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El ruido digital: cómo la IA está redefiniendo nuestra paz mental (SPA-ENG)

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Hablar sobre los efectos que la inteligencia artificial está provocando en nuestras vidas se ha vuelto un tema recurrente, en especial entre quienes desarrollamos una vida digital activa en paralelo. Bueno, también en otros ámbitos no tan relacionados con la creación de contenido —una etiqueta eufemística moderna para el arte—. Por ejemplo, mi hijo mayor es chef y, como millennial, usa la tecnología de manera transversal. No para crear sus apuestas gastronómicas, sino como soporte técnico para la logística asociada a su actividad. Sin embargo, me ha comentado que en sus aficiones suele interactuar con IA de fronteras, como Grok de X, en busca de consejos, que al final, según él, termina desechando por no satisfacerlo totalmente.

Los de mi generación crecieron con la imagen del ciborg de Van Damme o del exterminador de Arnold... Disculpen si obvio el apellido de ascendencia germana del famoso actor: es difícil de recordar su grafía. Claro, podría preguntarle a Gemini, a Copilot o a cualquier otra en la web, y entonces vivir con la consumación en realidad de una ficción ochentera para obtener una respuesta casi inmediata. Esta es la cotidianidad que nuestros hijos y nietos están afrontando bajo nuestra expectación. Seamos honestos, un escenario que ayudamos a construir por décadas, por no decir siglos. Los autómatas no son recientes; ya en la antigua Grecia se producían versiones mecánicas, solo que hoy la convergencia de tecnologías los hace prodigiosos y hasta peligrosos si se les evalúa a profundidad.

El reciente lanzamiento de la Fuerza de Superinteligencia en los Estados Unidos de Norteamérica me hace reflexionar sobre la estrategia de imponer narrativas. Sí, ¿qué intención habrá en cambiar el constructo de inteligencia artificial por el de superinteligencia? ¿Será una simplificación puramente semántica?

Ahora que lo pienso… la inteligencia no es solo un atributo exclusivo de lo humano. Claro, podríamos afirmar —influido por el ego— que el hombre es el ser más inteligente del planeta. Aunque tengo dudas razonables. Construimos artefactos, sí, para bien o para mal y, en el mejor de los casos, con efectos no deseados.

Supongo que lo que se quiere catalogar como superinteligencia es la capacidad de evitar esos daños colaterales y, por qué no, alcanzar la sabiduría que distinga lo bueno de lo malo. Entonces, cobra relevancia el «para quién»: ¿el mercado, el poder geopolítico, el consumidor o todos?

En lo personal, creo que la inteligencia artificial o superinteligencia, como se pretende denominar ahora, es simplemente una extensión del intelecto colectivo —si se le puede resumir así— que lleva, intrínsecamente, el gen de lo que somos. Quizás sea una imagen imperfecta en construcción. Quizás sea un amplificador, acelerador, potenciador que, si se escapa de control, abrirá una nueva caja de Pandora. Quizás sea lo que muchos autores de ciencia ficción proyectan en sus obras tras una valoración de la historia humana.

No soy negacionista del progreso tecnológico ni purista de lo tradicional, pero como alguien que cree en la duda como motor de la ascensión de nuestra especie, sospecho de quienes aspiran a dominar la narrativa que se nos presenta.

Sí, quizás me estoy yendo por las nubes, en variables fuera de mi control. Mas intuyo que no podremos escapar de su influjo por más que decidamos dejar de usar esta tecnología. ¿No me creen? Al principio de los noventas se promovió la globalización y se desecharon las políticas autárquicas, confiando en la construcción de una red que coordinara la cadena de suministro a escala mundial. Así que se estableció un talón de Aquiles. Si por alguna razón el servicio de internet fallase en alguna región del mundo, enseguida el ciclo productivo y comercial se detendría. Ni qué decir si hay un apagón general: el caos total. Pues bien, es aquí donde la inteligencia artificial ha cobrado mayor preponderancia en la automatización de los procesos. Parece que ya no hay escapatoria sin cifras trágicas.

