

Park Dietz, un veterano psiquiatra forense, en múltiples libros (incluídos, "Mind Hunter" de John Douglas y "El que lucha con monstruos" de Robert Ressler) ha sido categórico acerca de la mente de asesinos seriales; pero concretamente sobre Jeffrey Dahmer, ha declaro que desde su óptica y criterio analítico la motivación subyacente del conocido como "Carnicero de Milwaukee" siempre fue la misma: control total sobre sus víctimas. Además que, desde la perspectiva de Dietz, Dahmer era cualquier otra cosa menos un enfermo mental. Según el autor y doctor, éste podía reconocer perfectamente el bien del mal, y a sabiendas de esto eligió hacer lo que hizo (y que es la trama de este post). Por tanto, es culpable y perfectamente apto para enfrentar las consecuencias de sus actos.
Sin embargo, aquí es donde surge la pregunta clave de todo esto ¿Qué constituye como parámetro para poder ser diagnosticado, inequívocamente como "enfermo mental"? Para responder esto, claramente no basta con asesinar en múltiples ocasiones, desmembrar cuerpos sin inmutarse, comer partes de las víctimas; guardarlas y preservarlas, tanto en el refrigerador como en barriles de polietileno, (que, es un material resistente para el ácido fluorhídrico. Empleado para disolver y deshacer casi cualquier cosa) fornicar con cadáveres hasta alcanzar el orgasmo, y finalmente taladrar los cráneos de las infortunadas personas que cayeron bajo los "trucos" de seducción de Dahmer, con el objetivo de "volverlos dóciles. Zombies útiles que fuesen capaces de tener iniciativa y así rechazarlo".


Como podrán ver, a veces la realidad supera a la ficción; y con creces. Esto es precisamente lo que actualmente podemos ver en Netflix. Gracias al estreno de la serie "Dahmer" dentro de la famosa plataforma. Desde el 21 de septiembre está disponible y cuenta con 10 episodios, en lo que hasta ahora parece ser la primera de muchas temporadas por venir. Evidentemente, habrá que pasar el tiempo para estar completamente seguros si será así, pero por ahora les puedo hablar sobre el tratamiento cinematográfico, el argumento de la serie y sobre todo, la veracidad de los hechos que relata y trae para el público suscrito a este streaming mundialmente famoso. Y es que, si algo ha detectado bien Netflix, es el interés real y creciente de los usuarios con historias de crimen grotesco.
Ahora bien, sí que hay algo que debo concederle a los productores y realizadores de la serie. Honestamente, esperaba muchísimo menos. Y no por poseer un prejuicio para con Netflix. No soy de ese tipo. Pero sí, porque siempre ha existido una tendencia a endulzar la vida de los asesinos seriales. Además, en el caso de aquellos que fueron guapos o atractivos para muchas personas (como es el caso de Jeffrey Dahmer) por razones de marketing y morbosidad, siempre existe el impulso de romantizar el daño que les hizo quienes fueron. O exagerar ciertos rasgos y acciones para brindar una conexión con la audiencia que les está viendo. Sin embargo, desde el primer episodio, queda claro (brillantemente) cómo este sujeto percibía la realidad que le rodeaba y qué hacía con ella...

En este sentido, la serie recién estrenada sobre Dahmer, da en el clavo sobre sus obsesiones. Realmente, acierta con respecto a lo que inició este angustiante camino que le haría vilmente famoso y repulsivo: su represiva homosexualidad, no declarada. Y quiero ser enfático con esto. No estoy diciendo que quienes sean gais o bisexuales o practiquen cualquier inclinación sexual, sean "monstruos", ni menos asesinos o subnormales. Tan solo, que nadie viene a este mundo siendo un completo psicópata asesino, caníbal y necrófilo. Hablo, principalmente desde la intención de comprender una mente realmente fascinante como solitaria. Y esta es la clave real, que a mí modo de ver, el psiquiatra Park Dietz pasó por alto o no valoró como debida en su análisis y diagnóstico.
Y es que, la mente y el comportamiento son la clave de lo que seremos toda nuestra vida. Esto es así, es un hecho. Y en la serie, así como en una enorme literatura al respecto de los crímenes de Dahmer, se puede hallar las motivaciones del asesino. No son elaboradas o con grandes criterios narcisistas, como en el caso de Ted Bundy o John Wayne Gacy, sino al contrario, correspondían con una poderosísima disonancia cognitiva, más un profundo trastorno mental. Obviamente, no soy un experto en esta temática, pero llamar las cosas por su nombre, no significa que las justifique. Todo lo contrario, considero que en el caso del protagonista de este post, hubiese sido mucho más acertado y adecuado, que lo que terminó sucediendo (sentenciado y muerto en una cárcel a manos de un reo).

