Esta película nos trae de regreso las aventuras de Winnie The Pooh y sus amigos pero en un Londres posterior a la Segunda Guerra Mundial, donde su inseparable amigo Christopher Robin ya no es más un niño; ahora es un hombre con familia, veterano de guerra y empleado de una empresa pero que parece haber olvidado el significado de la felicidad y de que fue niño alguna vez. Accidentalmente, vuelve a encontrarse con los amigos con que tanto disfrutó y deberá darse cuenta de que su trabajo no es lo único importante en su vida.
Entre las primeras virtudes a destacar de Christopher Robin, Un Reencuentro Inolvidable es su estética oscura y deprimente al más puro estilo de Tim Burton contrastado con la inocencia y ternura que transmiten los personajes, haciéndola más poderosa en su mensaje. Y hablando de su aspecto visual, es notorio que todos los efectos digitales estuvieron destinados a la animación de los peluches de Winnie The Pooh y los demás animales, sintiéndose completamente reales y de acuerdo a su entorno.
Por otro lado, la historia hace muy bien balance entre drama y comedia de forma muy natural y mostrando un gran desarrollo del conflicto que encara Christopher Robin, interpretado magistralmente por Ewan McGregor. Su mensaje al final y a lo largo de su travesía es claro, el no olvidar jamás los momentos más pequeños y dulces de nuestra vida por más que nos tengamos que encarar a la realidad; mensaje que llega a lo más profundo de cualquier espectador, tanto adulto como infantil.
La película en sí es predecible. Una vez que sabes de qué trata la historia puedes hacerte una idea de cómo terminará, pero aquí lo importante es el viaje que emprende el protagonista y el que hayan podido utilizar la historia de Winnie The Pooh para crear una película que si bien busca ser divertida pero también muy emotiva. Christopher Robin, Un Reencuentro Inolvidable es una película muy recomendable.