
En el mundo de las series de Marvel realizadas por Netflix, existen villanos como Wilson Fisk (Daredevil) o Billy Russo (The Punisher) los cuales están muy bien construidos como antagonistas, y sus acciones esconden un pasado oscuro. Son personajes que se guían por sus propios códigos morales y puedes sentir empatía por ellos hasta cierto punto, o incluso admirarlos.
El caso de Kilgrave (The Purple Man) en Jessica Jones es diferente; es un villano que inspira auténtico terror. Si bien también posee un pasado oscuro como Fisk y Russo, las acciones de Kilgrave son tan terribles que cualquier sufrimiento que padeciera durante su niñez palidece ante el daño que él inflige a las personas.
El secreto está en su poder: el control mental. Las víctimas de este personaje no pueden actuar por voluntad propia una vez que este las controla. Kilgrave les dice qué hacer y ellas lo hacen. Matar a sus propios padres, despellejarse, lanzarse una taza de café caliente en el rostro, mantenerse de pie o no pestañear hasta que su cuerpo no pueda resistir más... suicidarse. Las víctimas harán cualquier cosa que Kilgrave les ordene mientras estén en su control. Lo peor: ellas sienten que lo quieren hacer. Él no controla el movimiento físico de las personas, sino su cerebro; en ese instante la persona actúa según la voluntad de Kilgrave, y quizás muy en el fondo sienta una resistencia de su parte, pero en ese momento sus deseos son aquellos de la persona que los controla.
Lo más grave de todo es el objetivo que este villano persigue. No es el dominio del mundo o su destrucción; es hacer que Jessica Jones lo ame. Kilgrave es la personificación del abuso; controla a su víctima y la hace sentir culpable (que fueron sus decisiones y sus acciones y no las de él), la aísla y la vuelve totalmente dependiente de él. Kilgrave está obsesionado con Jessica por sus poderes y porque es la única persona que se vuelve inmune a su control (después de haber permanecido un tiempo bajo su influencia, causando un trauma en Jessica).

En una escena del séptimo episodio de la primera temporada, Jessica se entrega a la policía para confesar el asesinato de un vecino (que fue víctima de Kilgrave) y hacer que la recluyan en una prisión de máxima seguridad, para obligar a su enemigo a perseguirla hasta allí y acorralarlo. Sin embargo, Kilgrave no lo permite. Entra en la comisaría, controlando a todos los policías en la misma, y hace que se apunten en la cabeza con sus pistolas. Jessica observa esto con impotencia mientras su acosador le dice que él hace todo esto porque la ama. De repente suena el celular de un policía...
"¡El próximo al que le suene el celular, se lo va a comer! Luces fluorescentes de porquería y cucarachas, ¡y ruidos de celulares y olor a orina! ¡Estoy tratando de expresar amor eterno aquí, señores!"

"Amor eterno". Kilgrave interpreta como "amor" estar obsesionado con Jessica, acosarla, invadir cualquier espacio de su vida, controlar a personas cercanas a ella para tomarle fotografías, manipularla y coaccionarla, destruir la vida de sus afectos, arrinconarla hasta dejarla sin escapatoria. El "amor" de este villano no es más que abuso y agresión. Cuando Jessica le asegura que la violaba cada vez que tenían relaciones sexuales (estando ella bajo su control mental), él lo niega y dice que "detesta esa palabra". La negación de Kilgrave es otro síntoma inequívoco del abusador: el victimario jamás reconocerá sus acciones y le hará pensar a la víctima que "ella lo quería".

El trauma que resulta de este abuso se refleja en Jessica, quien se siente vigilada constantemente, incluso dentro de sus propios pensamientos. Procesar que alguien abusó de ti pero que, además, te obligó a hacer una cantidad de cosas en contra de tu voluntad sin poder hacer nada al respecto, crea una sensación de impotencia y terror que se transmite hasta el espectador. Nosotros también sentimos la angustia de Jessica y de las víctimas de Kilgrave; sentimos el miedo de los niños que el asesino encierra en el armario cuando se orinan encima. La buena escritura del personaje y la excelente interpretación de David Tennant permiten que nos transportemos dentro de la trama y tomemos el lugar de la víctima.
Además, el personaje no tiene una apariencia tenebrosa ni posee características físicas (por los momentos) que lo diferencien de cualquier persona. Puede pasar por un individuo común, bien vestido —con sus característicos tonos morados— y con acento británico; incluso es atractivo.
Por estas razones, Kilgrave no sólo es un villano de ficción; es uno muy real, cercano a lo que lamentablemente han sufrido muchas víctimas de abuso, pero añadiéndole unos poderes que hacen que este control sea mucho más grave. The Purple Man es tan humano que irremediablemente es, a nuestros ojos, un monstruo aterrador.
