Érase una vez el año de 1980. Una década tremendamente convulsa y llena de retos para toda la humanidad. Que sin duda, marcaría el rumbo de muchas cosas que hoy en día, consideramos habituales y rutinarias pero que tienen su origen en aquélla década maravillosa. Tras más de 30 años de Guerra Fría entre Occidente y Oriente, capitalismo y comunismo, "buenos y malos", surge un sujeto; un tipo de apariencia ordinaria, afable, común pero que sin pensarlo iniciaría una de las series más fabulosas, trascendentales y fascinantes de toda la historia de la divulgación científica. Y sí, para este punto, ya debes haber anticipado que me refiero al único e indiscutible: Carl Sagan y su "Cosmos". Que justamente en septiembre, hoy hace 40 años en el pasado transmitía por primera vez su primer episodio.
Y es que, poner en dimensión todo el alcance que tuvo este serie sobre astronomía, ciencia, física y cosmología, es sencillamente insuficiente. Muchas de las mentes que hoy han revolucionado al mundo, hallaron su inspiración, siendo unos niños o adolescentes, bajo la influencia de Cosmos: Un Viaje Personal. Solo una mente privilegiada podía hacer digerible conceptos notablemente abstractos como "La Teoría del Bing Bang", Estrellas de neutrones, agujeros Einstein-Rossen o el viaje interestelar. Pero también abarcó disciplinas científicas variadas; no se limitaba a la explicación de las leyes físicas del universo, sino a la causa-efecto que parece regir el orden de las cosas. Biología, química, filosofía, literatura; música, arte, humanidades y ciencias naturales, para todos y con dinámica.
El legado de Cosmos y la vinculación que tiene con el desarrollo del escepticismo, la duda razonable y la potenciación de la inteligencia, son quizá, la mejor y más poética manera de agradecer por una idea tan magistralmente desarrollada y que ha tenido una importancia vital para las mentes de millones de personas. Lo curioso de todo esto, es que Carl Sagan, si bien fue un científico maravillosos, autor y como ya he dicho; divulgador, también fue conocido como una personas que sentía suma pasión por transmitir conocimiento. Para mí, ese entusiasmo en querer enseñar es una demostración preciosa de amor perfecto. Pues, sin fallarle a las leyes cósmicas, nada se exageraba pero tampoco se omitían los detalles cautivantes del saber.
El conocimiento que se divulgaba en Cosmos solo tenía un propósito: despertar de la profunda y muy bien promulgada ignorancia, a miles de millones de personas. Sin violencia, ni tampoco exceso de prepotencia. Como he dicho anteriormente, lo magnífico de esta serie recae en el objetivo que tenía: promulgar el saber y el pensar. También me gusta creer que es una respuesta ideal, la que emplearon en su momento, Carl Sagan, su esposa y los productores, al usar el alcance de los medios de comunicación tradicionales para hacer que la ciencia fuese asequible y entendible; con un lenguaje simple, llano pero eficaz hacia todo el mundo. Curiosamente, hay quienes hallan Cosmos como una especie de "Santo Grial para nerds". Creo que se equivocan y además son indiscutiblemente soberbios.
Además, este seriado (y quienes lo han visto, corroborarán lo que aquí estoy diciendo) promovía un concepto de inclusión, igualdad, respeto y fraternidad que en muy pocas ocasiones he visto en la televisión. En este sentido, la entrega personal, la experiencia, la pericia que da la experiencia pero también años como académico hacen que este autor sea tan entrañable y querido, además de admirado y fundamental para iniciarse en la ciencia, la mecánica y el razonamiento lógico. "El Cosmos es todo lo que es, lo que fue y lo que será alguna vez". Esta frase da inicio al primer episodia de los trece con los que cuenta esta producción original, y desde ya nos compenetra en lo que es un viaje maravilloso.
No puedo dejar de mencionar una característica tremendamente humilde que tenía Carl Sagan y que impregnó a su serie. Y no es más que: la verdadera humildad. Y es que, el hecho de que ubicara a la humanidad como tan solo un organismo más dentro de la gigantesca variedad de especie en La Tierra, ya de por sí es innovador. Cualquier Rey, Gobernante, Presidente o Tirano que haya vivido sobre la Faz del planeta ha muerto o en algún punto lo estará, sin embargo el Planeta sobrevivirá y todos seremos parte del pasado; sin importar la grandeza o a simpleza que hayamos ostentado en vida. Cualquier anhelo, angustia, dolor, placer; anécdota o tristeza, no es para significativa a escala universal. Solemos pensar que estamos en la cúspide de la evolución, y quizá sea así, pero este planeta es tan solo una mota de polvo en un basto universo implacable.
Amo la manera en cómo Cosmos aborda la ciencia y el conocimiento. Sencillamente, cualquier ser humano que entienda la escala que ocupamos todos en este globo diminuto de tierra y piedra, entenderemos lo fugaces y efímeros que somos en comparación con lo que hay allá afuera. Tenemos conceptos para casi todo, pero en cuanto a entendimiento propiamente dicho, parece que no somos realmente capaces de cuantificar realmente el nivel que ocupamos en el concierto universal. El simple hecho de poder expresarme de este modo tan poco existencialista y más analítico es una consecuencia directa de tener entre ceja y ceja este pequeño homenaje a Cosmos, al grandísimo Carl Sagan y, por supuesto, a nuestra habilidad como eslabones pensantes de un accidente precioso, como es la evolución. Que en definitiva, es lo que nos tiene a usted y a mí, aquí en Hive, leyéndonos y unidos aún estando a miles de km de distancia.
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