"Luchas y nunca sobrevivirás...Corre y nunca escaparás.", es un lema demoledor y al mismo tiempo, un presagio para esta historia maravillosa, increíble, y que si no es perfecta, está ahí, a punto. En este post voy a hacer mucho énfasis en la perfección que hay cuadro a cuadro, toma a toma, plano a plano, escena a escena. Una historia real, llevada a la ficción que ofrece el séptimo arte, que al mismo tiempo muestra la historia real de violencia, desigualdad, inequidad y corrupción de un país enorme como lo es Brasil, pero que guarda estrechas relaciones con sus hermanos latinoamericanos de la región. Esto es sumamente clave para entender "Cidade de Deus", una película preciosa, humana y absolutamente cruda.
Ahora bien, la magia de esta película se explica por la capacidad de no romantizar algo tan grave como la violencia, pero tampoco exagerar los aspectos de un modo amarillista o sensacionalista. La mejor forma de poder sintetizar, es precisamente mostrando la realidad tal cual es. Una sociedad que decide, deliberadamente olvidar y segregar a gran parte de su población a las afueras de Río de Janeiro, éstos, ante la escasez de oportunidades, respeto a la ley, y sobre todo inequidad. Los síntomas de la pobreza en esta región del mundo, no están directamente ligados a la generación de riqueza, sino al contrario, a la distribución de la misma. "Cidade de Deus", revela una realidad que todos y cada uno vemos (si eres de América Latina, aún más) pero que decidimos no actuar...
Una historia, que vemos en esta película, donde hay aspectos que son tremendamente tristes. En líneas generales, casi la mayoría de los personajes mueren. Pero no un dramatismo innecesario, forzado, de más. Todo lo contrario, lo hacen (morir) porque es la consecuencia de vivir en una sociedad, cubiertos en una cultura del desastre y sin salir del destino lógico de ese estilo de vida. Drogas, abusos, brujería, violencia desmedida, violaciones, castas sociales, y un alto grado de ignorancia colectiva, es lo que subyace, se olfatea y se palpa al ver este film. Zé Pequeño, Buscapé, Mané, Cabaleira, y otros múltiples nombres ilustran la idea de esta historia, que noblemente coge su nombre de una favela famosa de la ex capital del Brasil.
Así mismo, por momentos (y esto es una revelación personal) como espectador, he sentido que durante el recorrido de esta película, realmente uno no se da cuenta que es una historia sumamente cruel ¿Por qué? Muy simple, está tan bien dirigida, que el hilo conductor entre cada pequeño plano, entre historias interrelacionadas, y durante el desarrollo del argumento, no somos (o no soy yo capaz) de darnos cuenta que toda una generación de jóvenes ha sido víctimas de este flagelo destructivo que mencionaba en líneas anteriores. Si bien, como audiencia, podemos simpatizar con la lucha de superación de Buscapé, juzgar y criticar a Ze Pequeño, por ejemplo es emplear una dicotomía que no explica bien el fenómenos.
A veces, como sociedad, debido a nuestro trasfondo cultural, proyectamos ciertas cosas que nos impiden ver el panorama completo. Y en estos aspectos incómodos del pensamiento, también entra Cidade de Deus. No sólo es una demostración de una sociedad brasileña dañada, consumista, corrupta o por tramo inhumana con parte de su propia población, sino que nos lleva a forma juicios, a emplear el siempre estéril pero atractivo ejercicio mental de: "¿Y yo qué hubiese hecho si fuese uno de ellos?" Y no a entender la crudeza que algunos seres humanos tienen que atravesar por culpa, precisamente, de otros seres humanos que son totalmente ajenos a esos menesteres.
En otras palabras, si no han visto esta película, indudablemente les recomiendo que lo hagan. Está disponible en Amazon Prime, pero eso sí, tengan en cuenta que más allá de las escenas de violencia, crudeza y humor, este film tiene un trasfondo que es mucho más filosófico. Con una profundidad de criterios, que francamente, deberíamos enseñar en universidades. Y ni hablar si amas la antropología o la sociología, es casi que una materia obligada ver esta pedazo de obra de arte. No es fácil que el mundo sesgado, anglosajón y bastante elitista de Hollywood voltee a verte, y como dato de color, este largometraje no sólo ganó un Academy Award, sino que arrasó totalmente en el montón de festivales donde estuvo expuesta.
La crítica la ama, y creo que lo hace porque cualquier que la vea entiende que es mucho más de lo que muestra. Todos, hacemos ejercicios mentales y aplicamos distintos análisis para con lo que entendemos que se ajusta mejor al mensaje real de esta película. La narrativa de esta película, su ritmo de guión, el dinamismo de la cámara y los planos artísticos y fascinantes, son tan solo algunas de las características que verán. Además, y esto es un reto a la audiencia que me lea, durante la escena donde se emplea el elipsis de tiempo que explica el origen de uno de las viviendas claves dentro de la trama, veremos uno de los recursos más poéticos para dar a entender al espectador el paso de los años...
Belleza, dolor, incomodidad, humor, frustración, psicopatía (muchísima, toneladas de esta condición psiquiátrica) venganza, odio, pobreza, exterminio, fatalismo, lucha, superación, compañerismo, empatía; y podría seguir por varios párrafos más, pero de verdad quiero hacer justicia a este film. Amo que las películas se atrevan a contar historias reales de un modo nada exagerado. Actores que jamás han actuado, y que están dentro de este largometraje, dan una sensación de incomodidad y realismo, que te eriza la piel. Conmovedor. En otras palabras, y como bien dice en el título de este post, Cidade de Deus, es para mí una de las mejores realizaciones que jamás se hayan hecho. Un hito del séptimo arte, y un joya de la creación artística humana. Juzguenla ustedes, atrévanse a maravillarse.
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