Aterrizando en lo diario, ya todos contamos con un enlace a la IA en nuestra mano. Hace tiempo que salió de los bolsillos y de los bolsos. Basta con observar con detenimiento alrededor; personas pegadas al celular como un niño a través del cordón umbilical a su madre. No es necesario interactuar con un agente de IA como Open Clow; ya estás al margen de los correctores intuitivos cuando redactas un mensaje o del algoritmo que parece leer tus pensamientos cuando navegas por la web móvil.

¡Vaya que sí estoy divagando sobre este asunto que permeó sin avisar!

Me pregunto si habrá alguien que no esté hablando de esto. Quizás un yanomami en una aldea remota del Amazonas. Aunque creo que incluso ya están siendo afectados. Recuerdo una ocasión en que compartí con un cacique de esta etnia allá por el año 2014. En su cabeza llevaba una corona de plumas, un bolso entrecruzado y el típico taparrabo. En plena conversación se oyó un ring y el cacique sacó el celular del bolso y atendió la llamada. Lo imaginé de cacería frente a una presa cautelosa. Ja, ja, ja. Luego lo vi en la ensoñación lúcida, frente al chamán, quien le consultaba a ChatGPT sobre nuevos procedimientos para mejorar la calidad de vida de la tribu.

Al final, de seguro, como tú, tengo más preguntas sobre los efectos de la inteligencia artificial que respuestas, mientras avanza el entramado. ¿Qué puedo hacer al respecto? Ser y vivir según mis convicciones, ¿y tú qué recomiendas? ¿Deberíamos oponernos a la inteligencia sintética autorreflexiva o apoyarla?

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Un breve ensayo original de @janaveda

Imagen de Pete Linforth en Pixabay


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The Digital Noise: How AI is Redefining Our Peace of Mind

Talking about the effects artificial intelligence is having on our lives has become a recurring topic, especiallyly for those of us who lead an active digital life in parallel. But it's also affecting other areas not so directly related to content creation—a modern euphemism for art, if you will. For example, my eldest s.n is a chef, and as a millennial, he uses technology transversally. Not to create his gastronomic bets, but as technical support for the logistics associated with his work. However, he has mentioned that in his hobbies, he often interacts with frontier AI, like X's Grok, seeking advice, only to end up discarding it because it doesn't satisfespeciallylytely.

My generation grew up with the image of Van Damme’s cyborg or Arnold's Terminator villain... Forgive me if I mess up the famous actor’s German lineage surname; it’s hard to remember the spelling. Of course, I could ask Gemini, Copilot, or any other web tool, living with the culmination of an eighties sci-fi trope just to get an almost instant answer. This is the everyday life our children and grandchildren are facing under our expectation. Let's be honest: it's a scenario we helped build over decades, if not centuries. Automata are not new; mechanical versions existed in ancient Greece, but today, the convergence of technologies makes them prodigious, and even dangerous, if not evaluated in depth.

The recent launch of the Superintelligence Force in the United States of America makes me reflect on the strategy of imposing narratives. Yes, what is the intention behind changing the construct from Artificial Intelligence to Superintelligence? Is it merely a semantic simplification?

Now that I think about it… intelligence is not just a unique human attribute. Of course, influenced by ego, we could claim that man is the most intelligent being on the planet. Although I have reasonable doubts. We build artifacts, yes, for better or for worse, and in the best-case scenario, with unintended consequences.

I suspect that what they want to label as superintelligence is the ability to avoid those collateral damages and, perhaps, to achieve the wisdom that distinguishes right from wrong. Then, the question of "for whom" becomes relevant: the market, geopolitical power, the consumer, or everyone?

Personally, I believe that artificial or superintelligence, as it's intended to be named now, is simply an extension of the collective intellect—if that’s how it can be summarized—that inherently carries the genetic code of what we are. Perhaps it is an imperfect image under construction. Perhaps it is an amplifier, an accelerator, a booster that, if it escapes control, will open a new Pandora’s Box. Perhaps it is what many science fiction authors project in their works after reflecting on human history.

I am neither a denier of technological progress nor a purist of tradition, but as someone who believes in doubt as the engine of our species’ ascent, I am suspicious of those who aim to control the narrative presented to us.

