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Hive Cuba

«Hayacas» (ES/EN)


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Diente por diente y ojo por ojo. Ayer mi vecino anunció la venta de maíz. El maíz verde en Cuba se usa en la cocina para varios platos. En el Oriente se llama hayacas a lo que en La Habana se conoce como tamales, en cazuela o a secas. También se hacen frituras de maíz tierno (mis favoritas). En Venezuela existe un producto con ese nombre, pero creo corresponde a otra preparación. Mis amigos venezolanos, si lo desean, pueden escribir en los comentarios y aclarar el punto.

La moneda nacional cubana (el peso) está devaluada. La economía está maltrecha. El dólar supera los seiscientos pesos cubanos. Ese es el contexto. O el chiste. Depende del día.

Cada mazorca que vendió el vecino costaba veinte pesos. Con un dólar se compraban aproximadamente veinticinco mazorcas. Esa cifra muestra la devaluación.

Muchos cubanos cocinamos con leña por la falta de electricidad y de gas. No frotamos palos para encender el fuego. Se usa plástico u otros objetos para avivar la llama, entiéndase trozos de habas o de mangueras. Así reciclamos y cocinamos al mismo tiempo. Eficiencia pura.

De las mazorcas compradas, el treinta por ciento estaba en mal estado. Cada mazorca en mal estado representaba una pérdida. La pérdida total fue alta.

La intención era preparar hayacas. Se acompañarían con perro caliente y quimbombó. Con las mazorcas dañadas, eso no era posible. Así que el menú cambió a decepción con guarnición de resignación.

En casa, sin corriente eléctrica, se rayó el maíz. Se obtuvieron seis hayacas. Seis. Las matemáticas no fallan, pero la suerte sí.

El vecino vendió unas tres mil mazorcas. El patio estaba lleno de maíz. Le dije que muchas mazorcas estaban inservibles. Él respondió que no podía revisar cada mazorca antes de venderla. Lo entendí. Luego dijo: «¿Qué quieres que haga? Todo está mal en este país. Todo es diente por diente y ojo por ojo». Y se rió. De eso se trata. La risa puede salvar.

El que vende no asume la pérdida del que compra. El que compra asume el riesgo. No hay mecanismos de control. No hay garantías. No hay devolución. No hay reclamo posible. Pero hay humor. No falla.

El vecino no es el responsable de la calidad del maíz. Él solo lo cosecha y lo ofrece. El comprador decide. Asume la pérdida. Eso es lo que ocurre en la economía diaria. Y en la lotería. Y en el amor.

La leña arde. El plástico arde. El maíz se raya. Las hayacas se cocinan. La corriente no llega. El dólar sube. El peso baja. La comida escasea. Los precios suben. Los salarios no suben. Esa es la rutina. Y la rutina, como el maíz podrido, huele mal.

El vecino sigue vendiendo. La gente, comprando. Unos pierden. Otros ganan. Nadie reclama. Nadie devuelve. Cada uno sabe lo que arriesga. Y si no lo sabe, se entera al pagar.

El maíz podrido se tira. El maíz bueno se cocina. Las hayacas se comen. El perro caliente se come. El quimbombó se come. La vida sigue. Y el dólar también. Poema cotidiano.

Mientras tanto, el fuego sigue encendido. La cazuela sobre el fuego. El olor del maíz rayado llena el patio. El vecino junta su billetes devaluados. Yo corto un trozo de hayaca, devaluada. Los dos perdemos.

Diente por diente. Ojo por ojo. Esa es la regla.

©Contenido Original.

Imagen de mi propiedad.

