
Mi abuela y yo acabamos de ver esta magnífica obra de arte de Martin Scorsese, con un Robert De Niro haciendo magistralmente el papel de un hombre mentalmente perturbado por un insomnio que el propio personaje por alguna que otra razón no se ha querido tratar, y con una joven Jodie Foster en el papel de una prostituta infantil seducida y manipulada por un proxeneta maquiavélico bien retratado por un joven Harvey Keitel.
Scorsese ha logrado hacer un fiel retrato de los efectos del insomnio crónico, muy evidentes en el personaje de Travis. Ha logrado retratar la delgada línea entre el raciocinio y la locura, la realidad y la irrealidad. Ha logrado retratar esa pérdida de la identidad tras el retorno de un evento traumático (la guerra) y la lucha por recuperarla, aunque no sea de la manera más ortodoxa. E incluso ha logrado retratar la realidad oculta que la sociedad conoce pero ignora intencionalmente (la prostitución forzada, la trata de blancas).
Eso no siempre se ha visto en el cine, quizás por temor a las malas críticas o por el simple hecho de que lo consideran algo no rentable.