
Biopics are a style of film that can be quite difficult to tackle, ironically, the idea of bringing certain events from real life, as well as the story of a specific person to the big screen, is not always as easy as we would hope.
There have been many cases of multiple approaches, from films that seem obsessed with sticking to the facts with surgical precision, to much more abstract approaches that take whatever creative liberties are necessary to show us a film we can connect with.
There is the eternal debate: Do we sacrifice authenticity in order to deliver an entertaining work? Or do we use what happened in real life as an unbreakable bible?
In the case of Elvis (Baz Lurhman's most recent film), the legacy of the young rocker from Memphis seemed strategically constructed to find a perfect balance between both approaches, considering how chaotic but surreal his career and personal life were.
For this very reason, while Lurhman's direction is stunning, it would be a sin not to acknowledge that this style is ideal for the project, showing us a self-destructive spiral that embraces an unexpected portion of the young Elvis's sins, as well as his triumphs. .
Subtlety is not its strong point, but we could not say for this reason that it does not fit with its irrevent premise.
Elvis is a pleasant surprise, where those who love movies and those who love music can coexist, Austin Butler gives us a performance that, despite its more cartoonish moments, knows how to exist perfectly in a film that needs this exaggerated spirit. He may go too light when it comes to exposing the more irreverent aspects of his life, but these omissions never get in the way of the real themes the film seeks to develop.
The only problem (and that's getting picky) is Tom Hanks' lousy accent, too distracting to pass up, for everything else: It's great.


Las biopics son un estilo de películas que suelen ser bastante difíciles de abordar, irónicamente, la idea de trasladar ciertos eventos de la vida real, así como la historia de una persona específica a la gran pantalla, no siempre es tan sencilla como esperaríamos.
Han habido muchos casos con múltiples enfoques, desde cintas que parecen obsesionadas con apegarse a los hechos con precisión quirúrgica, hasta acercamientos mucho más abstractos que se toman todas las libertades creativas que sean necesarios para mostrarnos un filme con el que podamos conectar.
Existe el debate eterno: ¿Sacrificamos la autenticidad en función de entregar una obra entretenida? ¿O usamos aquello que sucedió en la vida real como una biblia inquebrantable?
En el caso de Elvis (La cinta más reciente de Baz Lurhman), el legado del joven rockero de Memphis parecía construido estratégicamente para encontrar un balance perfecto entre ambos acercamientos, considerando lo caótico pero surrealista que fue su carrera y vida personal.
Por esta misma razón, aunque la dirección de Lurhman aturde, sería un pecado no reconocer que este estilo es ideal para el proyecto, mostrándonos una espiral autodestructiva que abraza una porción inesperada de los pecados del joven Elvis, así como de sus triunfos.
La sutileza no es su fuerte, pero no por esto podríamos decir que no encaja con su irrevente premisa.
Elvis es una grata sorpresa, en dónde aquellos que adoran el cine y aquellos que adoran la música pueden coexistir, Austin Butler nos entrega un performance que a pesar de sus momentos más caricaturescos, sabe existir perfectamente en un filme que necesita este espíritu exagerado. Podrá ir muy ligera cuando se trata de exponer los aspectos más irreverentes de su vida, pero estás omisiones nunca obstruyen los verdaderos temas que el film busca desarrollar.
El único problema (Y eso, poniéndonos quisquillosos) es el pésimo acento de Tom Hanks, demasiado distrayente como para dejarlo pasar, para todo lo demás: Es estupendo.

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