Se cayó el SEN otra vez: lo sorprendente sería que no pasara
Otra vez.
Se cayó el Sistema Eléctrico Nacional. Esto fue ya hace par de días pero es algo que puede volver a pasar pronto Y lo curioso es que la noticia ya no provoca la misma reacción de antes. Ya no existe aquella sensación de sorpresa. Para demasiados cubanos, escuchar que el SEN colapsó es casi como escuchar que mañana saldrá el sol.
La pregunta dejó de ser “¿se va a caer?”.
Ahora es:
“¿Cuánto tiempo estaremos sin corriente?”
Y esa diferencia lo dice todo.
Ya no hablamos de una emergencia puntual
Un apagón puede ocurrir. Una avería puede ocurrir. Una planta puede salir de servicio.
Eso forma parte de la realidad de cualquier sistema eléctrico.
El problema aparece cuando la excepción se convierte en rutina.
Cuando una población tiene que cargar teléfonos cada vez que regresa la corriente.
Cuando hay que guardar agua porque nadie sabe cuánto durará el apagón.
Cuando los alimentos se pierden.
Cuando estudiar, trabajar o simplemente descansar depende de que haya electricidad.
Cuando la gente empieza a organizar su vida alrededor del próximo apagón.
Eso ya no es un incidente aislado.
Es una forma de vida impuesta por la inestabilidad.
El apagón también desgasta
Hay un costo que no aparece en los megawatts.
Es el cansancio.
La frustración.
La pérdida de tiempo.
La incertidumbre.
El pequeño negocio que no puede trabajar.
El estudiante que no puede conectarse.
La familia que tiene que improvisar la comida.
La persona que pasó la noche en vela esperando que regresara el servicio.
Todo eso tiene un precio.
Y ese precio lo paga la población.
Lo peor es que nos estamos acostumbrando
Quizás este sea el punto más preocupante.
Nos estamos acostumbrando.
Ya sabemos qué hacer cuando se va la corriente.
Cargamos todo cuando llega.
Guardamos agua.
Buscamos una batería.
Revisamos el teléfono.
Preguntamos en el barrio.
Esperamos.
Y después repetimos el proceso.
Una y otra vez.
Hasta que el apagón deja de ser una noticia y se convierte en parte de la rutina.
Pero acostumbrarse a un problema no significa que el problema haya desaparecido.
Significa que la gente ha aprendido a convivir con él.
¿Hasta cuándo?
Esta es la pregunta que inevitablemente aparece.
¿Hasta cuándo una sociedad puede funcionar de esta manera?
¿Hasta cuándo se puede pedir paciencia?
¿Hasta cuándo una situación extraordinaria puede presentarse como algo cotidiano?
No basta con anunciar que el sistema está en crisis. La población necesita explicaciones claras, información verificable y, sobre todo, soluciones que permitan recuperar la estabilidad.
Porque una cosa es atravesar una emergencia.
Otra muy diferente es vivir permanentemente dentro de ella.
La verdadera noticia
Por eso, cuando alguien diga mañana:
“Se cayó el SEN”,
probablemente muchos cubanos no se sorprenderán.
Quizás simplemente suspiren y busquen una linterna.
Y ahí está precisamente el problema.
Lo verdaderamente preocupante no es solamente que vuelva a caerse el sistema.
Es que ya no nos sorprenda que se caiga.
Porque cuando una falla deja de sorprender, quizá lo que ha cambiado no es la falla.
Hemos cambiado nosotros.
Nos hemos acostumbrado a esperar lo que nunca debería ser normal.
¿Y tú?
¿Te sorprende todavía cuando anuncian otra caída del SEN?
¿O ya forma parte de la rutina?
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