Ojo: Posibles spoilers

Desde hace una semana que mi madre quería ver al menos una de las películas del ciclo de cine dedicado a James Bond, el icónico personaje del escritor británico Ian Fleming en sus novelas de espías y alta tecnología. Y fue hasta ayer que finalmente acudimos al Centro Cultural Olimpo en el centro de la ciudad de Mérida para disfrutar a un James Bond irlandés (Pierce Brosnan) acompañado de su eterna Chica Bond (la afroamericana Halle Berry).
Hacía años que no veía un film de James Bond anterior a Casino Royale, Skyfall y Spectre, las tres películas protagonizada por el inglés Daniel Craig. De hecho, Die Another Day (Muere otro día en España) fue la última película que vi de Bond antes de despedirme de la televisión por cable, y paradójicamente la primera en ver este año.
Ahora bien, la trama es la siguiente: Bond y unos colegas suyos se van a Corea del Norte con la intención de arrestar a un coronel norcoreano de nombre Tan-Sun Moon y a su compañero, un tal Zao. La misión se ve comprometida y Bond, conocedor de los riesgos del oficio, es abandonado a su suerte por un año y medio hasta ser intercambiado por Zao.
Sintiéndose traicionado, Bond jura encargarse de Zao tras ser suspendido de su cargo por su jefe, M (Judi Dench), iniciando así una continua persecución que lo llevará a Hong Kong, a Cuba, a Londres y por último a Islandia, en donde se enfrentará no solo a Zao, sino también al mismo coronel Moon (disfrazado del millonario Gustav Graves).
El film repite la (casi) eterna fórmula de todas las películas de Bond (y quizás de todas las películas de acción): Persecuciones espectaculares, explosiones y mujeres, muchas mujeres. Una fórmula que, al menos en mi opinión, se explotaron mejor en los filmes de Sean Connery. Esto quizás se deba porque en aquella época se le daba una cabal importancia tanto al relato como a los efectos especiales y a las actuaciones, mientras que en los filmes de Brosnan a perderse ese equilibrio.
Digamos que los efectos especiales se hicieron cargo casi por entero de contar la historia mientras que Halle Berry solo hacía malabares e intercambiaba espadazos con Rosamund Pike, entreteniendo al público visualmente hablando.
Ahora bien, ¿lo recomendaría? Sí, para pasar un domingo aburrido en compañía de una taza de té negro, tu gato y una almohada por si los efectos especiales no son tu mejor amigo.
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