Versión al inglés con Traductor de Google

Algunos de mis libros publicados son: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), En este lado de la muerte (2014), El orden natural de las cosas (2015), La Sangre del Marabú (2020), La Sexta Caballería de Kansas (2024) y La Nada Infinita (2024)


«Hayacas» (ES/EN)


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An eye for an eye, a tooth for a tooth. Yesterday my neighbor announced he was selling corn. In Cuba, green corn is used in cooking for several dishes. In the eastern part of the country, they call them hayacas—what in Havana is known as tamales, either in the pot or on their own. They also make fried corn fritters (my favorite). In Venezuela, there’s a product with that name, but I think it’s a different preparation. My Venezuelan friends, if they want, can chime in the comments and clear that up.

The Cuban national currency (the peso) is devalued. The economy is in bad shape. The dollar is over six hundred Cuban pesos. That’s the context. Or the joke. Depends on the day.

Each ear of corn the neighbor sold cost twenty pesos. With one dollar, you could buy roughly twenty-five ears. That number shows the devaluation.

Many Cubans cook over wood fires due to the lack of electricity and gas. We don’t rub sticks together to start the fire. We use plastic or other items to feed the flames—think chunks of old hoses or bits of plastic tubing. That way we recycle and cook at the same time. Pure efficiency.

Of the ears bought, thirty percent were in bad shape. Each spoiled ear meant a loss. The total loss was high.

The plan was to make hayacas. They were going to be served with hot dogs and okra. With the damaged corn, that wasn’t possible. So the menu changed to disappointment with a side of resignation.

At home, with no electricity, we grated the corn. We got six hayacas. Six. Math doesn't fail, but luck does.

The neighbor sold about three thousand ears. The yard was full of corn. I told him many ears were unusable. He replied he couldn’t check every single ear before selling. I understood. Then he said, "What do you want me to do? Everything’s messed up in this country. Everything is an eye for an eye and a tooth for a tooth." And he laughed. That’s what it’s about. Laughter can save you.

The seller doesn’t take the hit for the buyer’s loss. The buyer takes the risk. There are no oversight mechanisms. No guarantees. No returns. No possible claim. But there’s humor. That never fails.

The neighbor isn't responsible for the quality of the corn. He just harvests it and offers it. The buyer decides. He takes the loss. That’s how daily economics works. And the lottery. And love.

The firewood burns. The plastic burns. The corn gets grated. The hayacas cook. The power doesn't come back. The dollar goes up. The peso goes down. Food is scarce. Prices rise. Salaries don’t. That’s the routine. And the routine, like rotten corn, smells bad.

The neighbor keeps selling. People keep buying. Some lose. Others win. No one complains. No one returns anything. Everyone knows what they’re risking. And if they don’t, they find out when they pay.

The rotten corn is thrown away. The good corn gets cooked. The hayacas are eaten. The hot dog is eaten. The okra is eaten. Life goes on. And the dollar does too. An everyday poem.

Meanwhile, the fire keeps burning. The pot on the fire. The smell of grated corn fills the yard. The neighbor stacks his devalued bills. I cut a slice of hayaca, devalued. We both lose.

An eye for an eye. A tooth for a tooth. That’s the rule.

© Original Content.

Image owned by me.

English version with Google Translate

Some of my published books are: Convite de Cenizas (2002), Tras la piel (2004), On This Side of Death (2014), The Natural Order of Things (2015), The Blood of the Marabou (2020), The Sixth Cavalry of Kansas (2024), and The Infinite Nothingness (2024)


Comments · 3

  • @sayury(73)· 52d

    Saludos, amigo, Cuba y Venezuela tienen un gran parecido: el mismo tipo de gobierno, las mismas consecuencias. Acá en Venezuela también el dólar pasó los 600 en moneda nacional:

    Tasa de Cambio BCV 07 de julio de 2026: 674,93 Bs

    y cada día el dólar sube. La pensión por vejez es de Bs 130 y un pan te cuesta 210. Un anciano no puede comprar un pan con la pensión mensual que recibe del gobierno.

