

26 de abril de 1986, 01:28:58' de la madrugada. Un grupo de operarios de la Central Nuclear Vladímir Ilich Lenin, en el pueblo de Pripyat, Ucrania, en Chernóbil, llevan a cabo un protocolo de seguridad dentro de las instalaciones del reactor nuclear número 4. El objetivo es simular las condiciones de una emergencia ficticia para poder sobreponerse y así, probar la seguridad industrial de dicha empresa. Este es el argumento real detrás del desastre ecológico y humano más grande de todo el siglo XX: sí, exactamente, la conocida explosión de núcleo del reactor en la Central Eléctrica Nuclear, conocida como "Chernobyl". HBO, en conjunto con Sky, crearon una miniserie que sigue, con absoluta fidelidad y pocas licencias artísticas, lo que allí sucedió. Prepárense a leer un post realmente incómodo...


Ahora bien, esta miniserie tiene múltiples aciertos. Empezaré con sólo algunos: la historiografía técnica. Es decir, el argumento que tiene el guión para presentar hechos reales plasmados en la gran pantalla. Está basada en un libro de anécdotas y experiencias vívidas, de aquellas personas que estuvieron en Chernóbil durante la tragedia. No sólo, los militares o enfermeros, sino médicos, operarios de la Central, físicos, científicos, obreros, y habitantes de Pripyat, el pueblo a sólo 3 kilómetros de distancia del desastre. Escrita maravillosamente por Svetlana Alexiévich ("Voces de Chernóbil" es el nombre de la obra literaria donde la miniserie coge inspiración).
5 episodios, es la duración total de toda la miniserie. En ella, somos testigos desde el minuto uno de las implicaciones que tienen para la vida de los personajes haber manejado la situación más desafiante de la vida de cualquier ser humano durante el siglo pasado. Ni siquiera las guerras mundiales o los conflictos que hayan existido previamente, pueden ser comparados en buena fe y justicia con el desastre que sucedió aquella noche de primavera de 1986 en Ucrania. Donde cada hora, el equivalente a 15 bombas de Hiroshima eran dispersadas al aire abierto, en todas direcciones, de nada más y nada menos que radiación ionizante. Restos de un núcleo abierto que contaminaba todo a su paso veloz y que pudo haber convertido a Europa en un desierto inhabitable y tóxico por miles de años.

El ritmo de "Chernobyl" es pausado pero contundente. La serie no se anda con juegos ni rellenos innecesarios. Cuenta con crudeza precisa y eficaz, para poner a la audiencia en perspectiva de inmediato. Incluso, desde mi óptica, uno de los aciertos más notorios de esta producción de HBO, es que a todos quienes la hemos visto, nos queda la sensación de tener una idea de cómo se debió sentir ser "envenenado" por radiación ionizante. Los efectos en la salud humana, tanto a corto como a largo plazo. Y con una matización brillante. Fácilmente, pudo haberse profundizado mucho más en el fetiche de los planos detalles, para mostrar los efectos inmediatos en la carne humana, pero la serie se centra en el balance y sobre todo en las acciones humanas detrás de lo impensable...

No es poca cosa concluir el párrafo con una conclusión tan oscura. De hecho, precisamente la mano humana, es la verdadera culpable del desastre que significó Chernobyl para la humanidad entera. Que haya ocurrido en la Unión Soviética, tampoco da pie para que los creadores de la serie, en ellos Craig Mazin, la empleen como una oda al capitalismo o un instrumento de propaganda contra el comunismo o la manera de hacer política de los "rusos". Nada que ver. El estilo de crónica para contar de modo detallado los eventos que dieron como resultado al desastre, es una preciosa maravilla. La perspectiva que se emplea, con múltiples relatos, incidencias y figuras, da un dinamismo impropio de estos tiempos.
Sin caer en comparaciones abruptas u ofensivas, esta miniserie parece más una construcción de David Fincher que del creador de películas como Scary Movie, The Hangover 2 y 3, y Blanca Nieves y el Cazador (Craig Mazin, es el creador de todos estos films y también de Chernobyl de HBO). Lo que significa, que esta es por definición y aclamación de la crítica y la audiencia, su obra maestra ¿Quién lo diría? Precisamente esto es lo que más amo del séptimo arte. Siempre te va a sorprender, sin importar qué. Por otro lado, en Chernobyl, también podemos ser testigos de las tomas de decisiones (humanas) que llevaron a manejar este apoteósico desastre de un modo deficiente, negligente y francamente cruel. Donde el cálculo no estaba basado en el bien común sino en la censura.


De este modo, la crítica hacia los gobiernos y autoridades, no exclusivamente de la antigua Unión Soviética, sino del mundo entero (recordemos el desastre nuclear de Fukushima, en Japón de 2011) es una cruda realidad que solemos obviar. No olvidemos que el manejo de crisis es tan importante como el suceso en sí mismo. Por tanto, las acciones y decisiones que vemos en esta miniserie son una muestra visceral de lo que históricamente podemos esperar de quienes tienen la responsabilidad de gobernarnos. Sin olvidar, que el precio de la verdad, aunque costoso siempre debe ser pagado. Sin importar las consecuencias que lleve, encontrar la verdad como factor de respeto, humildad y sentido común, debería ser el norte para todos; incluyendo los personajes de Chernobyl.
Finalmente, no olvidemos que esta miniserie fue emitida en 2019, a través de la cadena HBO en todo el mundo. No existía el conflicto actual entre Rusia y Ucrania, o los ánimos en geopolítica internacional, no estaban tan excitados como actualmente podemos observar. No obstante, me atrevería a calificar a Chernobyl, como la mejor dentro del género (ya que es en sí un subgénero). Fiel a los detalles, con pocas licencias que alejen los hechos de la ficción, y con actuaciones memorables. Válery Legasov y Shcherbina, representan el alma de la sensatez y el viaje del héroe (recurso narrativo típico de la literatura y el cine), además, podemos ver el precio de la verdad ante los gobiernos, y sus verdaderas y reales consecuencias... Una genialidad de producción, ésta, de HBO.

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