

Cuando hablamos de dibujos animados, con muchísima frecuencia vienen a nuestra mente los mejores clásicos de la animación infantil. Desde Dexter's Lab hasta Powerpuff Girls, y cómo olvidar los entrañables Looney Tunes o series como "Hey Arnold!", de Nickelodeon. Que en mi opinión, son unos de los mejores aportes que se puedan recordar dentro de la larga historia de cartoons que consumimos siendo niños, y de los pocos, que realmente fomentaban excelentes valores para los chicos sin caer en el estigma de adoctrinarlos, o llevarlos a un lugar incómodo o socialmente aceptado. De hecho, he decidido hacer este pequeño post review sobre Arnold, porque desde mi consideración personal, es la mejor serie animada que jamás haya visto; quizá junto a Dragon Ball Z.
En este sentido, un dato que no se es tomado mucho en cuenta con respecto a "Hey Arnold!", es la abrumadora profundidad que tiene esta serie infantil. Claramente, siendo niños, y después de haber consumido horas y horas de caricaturas, sencillamente no podíamos ser capaces de discernir ciertos aspectos creativos, rudos, crudos y sobre todo realistas que esta serie tenía. Por ejemplo, la relación de Arnold con sus padres biológicos. Que para quienes la hayan visto, podrán recordar que éste no contaba con ellos. Por tanto, creció bajo la tutela de sus abuelos, que eran cariñosos y atentos con él pero que claramente distaban mucho de lo que un niño realmente necesita (el calor y compañía de sus padres).


Asimismo,, Arnold no era un chico con habilidades increíbles o fuera de serie, sino más bien todo lo contrario. Era bastante ordinario, común, promedio, pero con un sentido de lealtad y honorabilidad que realmente marcaban el rumbo de la serie. Las acciones, situaciones, dilemas e incluso; los problemas en los que él llegaba a meterse se definían en muchos sentidos en la capacidad que este tenía para resolverlos; y en mantenerse fiel a sí mismo. Algo que es sumamente raro de ver en las series infantiles. Si lo piensan bien, la fantasía exagerada es casi siempre el elemento más empleado dentro del mundo de estas series. Los protagonistas gozan de virtudes o personajes mitológicos para mejorar sus vidas o sencillamente, para salir de embrollos que puedan afectarles.

En el caso de lo que podemos ver dentro de toda la serie de "Hey Arnold!", esto dista mucho de ser así. Si bien, él es también un niño, y como tal emplea su imaginación y creatividad sin límites, el enfoque de la serie está en la interacción de todos los personajes. También en la curiosa exploración del comportamientos de muchos de los amigos de Arnold; como es el caso de Helga. Que, curiosamente, es la que vive haciéndole bullying a Arnold, pero que lo ama en completo secreto. Gerald, su mejor amigo. Es un chico atlético, noble, inteligente pero sobre todo virtuoso, que está con él siempre y es un apoyo incondicional para la trama de la serie. Además, rompe con una característica importante. Es amigo del chico blanco protagonista de la serie. Un dato no menor.
Ahora bien, en algún punto del post toqué la parte de las personalidad y comportamientos de los personajes, y ésto es clave para darle un sentido filosófico a la serie. Nadie es lo que aparenta. Todos y cada uno de los personajes, tiene un complicado sub sistema que hace que sean lo que terminamos viendo. Como Harold, el bravucón y regordete niño que a simple vista podría percibirse como alguien extremadamente tosco y un tanto violento, pero que en el fondo es solo un nene de mamá, que no haya paz consigo mismo entre el confort de sentirse mimado por mami y mantener una imagen de chico rudo en el colegio, junto a sus demás amigos que le rodean.


Y es que, si lo pensamos con suficiente profundidad podemos ver qué esta serie es una oda al pensamiento y sobre todo, a atender una cuestión que no sólo, no era presentada en muchos dibujos animados de la época, sino que era completamente descuidada en casi todos los cartoons existentes del momento: la simpleza de vida. Sin habilidades extraordinarios, ni padrinos mágicos, o poderes especiales que resolvieran las cuestiones que más nos complican la existencia. Incluso, cuando se es un niño, es importante aprender a pensar. Por esta razón, siempre le estaré agradecido a "Hey Arnold!"- Fue mi compañía, silente y constante, cuando yo era un niño y me identificaba con él. Cuando le admiraba y disfrutaba del silencio de mi cuarto junto a mi walkman y audífonos mirando al techo...

A veces, suele sucedernos esto con cosas relacionadas con nuestra infancia; es decir, sentir que estamos conectados con un determinado dibujo animado que realmente no entiende. Y es un sentimiento extraño, ¿saben? Porque de cierta manera, las cosas que rondan nuestras cabezas, seguramente deberían ser muchísimo menos complicadas y existencialistas, que el por qué de las cosas. O resolver problemas entre personas que queremos. O ayudar a otro niño que la está pasando aún peor que nosotros. Entender el punto de vista de los demás sin comprometerlo ni juzgarlo, es un acto de humanidad precioso y sumamente infravalorado; que no mucho solemos ver en la pequeña pantalla, y menos aún en series infantiles.
"Hey Arnold!" es la entrada a esos cartoons como Ginger (también de Nickelodeon) o Daria, de la MTV, con contenido más introspectivos y que nos adelantan lo que nos espera en la vida, y al mismo tiempo, evidencian sobre lo que realmente nos hace quienes somos. Ese componente atractivo entre la psicología de nuestros actos y esa necesidad incesante de estar rodeados de personas que nos aprueben. Obviamente, nada demasiado intrincado para no poder ser valorado por todos los niños, pero díganme ustedes, si pudieran valorar el aporte de esta serie, ¿cómo la calificarían? ¿Como una más del montón que se estrenaron a final de los 90's; o como una excepcional y diferente en todos los sentidos? Me gusta la idea de asociar a Arnold con el Jazz, tan adictivo y al mismo tiempo melancólico; digno de su personalidad, y un reflejo de la vida misma.


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