    Con respecto a las hallacas - que acá son con doble ele - y las cachapas - que parecen asemejarse más al plato cubano, te cuento:

    La cachapa se prepara rallando el maíz tierno - que scá se llama jojoto -, mezclandolo luego con leche y formando una mezcla que se echa en el budare aceitado apenas, con un cucharón y aplastando lo y perfeccionando su forma con el mismo cucharón con que se sirvió.

    Normalmente debería servirse luego de haberle colocado mantequilla y queso rallado y debería acompañarse con cochino frito.

    La hallaca es un plato navideño, el plato navideño por antonomasia.

    Una especie de pastel en el cual el maíz aparece solo en forma de masa que envuelve, coloreado con aceite onotado, que es un aceite al que se le ha dado color - y un toquecito de sabor - con las semillas de la mata de onoto.

    Hasta hace más de dos décadas, en cada hogar venezolano se reunía toda la familia a preparar las hallacas. Este plato lleva tanto trabajo que desde el más chico hasta el más grande tendrá como colaborar.

    Primero se limpian las hojas de la mata de cambur (banano) que se compran ya previamente ahumadas (lo que las hace flexibles evitando que se rompan). Ah, olvidé decirte que este pastel va envuelto en esas hojas que le suman un toque de sabor característico.

    Las hojas se cortan en cuadrados, sobre cada cuadrado se extiende un círculo de masa que debe quedar lo más delgado posible. En él se coloca una cucharada de guiso (que se elaboró cocinando juntos carne de vaca, cerdo y gallina, con un pedazo de tocino, aliños y un poco de harina de maíz para que quede espeso). Sobre esa cucharada de guiso se van colocando los "adornos": una tirita de pimentón, un aro de cebolla, una aceituna rellena, unas tres o cuatro pasitas de uva, unas tres o cuatro alcaparras, hacia la región andina le agregan papas en rodajas. Hay quien le añade vino tinto al guiso. Colocados los adornos

    se cierra el pastel con una forma particular que se tiene de atar cada hallaca Y luego a hervir en una olla durante una hora.

    Este es su aspecto cerradas y atadas con pábilo:

    Se habla de las "multisápidas hallacas" haciendo referencia a los distintos sabores que la integran. Ojalá tenga usted la oportunidad alguna vez de probar una bien hecha y ojalá tengamos los venezolanos la oportunidad de hacerlas en familia como antes cuando hasta en la casa mas humilde el 21 de diciembre la familia se reunía a hacer las hallacas mientras se escuchaba la música navideña - villancicos y gaitas maracuchas - y luego a enviarle a los vecinos y familiares la versión de esta casa y recibir las del obsequio de cada amigo y familiar. Y comer el "plato navideño" que consistía ("consistía" del verbo "ya no") en una hallaca acompañada de una porción de pernil de cerdo asado, una ración de ensalada de gallina (gallina hervida, papas sncichadas en cuadritos, zanahoria sancochada en cuadritos,petitpois, manzana verde picada en cuadritos y mucha mayonesa) y una rodaja de "pan de jamón" (Este sw compraba en las panaderías y había sido amasado con jamón ahumado, aceitunas y pasas. Algunas versiones llevaban queso crema y otras se hacían en masa de hojaldre/) Más información sobre nuestras hallacas acá

  • @felixmarranz(71)· 53d

    Aunque te salieran malas la mitad de las mazorcas, considera que el vecino te las vendió casi regaladas. Lo que llamas hayaca en Venezuela será una cachapa, donde el bolívar se igualó con los pesos cubanos. No quiero saber cuánto pueda costar una mazorca en Venezuela, donde todo se calcula en dólares y, para no ofender a la revolución, lo calculan en euros. Mientras en Argentina con suerte compramos tres (3) mazorcas por dólar, pero todas buenas.

    Buena suerte, estimado autor.

  • @yerogarcia(61)· 53d

    Asi es amigo, en nuestra Cuba la inflación convierte al maíz en un lujo. Muchas veces su calidad se degrada y el cubano, entre colas y precios desorbitados, sobrevive con más ingenio que recursos... Saludos...!!