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Alma al cielo, pies en tierra (Filosofando)/Soul to the heavens, feet on the ground (Philosophizing)

Con el alma en el cielo pero con los pies en tierra

Con el paso del tiempo, perdemos tanto como ganamos. De alguna manera, dejamos atrás la juventud, perdemos algún diente, la pigmentación o el cabello, la flexibilidad en las rodillas, la resistencia al caminar y, a veces, hasta la paciencia.

En contraparte, ganamos kilos que se reflejan en la cintura, años que no podemos restar, valores médicos que se disparan cuando nos excedemos y esa soltura para hablar sin pena alguna. Todo esto es parte de la evolución humana, desde la infancia hasta la vejez.

Sin embargo, en ese mundo de aprendizajes, caemos en el error de creernos un "producto terminado". Pensamos que lo sabemos y conocemos todo y, por tanto, autoaniquilamos la "curiosidad" o la "capacidad de asombro". Terminamos jubilando muchos aspectos de nuestra vida bajo la excusa de haber llegado al límite.

A menudo, observamos lo simple como algo carente de valor y se lo restamos a quien sí sabe apreciarlo. Esta actitud hace que la empatía, el respeto y la tolerancia se diluyan, volviéndonos incluso dogmáticos y narcisistas. Tanto en el entorno laboral como en el personal, abundan las historias de personas muy experimentadas que juzgan duramente el desempeño de alguien con menos trayectoria, terminando ellos mismos siendo peor valorados que aquellos a quienes critican.

Por el contrario, las personas más veteranas, o las verdaderamente sabias, suelen demostrar todo lo opuesto. A menudo caemos en esta contradicción, actuamos con arrogancia y somos malinterpretados. Ignoramos que, sin motivo, podemos hacer daño a quien no lo merece, creyendo ingenuamente que la vida no nos devolverá esas puñaladas. Y es que, como dice el refrán, de esta "no nos vamos lisos"; en la vida, tarde o temprano, terminamos pagando las deudas que contraemos.

El hecho de que hoy estés abajo no significa que más adelante no puedas estar arriba; y la regla funciona al revés. Lo más sabio es ayudar a quien lo necesite y se deje ayudar. Si estamos en la cima, hay que mantener la cabeza fría y los pies en la tierra. Que veinte personas te digan a diario que eres el mejor no quiere decir que sea verdad. Hay que saber diferenciar entre el halago sincero y la adulación exagerada. Respecto a esto último, existen personas que manipulan a otras haciéndoles creer que son lo máximo, pero lo hacen con intenciones oscuras y perversas. ¡Cuidado con eso! Si alimentamos el egocentrismo hasta niveles narcisistas, los resultados pueden ser adversos. Familias, negocios, amores y trabajos se han perdido por esas trampas psicológicas que nos tienden, o que nosotros mismos armamos.


Por todo lo anterior, es necesario recuperar la capacidad de apreciar los detalles más pequeños que llenan nuestra vida. Son esos instantes que acumulamos para nuestro bienestar, manteniéndonos "asombrados" y "agradecidos" por lo que ocurre y nos nutre: mirar un bonito amanecer, admirar una hermosa planta o una linda flor, conversar y reír con nuestros seres queridos, caminar y apreciar algún sitio de interés, comer algo delicioso, disfrutar esa bebida que nos encanta, leer un buen libro, escribir con tesón en #hive, volar un papagayo o escuchar el cuento de un niño... La lista de estos pequeños grandes detalles es interminable.

Si alguna vez recibiste un maltrato o viviste una mala experiencia, recuerda que el hecho de que te haya hecho sentir mal no debe hacer mella en tu esencia, y mucho menos deben pagar por ello las personas que quieres. Es normal sentir disgusto, odio, rencor y otras emociones negativas, pero es el tiempo quien al final pone las cosas en su lugar. No sé si te ha pasado, pero actuando sin buscar represalias, he comprobado que quienes hicieron daño al final reciben su merecido, porque son ellos mismos quienes se buscan ese destino.

Y más allá de sentir algún tipo de alegría por el dolor ajeno, es una reflexión profunda: Hasta al más vil de nuestros "enemigos" no deberíamos desearle mal alguno, pues ellos solos labran su camino hasta caer por su propio precipicio.

No te preocupes por la justicia, que tarde o temprano llega; preocúpate mejor por aprovechar el tiempo en amar, querer y respetar a quienes de verdad lo merecen. En el ocaso de nuestro convivir, eso es lo único que realmente importa. Hasta la próxima. Dios te bendiga.

Fuente



Credits/Créditos:

El #collage fue realizado por mi, en Microsoft Power Point y el resto de las imágenes son libres de derecho de uso, no me pertenecen y están enlazadas a su fuente de autor

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