Después de cuatro temporadas, Sex Education llegó a su fin, una serie que marcó un hito en Netflix porque fue capaz de mostrar escabrosos temas relacionados con la sexualidad de una forma desprovista de vulgaridad, con mucho respeto, con cotidianidad y mucha pedagogía detrás de su hilarante dosis de comedia inteligente, todo eso acompañado de magníficas actuaciones, sin duda alguna.
Las cuatro temporadas siguieron las aventuras de Otis, Maeve, Aimee, Erick, Ruby, Adam y Jackson entre otros, mostrando un equilibrio perfecto entre los dramas adolescentes y los adultos que encabezaba Jean Y Michael principalmente. Eso continúa así en la última temporada, sin embargo, a mi se me antojó un poco desabrida y carente de sustancia que si la tenían las anteriores tres.
En la temporada final se introdujeron importantes cambios que hicieron que el espectador y seguidor de la misma se sintiera viendo un show diferente:
En primer lugar, la mudanza de colegio de algunos de los protagonistas, lo que sin duda implicaba una amalgama de nuevos personajes. Y como no podía ser de otra forma en una serie dedicada a la educación sexual, este nuevo entorno introduce los géneros fluidos y las distintas manifestaciones que trae con ello, quizás es un punto positivo aprender de tan intrincadas situaciones. Mas, el nuevo colegio no se sentía como tal. Parecía más bien una casa de la cultura, un recinto de reflexión o de manualidades y eso le restó verosimilitud a ese entorno.
Se introduce el tema de la depresión postparto y la importancia de la familia para afrontarlo, sin embargo en esa temática creo que faltó desarrollo, pedagogía, profundidad, temo que el tema pasó de un climax a la resolución sin mucho trabajo de por medio que nos hiciera comprender a los espectadores la forma de lidiar con una patología como aquella, de rebote se menciona el abuso infantil.
En la misma temática se encuentra la imposibilidad de Otis de establecer relaciones íntimas y la evidente incomodidad que le causaba la relación con su propia sexualidad. Se resolvió. Casi que por arte de magia sólo, a mi entender, porque la mujer de la que está enamorado se irá del país. No hay mayor profundidad al respecto, de hecho, la trama de Otis se basa mayormente en la lucha estéril con una chica por ser el terapeuta sexual de la escuela nueva.
Las dos tramas más orgánicas de esta temporada son sin duda alguna la de Maeve y la de Aimee. Maeve se vio envuelta en una pérdida dura y la afrontó con entereza y de forma muy pragmática al igual que su futura vida universitaria, entendió que hay cosas que son más importante que el amor romántico. Aimee por su parte culminó su viaje deshaciéndose de la culpa y la sensación de inseguridad que le producía el recuerdo del abuso que sufrió, encontró pasión en la fotografía y se abrió a nuevas experiencias amorosas.
Otis, Maeve, Jean y Eric fueron personajes que nos demostraron que no siempre el amor romántico es idílico, que lo idílico no existe y que la tranquilidad se puede priorizar sobre cualquier otro sentimiento inestable. Sin embargo, el viaje de Erick se me antojó inverosímil, el personaje más fresco, jocoso y afable de la serie se volvió sombrío, apagado y arrinconado hacía los escabrosos recovecos de la fe. No sé si el mensaje es de tolerancia de la iglesia hacia los homosexuales, pero creo que no se enfocó adecuadamente. Erick era un personaje que merecía un amor vibrante, no una sosegada apatía pastoral.
En definitiva no fue una mala temporada, quizás distinta, pero si se llevó consigo la esencia de la vitalidad que mantuvo a la serie en el top durante tres años... Pero aún así, la sigo recomendando. Siempre será así...