conspirações. Não por acaso, muitas delas já foram retratadas pela Sétima Arte através de filmes que se tornaram bem icônicos (não apenas devido ao peso da trama em sim, mas de como tudo foi escrito e executado em tela). Este exemplo poderia ser mais um título a fazer parte desse seleto grupo, mas definitivamente não é o caso. Apesar de ser um filme bem intencionado (de todas as maneiras, eu diria), toda a trama é muito dispersa dentro da sua própria complexidade.
Burt Berendsen, Valerie Voze e Harold Woodman se tornam amigos improváveis após os terríveis acontecimentos da Primeira Guerra Mundial. Pensando no futuro de uma amizade que viria a se tornar importante, eles decidiram firmar uma espécie de pacto: se protegerem a todo custo, não importa o que acontecesse. No entanto, a amizade deles entra em rota de colisão com um assassinato testemunhado por eles (que acabam sendo incriminados pelo mesmo) se torna um grande problema. Agora, eles precisam fazer investigações por conta própria para provar que são mesmo inocentes aos olhos da sociedade, e principalmente, da lei.
Durante as investigações (que são repletas de momentos muito inusitados), eles acabam então sendo “tragados” para uma espiral de mentiras, que mantém de pé uma das mais perigosas e ramificadas conspirações da história americana. Baseado na Conspiração Empresarial de 1933 (um plano radicalmente fascista, e que tinha como seu principal objetivo a derrubada do presidente Franklin D. Roosevelt para consolidar um novo tipo de regime militar ditatorial), o cineasta David O. Russell usou e abusou de uma abordagem muito “peculiar” (por assim dizer) para tirar esse projeto do papel. Aqui ele não apenas dirige, como também assina o roteiro.
Talvez, o acúmulo da dupla função tenha sobrecarregado a percepção dele sobre o que estava sendo... Ou, talvez essa realmente tenha sido a visão que ele quis entregar ao público. Eu prefiro creditar na primeira opção, porque o trabalho feito aqui não é digno do talento que ele já havia mostrado anteriormente. Dessa vez, tudo dentro da trama é bastante deslocado, e até muito preguiçoso em alguns momentos. Existe uma gama de personagens e subtramas dentro de uma Amsterdã vivenciando o pós-guerra que é demasiadamente exagerado a ponto de se tornar algo realmente cansativo (principalmente pela recorrente quebra de ritmo no desenvolvimento da narrativa).
O foco se mantém no trio de protagonistas (como já era esperado), que sendo falsamente acusados por um assassinato que eles não cometeram, precisam lidar com as inúmeras situações esdrúxulas para tentar não apenas provar a própria inocência deles, mas ao mesmo tempo, desvendar uma das conspirações mais escandalosas que já aconteceram dentro dos Estados Unidos. O roteiro trabalha muito bem o peso da amizade desse trio, mas nunca faz dele uma “força motriz” para entregar algo mais complexo ou profundo porque dentro da trama investigativa, eles estão totalmente “perdidos”.
Não apenas eles estão sem saber o que fazer direito dentro da história, mas também o roteiro em si, que é bagunçado desde o seu início. O. Russel nunca deixa claro para quem está do outro lado da tela, se o filme será um grande mistério policial, um melodrama de guerra, uma comédia excentricamente romântica ou até mesmo genuíno manifesto político. É nítido o quanto tudo fica confuso em cena, e basicamente, as subtramas não conversam muito bem entre si, porque a essência do filme se concentra apenas no “sonho absurdo” e no frenesi proposto por uma série de situações caóticas.
Apesar do elenco estelar (que tem o trio Christian Bale, Margot Robbie e John David Washington como seus principais destaques), ninguém entrega uma performance que seja realmente interessante. Todas as construções de personagens (sejam eles parte do elenco central ou elenco coadjuvante) são cartunescas demais, beirando até o cúmulo do ridículo em alguns momentos onde há uma alta inexpressividade de emoções. Sem dúvidas, o que mais incomoda é o excesso de personagens, que entram e saem de cena sem ao menos o público conseguir saber qual é o nome de cada um deles.
Quando chega ao seu final (que é entediante, e repleto de auto explicações dentro de um roteiro que é abusivamente expositivo a ponto de ser bem irritante), Amsterdam soa como uma verdadeira tentativa equivocada de ser visto como um “cult moderno”; e aliás, falha até mesmo como uma releitura didática de uma diabólica conspiração sócio-político-cultural. Tecnicamente, esse filme é muito mais interessante do que o seu conteúdo narrativo em si, e apesar de haver esse mérito estético (que evidencia o quanto ele é só mais uma “alegoria de luxo” hollywoodiana), ele é um filme vazio em todo o seu fundamento principal.
Rating: 40/100.