Yes, perhaps I’m getting carried away, into variables outside my control. But I sense that we won't escape its influence no matter how much we try to stop using this technology. Don't you believe me? In the early nineties, globalization was promoted, and autarkic policies were discarded, trusting in the construction of a network that would coordinate the supply chain on a global scale. An Achilles' heel was established. If for any reason the internet service failed in one region of the world, the productive and commercial cycle would immediately halt. Not to mention a total blackout: complete chaos. Well, this is where artificial intelligence has gained great preponderance in process automation. It seems there is no escape without tragic figures.

Coming back to daily life, we all have an AI link in our hands. It left our pockets and purses a long time ago. You just have to look closely around; people glued to their cell phones like a child to its mother’s umbilical cord. You don't even need to interact with an AI agent like Open Clow; you are already bordered by the intuitive spell-checkers when you write a message or the algorithm that seems to read your thoughts when you browse the web on your mobile.

Wow, I certainly am rambling about this issue that has permeated without warning!

I wonder if there is anyone who isn't talking about this. Perhaps a Yanomami in a remote Amazon village. Although I think they are even already affected. I remember an occasion when I shared time with a chief of this ethnic group back around 2014. He wore a feather crown, a cross-body bag, and the typical loincloth. In the middle of our conversation, a ring sounded, and the chief pulled the phone from his bag to answer the call. I pictured him hunting in front of a cautious prey. Haha. Then I saw him, in a lucid dream state, facing the shaman, who consulted ChatGPT about new procedures to improve the tribe's quality of life.

In the end, I surely have more questions about the effects of artificial intelligence than answers, as the framework advances. What can I do about it? To be and live according to my convictions—and what do you recommend? Should we oppose this self-reflective synthetic intelligence or support it?

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A brief essay by @janaveda in Spanish and translated to English using gemma-4-E4B-it-GGUF (open source local version)

Image by Pete Linforth on Pixabay


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Comments · 4

  • @lacosi(58)· 9h

    Buen tema oara reflexionar y debatir.

  • @emiliorios(74)· 11h

    Este cambio de nombre me preocupa... ¿Superinteligencia? Han existido siempre, sí; pero hoy está esto que tú expones y que yo comparto: "...la convergencia de tecnologías los hace prodigiosos y hasta peligrosos si se les evalúa a profundidad." Y claro que la alimentamos todos, que es en verdad una extensión del intelecto colectivo, lo contiene todo, a mi manera de ver y lo obtendrá todo en cuanto a información, pero: ¿hemos sido capaces, nosotros con todo lo que sabemos, de dejar de hacer daño al mismo ser humano y al entorno? ¿Qué nos hace pensar que la totalidad del conocimiento en una máquina nos garantizará principios y valores? Estoy preocupado. Bueno, lo cierto es que reflexiones como esta, que por cierto enfocas las fallas de la maquinaria después de que el humano está dependiente de ella (peligrosísimo), nos permiten reflexionar más, compartir dudas y hasta tratar de ver algo más en claro. Gracias, @janaveda Deseaba leer tus razonamientos.

  • @felixmarranz(72)· 18h

    ¿Oponernos? No usarla, pudiera ser. ¡Ignorarla cada vez que usamos un buscador o una aplicación! WhatsApp y Google Maps, que me acompañan en lo que pongo un pie en la esquina, la tienen incluida y, aunque no ocupe, de cuando en cuando se ofrece a atender mi solicitud. En el correo tengo pendiente uno por leer donde me ofrece nuevas opciones para crear imágenes. Imagino que me echa de menos en el ordenador donde la he ocupado algunas veces. Una herramienta prodigiosa que puede entrañar algunos peligros, pero muy útil y poderosa. Que disponga de todo el conocimiento humano no significa que sirva por igual a toda la humanidad. Es seguro que servirá a los intereses de su dueño en primer lugar, que no tiene que ser necesariamente el mismo que su creador.

    Recordemos que unos fueron los descubridores de la energía nuclear y otros los que la emplearon.

  • @yoxibeth(70)· 18h

    Gran reflexión sobre el impacto de la inteligencia artificial en nuestra cotidianidad y paz mental, @janaveda