No obstante, lo que realmente hizo a Jeffrey Lionel Dahmer, la bestia despiadada, aislada socialmente del mundo, vil y terrible asesino, no fue un impulso homicida irrefrenable, como sugiere (en parte la serie de Netflix) sino el cúmulo de cosas por las que tuvo que lidiar sin la menor atención adecuada de sus padres. Y es que, como bien diseñó y patentó Robert K. Ressler en conjunto con sus colegas del FBI, la mutilación animal, orinarse en la cama hasta edades avanzadas, el aislamiento y la excesiva intromisión, son características preocupantes de todo infante. Estos rasgos los presentó Dahmer en su temprana niñez, al igual que su homosexualidad, pero no fuera debidamente afrontadas. Todo lo contrario, el criterio cultural y social de la época, era conservador.
Esto, a la vez, que sus padres tenían una relación matrimonial pésima. Donde su madre fue una persona ausente en su vida, y el padre, aunque siempre quiso lo mejor para él, literalmente lo amo demasiado... Es decir, en ocasiones no vio, o no quiso ver lo que realmente era su hijo. Supongo, que es un problema con el amor incondicional. Hace que la capacidad de poder evaluar una situación con frialdad y objetividad sea casi nula. Ahora bien, la violencia desmedida contra otro ser vivo, la nula posibilidad de expresarse con sinceridad y sin miedo a ser juzgado; el constante bullying en el colegio y además, una obsesión/compulsión de dominación (causado por décadas de daño emocional irreparable) cambiaron la mente de un sujeto, que justificó lo que hizo declarando lo siguiente...

"Cuando era pequeño, mis padres jamás fueron violentos (físicamente) conmigo. Hicieron lo mejor que pudieron. Digamos que tuve una infancia normal, como cualquier otro. Incluso, tuve privilegios, que no muchos tuvieron. Todo lo que hice, fue porque jamás pude estar con nadie. Sencillamente, quería encontrar a alguien pero jamás encajé en ningún lugar. Con el tiempo, me obsesioné con la idea de crear un compañero. Alguien que sólo respondiera a mi voluntad y que no terminara escapando o dejándome. Lo que hice estuvo mal, pero jamás fue basado en creencias racistas o supremacistas, (refiriéndose a lo que los medios reseñaban sobre la elección de las víctimas, mayoritariamente negras y asiáticas) sino que eran los más guapos desde mi perspectiva...".
De ese extracto, que está disponible en el libro de Robert Ressler, "Dentro del monstruo", se pueden sacar demasiadas conclusiones. Pero a la que yo me apego, no es a la carente falta de remordimientos, sino al dolor, la soledad y al caldo de cultivo que existió en la vida de Dahmer para volverse quien se terminó volviendo. y sobre todo, para caer en el alcoholismo desde la adolescencia y durante toda su vida. Finalmente, lo que nos hace quienes somos es lo que creemos que es lógico. Y esto, precisamente, es fundamental para determinar que Jeffrey no solo estaba a años luz de cualquier realidad plausible, sino que a nadie, jamás, pareció interesarle los motivos reales detrás de un asesino y ser humano como este. Y es que, como decía el propio J. Douglas: "Si quieres entender bien la obra, ¿qué mejor que aprender del mismísimo artista?".

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