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Profundo ¿Podré despertar? (esp-eng)

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Profundo

¿Podré despertar

Cada noche sentía lo mismo: caía al vacío haciéndome despertar de manera abrupta, casi ahogada. Mi novio, Max, al inicio se reía por mi reacción —literalmente era de ir cayendo—, pero con el paso del tiempo esa risa cambió por preocupación genuina.

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No era normal aunque muchos dijeran que era así, y es que muchos han tenido esa sensación casi al punto de entrar al sueño profundo; pero lo mío era más agudo, más extraño.

Empezó de manera leve, un salto pequeño, ese susto que pasa rápido y vuelves a acomodarte para dormir. Luego incrementó: era una caída más larga, más terrorífica, y al final era una caída libre de extensos minutos donde cada vez sentía que iba directo a la muerte. Max me llevó a tantos médicos que perdí la cuenta en el número treinta; cada uno daba una hipótesis diferente. Pasé del estrés a la ansiedad en menos de una semana. Otros dijeron que eran problemas neurológicos, tumores y lo que se les ocurría, pero cada examen salía limpio y al final no sabía si alegrarme o seguir asustada.

El día era mi momento de calma, pero al ver que llegaba la noche sentía la opresión en el pecho, de esa que te ahoga sin que sepas el real motivo. La rutina iniciaba calculadamente: una pastilla para la ansiedad, otra para el estrés, un relajante muscular y al final el clonazepam, que se supone debía hacerme dormir al instante.

Max ponía música suave, bajaba la luz y se acomodaba a mi lado. Acariciaba mi cabello y sentía el relajo, mientras trataba de poner la mente en blanco y no volver al sitio de cada noche.

Sentía mis ojos cerrados y me veía a mí misma en el borde de ese acantilado. La brisa me azotaba desde la espalda, como si buscara empujarme al vacío. Cada noche aprendía cómo negarme a la caída, pero por más intentos que hacía era inevitable.

El viento cargaba un fuerte aroma; lo conocía de alguna parte, pero por más que me esforzaba no lograba nombrarlo. Era como si este hubiera quedado atrapado en la punta de mi lengua impidiendo decir su nombre. Sentía el viento, fuerte, ahora en todas las direcciones, como si me empujaran entre muchos en un juego absurdo.

Miraba a mi alrededor: picos de montañas sin nieve, secas, de colores marrón demasiado oscuro; el cielo de un extraño color verduzco con nubes naranjas. Parecía estar en un sitio de gamas negativas o algo por el estilo. De pronto sentía esa mano, la misma de todas las noches, un empujón fuerte por la espalda y la risa que emergía al momento de caer.

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Las paredes del acantilado tenían huesos atrapados, hilos de cabello antiguo, restos de ropa en algunas ramas, manchas de todo tipo, y mientras más abajo caía, más aroma a pudrición lograba percibir.

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Despertaba sintiendo que estaba muriendo, con el terror de la caída libre, con la mano de Max sujetando las mías, viéndome con desespero, con desconcierto, mientras me aferraba a su pecho.

Sin poder pronunciar palabra, con el llanto silencioso y esas lágrimas que quemaban mis mejillas, solo podía pensar: «¿Qué tan profundo caeré mañana?». Y es que la pregunta real era otra: ¿podré despertar?

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English

***

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Profundo

Will I be able to wake up?

Every night I felt the same thing: I’d fall into the void, jolting me awake, almost suffocating. My boyfriend, Max, used to laugh at my reaction at first — I literally felt as though I was falling — but as time went on, that laughter turned into genuine concern.

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It wasn’t normal, even though many people said it was – after all, many have experienced that sensation just as they’re about to fall into a deep sleep; but mine was more acute, more strange.

It started off mildly, a little jolt, that brief startle that passes quickly and you settle back down to sleep. Then it got worse: it was a longer, more terrifying fall, and eventually it became a freefall lasting several minutes where I felt, each time, that I was heading straight for death. Max took me to so many doctors that I lost count at thirty; each one offered a different theory. I went from stress to anxiety in less than a week. Others said it was neurological problems, tumours and whatever else they could think of, but every test came back clear and in the end I didn’t know whether to be relieved or to remain terrified.

The daytime was my moment of calm, but as night fell I’d feel a tightness in my chest, the sort that suffocates you without you knowing the real reason why. The routine began methodically: a tablet for anxiety, another for stress, a muscle relaxant and, finally, the clonazepam, which was supposed to put me to sleep instantly.

Max would put on some soft music, dim the lights and settle down beside me. He’d stroke my hair and I’d feel myself relax, whilst I tried to clear my mind and not return to that place I visited every night.

I felt my eyes close and saw myself standing on the edge of that cliff. The breeze lashed at my back, as if trying to push me into the void. Every night I learnt how to resist the fall, but no matter how hard I tried, it was inevitable.

The wind carried a strong scent; I recognised it from somewhere, but no matter how hard I tried, I couldn’t put a name to it. It was as if it were stuck on the tip of my tongue, preventing me from saying its name. I felt the wind, strong, now blowing from all directions, as if I were being jostled amongst a crowd in some absurd game.

I looked around: snowless, parched mountain peaks, an excessively dark brown; the sky a strange greenish colour with orange clouds. It felt as though I were in a place of negative hues or something of the sort. Suddenly I felt that hand—the same one as every night—a hard shove in the back and the laughter that emerged the moment I began to fall.

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The cliff faces had bones lodged in them, strands of ancient hair, scraps of clothing on some branches, stains of all kinds, and the further down I fell, the stronger the stench of decay I could detect.

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I’d wake up feeling as though I were dying, with the terror of free-fall, with Max’s hand clutching mine, looking at me with desperation and bewilderment, whilst I clung to his chest.

Unable to utter a word, with silent sobs and those tears burning my cheeks, all I could think was: ‘How far will I fall tomorrow?’ But the real question was another: will I be able to wake up?

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Créditos/Credits: Las imágenes fueron creadas en Gemini AI. El texto fue traducido en DeepL versión free.

Comments · 8

  • @pizzabot(60)· 9h

    PIZZA!

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  • @sacra97(77)· 9h

    !ALIVE !BBH !LADY !PIZZA !HUESO

  • Nos zambulles en una historia de sueños y terror oscuros. La condición de la chica es terrorífica, al no poder controlar lo que sucede puede ser mortal. Una historia muy bien trabajada.

    Gracias por compartir tu historia de escalofrios con nosotros.👻

    Excelente noche con muchos espantos.

  • @es-literatos(70)· 1d

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  • @la-colmena(66)· 1d

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  • Excelente historia de terror, muy bien narrada y con una lograda tensión. Saludos, @issymarie2.

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  • @avdesing(80)· 1d

    Normalmente cuando soñamos que caemos en realidad es la vuelta de nuestro cuerpo energético al cuerpo luego de haber salido cada noche y muchas veces se siente como una caída, lo he vivido de niña, pero en este caso con eso que se ve... puede ser la caí a otro mundo, la pregunta es si toca fondo, si se puede salir de allí... despertar.... Muy buena historia!!!🤗

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