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Entrada al Concurso de Literatos| Angélica, culpable ante el espejo (esp-eng)

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Angélica, culpable ante el espejo

​¿Cuánto más aguantarás? Me miro al espejo con esos ojos impávidos y la mueca de festejo que solo alguien que ha pecado reconocería.

​¡Eres una verdadera pilla! Con esa cara de ángel que guarda los cuernos y la cola de manera invisible.

​Sin embargo, la culpa es esa maldición que rasguña las entrañas. Un dolor que a veces angustia y otras tantas no hace nada, como si fuéramos inmunes... ¿No es verdad, Angélica?

​No te hagas la inocente conmigo. Sabemos bien que mientes, y si no tienes cuidado, serás descubierta. Ese pecado que has cometido puede que no sea "tan grave", pero, al fin y al cabo, has mentido. Y la mentira, querida mía, es el pecado que provoca el nacimiento de la desconfianza.

​Y aunque sigas frotando y frotando la camiseta para quitar la mancha, esa mancha pícara es la que ha quedado en tu alma. Porque cuando descubres que puedes mentir sin mostrar reflejo alguno, continúas y continúas. Lo veo en tus ojos: la satisfacción del acto, ese terrible acto.

​Por otro lado, deberías apresurarte. Él llegará pronto. Si te descubre, se acabó todo; sabes que vendrá una réplica que dolerá por días, semanas y quién sabe si años. Nunca se sabe cómo reaccionará otro ante la nefasta traición. ​Sigue tallando. Pon algo de perfume, oculta el aroma, oculta todo. Y antes de irte de este cuarto donde lavas las culpas, mira tu rostro y limpia el rastro del pecado: aún se vislumbra un hilo de tesoro negro, dulce, semiamargo y a veces blanco, pero vaya que encanta, ¿no es verdad?

​Mientras tanto, tu sonrisa de gozo no te la quitará nadie. Y es que, a pesar de que el pecado solo fue comerte un chocolate, este chocolate era la confianza depositada bajo un: «Vuelvo pronto, no te lo comas sin mí». Y entonces, pícara golosa, ¿qué mentira dirás? ¿Cuál será la excusa ante el paquete vacío?

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​Ahí está... ¿Escuchaste al gato? El pobre gordo no habla, no podrá defenderse; su peso y conocida glotonería lo vuelven el culpable perfecto. Has hallado al chivo expiatorio; eres maquiavélicamente astuta mientras el cacao, que fue tesoro en antaño, se disuelve en tu estómago después de haber sido disfrutado.

Pasas la lengua por el interior de tu boca, buscando más de ese dulzor que era prohibido. Pérfida, eso eres; la gula hizo presa de ti, provocando el olvido de quien amas, de quien prometiste esperar para compartir el deleite. Pero aquel tesoro, prohibido en un inicio, terminó corrompiendo tu cordura. Pasaste suavemente tus dedos sobre él, buscaste sentir su aroma y apaciguar el voraz apetito y, de pronto, tus dedos quitaban el envoltorio, pasando al papel dorado que gritaba «prohibido». Y, pese a eso, seguiste; avanzaste abrazando la culpa.

​¿Es pecado? No lo ha sido... Sé que no lo ha sido, no podría serlo, ¿o sí? Repítelo hasta que lo creas, hasta que te convenzas, porque muy adentro sabes que esa culpa no se irá. Tarde o temprano... apresura la marcha y sigue tallando, porque el juez está llegando.


Esta es mi participación para el concurso ofrecido por la comunidad literaria @es-literaros. El tema ofrecido es: El peso de un secreto, lee sus bases para participar. Mi texto es un monólogo en tono satírico e irónico bajo un conflicto mundano que muchos hemos vivido.


English version

***

Angélica, guilty before the mirror

How much longer will you put up with it? I look at myself in the mirror with those unflinching eyes and that triumphant smirk that only someone who has sinned would recognise. ​You’re a real little minx! With that angelic face that hides your horns and tail out of sight.

​Yet guilt is that curse that gnaws at your insides. A pain that sometimes causes anguish and at other times does nothing at all, as if we were immune… Isn’t that right, Angélica?

Don’t play innocent with me. We know full well that you’re lying, and if you’re not careful, you’ll be found out. That sin you’ve committed may not be ‘that serious’, but, at the end of the day, you’ve lied. And lying, my dear, is the sin that breeds mistrust.

​And even if you keep scrubbing and scrubbing that T-shirt to remove the stain, that mischievous stain is the one that has remained on your soul. Because when you discover that you can lie without showing the slightest sign of remorse, you carry on and on. I can see it in your eyes: the satisfaction of the act, that terrible act.

​Besides, you ought to hurry. He’ll be here soon. If he catches you out, it’s all over; you know there’ll be a backlash that will hurt for days, weeks, and who knows, perhaps even years. You never know how another person will react to such a terrible betrayal. ​Carve on. Put on some perfume, mask the scent, hide everything. And before you leave this room where you wash away your guilt, look at your face and wipe away the trace of sin: a hint of that black treasure is still visible—sweet, bittersweet and sometimes white—but it’s certainly enchanting, isn’t it?

​Meanwhile, no one will take away your joyful smile. And the thing is, even though the sin was merely eating a piece of chocolate, this chocolate represented the trust placed in you with the words: ‘I’ll be back soon, don’t eat it without me.’ And so, you mischievous sweet-toothed one, what lie will you tell? What will be your excuse when faced with the empty packet? There it is… Did you hear the cat? The poor fat cat doesn’t speak; he won’t be able to defend himself. His weight and notorious gluttony make him the perfect scapegoat. You’ve found your scapegoat; you’re Machiavellian in your cunning, whilst the chocolate, once a treasure, dissolves in your stomach after having been savoured.

You run your tongue over the inside of your mouth, searching for more of that forbidden sweetness. Treacherous, that’s what you are; gluttony has taken hold of you, causing you to forget the one you love, the one you promised to wait for to share this delight. But that treasure, forbidden at first, ended up corrupting your sanity. You gently ran your fingers over it, seeking to savour its aroma and appease your ravenous appetite, and suddenly your fingers were peeling away the wrapper, revealing the golden paper that screamed ‘forbidden’. And yet, despite that, you carried on; you pressed ahead, embracing the guilt.

Is it a sin? It hasn’t been… I know it hasn’t been; it couldn’t be, could it? Repeat it until you believe it, until you’re convinced, because deep down you know that guilt won’t go away. Sooner or later… hasten your pace and keep carving, because the judge is coming.


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Créditos/Credits: Las imágenes fueron creadas en Gemini AI. El texto fue revisado en quillot.com El texto fue traducido en DeepL versión free.

Comments · 7

  • @sayury(73)· 9h

    Me encantó este relato,jugaste con el lector para que imaginarás que la historia era bien distinta a la que armaste después. Muy bueno Me encantan estos cuentos que nos sorprenden con giros inesperados en la trama ¡Y este fue bien inesperado😄,felicitaciones. Te auguro éxito en el concurso.

  • @eugelys(79)· 16h

    Buena historia que da al lector alternativas para luego saber la del autor, buen ritmo:) Te recomiendo añadir texto en inglés para mayor proyección.

    Saludos.

  • @milozamb(57)· 1d

    Bien texto, felicidades por la fluidez de tu redacción

  • @la-colmena(66)· 1d

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  • @es-literatos(70)· 1d

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  • @amigoponc(70)· 2d

    Con tu seguro permiso, me atrevo a complementar tu excelente monólogo:

    ANGÉLICA: (Susurrando, casi sin aliento) ¿Y ahora qué, Angélica? Aquí estamos... las dos. O tal vez siempre fuimos una sola, dividida por el miedo.

    (Se acerca al espejo, toca el cristal con las yemas de los dedos) Este cristal está frío, pero mi rostro arde. Me miras con esos ojos que conocen cada grieta de mi mentira, cada secreto que enterré bajo la alfombra de la 'decencia'. Afuera, todos me saludan, me sonríen, me creen... pero tú no. Tú eres la única que no parpadea ante mi culpa.

    Dime, ¿cuántas capas de maquillaje hacen falta para tapar el remordimiento? ¿Cuánto perfume se necesita para que el pasado deje de oler a ceniza?

    (Se ríe con amargura) Es curioso. Pasé años huyendo de los juicios ajenos, cuidando mi nombre, mi sombra... y hoy me doy cuenta de que el único veredicto que me tiene encadenada es el tuyo. No eres un espejo, eres una celda de plata. Y hoy, por fin, me declaro culpable.

    (Baja la mirada, luego vuelve a mirar el reflejo con determinación) Mírame bien. Mañana volveré a salir, volveré a fingir... pero esta noche, este silencio es solo nuestro. Mi reflejo... mi verdugo... mi única verdad.

  • @amigoponc(70)· 2d

    Querida @issymarie2, qué pieza tan visceral y necesaria nos has entregado. El espejo aquí es más que un objeto inanimado, más bien es un tribunal implacable que no acepta excusas. Logras plasmar con una maestría increíble ese momento en el que la imagen externa ya no puede sostener el peso de lo que el alma calla.

    Me encantó cómo manejas la dualidad de Angélica..., esa lucha entre la máscara que el mundo ve y la "culpable" que solo ella conoce. Es un potente mensaje de que la honestidad más difícil no es con los demás, sino con el reflejo que nos devuelve la mirada cada mañana. ¡Felicidades por esta excelente participación en el concurso de @literatos! Tu pluma siempre tiene esa capacidad de desnudarnos el corazón.

    Si, ya había leido la iniciativa e hice algunos apuntes de las primeras ideas que me vinieron; aún así, gracias por la invitación mi estimada Issy.