
Para muchos, el maquillaje es sinónimo de vanidad, de seguir modas o de ocultar imperfecciones; para mí, es infinitamente más que eso, es un ritual sagrado, un ancla en medio de la tormenta de la ansiedad, y una poderosa herramienta de transformación que me permite, no ocultarme, sino encontrarme.

El Refugio del silencio y la concentración, mi día a día, como el de muchos, está plagado de ruidos, exigencias y una constante sobreestimulación que a menudo desencadena los episodios de ansiedad, de los cuales padezco hace más de tres años, el corazón se acelera, los pensamientos se arremolinan y la sensación de pérdida de control se apodera de mí, es en esos momentos cuando el maquillaje se convierte en mi salvavidas.

Cuando me siento frente a mi espejo, con mis paletas de colores y mis pinceles, el mundo exterior se desvanece, el ritual comienza, es un proceso lento, deliberado y meditativo, cada trazo, cada aplicación, requiere una atención plena, no puedo permitir que mi mente divague cuando estoy delineando con precisión milimétrica la línea de mis ojos o difuminando las sombras para crear un degradado perfecto.

Ese enfoque láser, esa concentración absoluta en la tarea manual, obliga a mi cerebro a detener la carrera desenfocada de la ansiedad, parece mentira Pero es así, es como si estuviera tejiendo una red de calma con cada movimiento, el pincel acariciando mi piel se convierte en un mantra, un punto de anclaje tangible que me devuelve al momento presente, y así la ansiedad, que se alimenta de la incertidumbre del futuro o del peso del pasado, se disipa ante la inmediatez del presente, diciéndome estoy aquí, estoy ahora, y estoy creando.

Para mí el lienzo en blanco, es un espacio seguro, el momento de preparar mi rostro es también un acto de aceptación, antes de aplicar cualquier producto, limpio e hidrato mi piel, un gesto de cuidado propio que me recuerda que merezco atención y mimo. Veo mi rostro tal cual es, con sus "defectos" y sus "virtudes", y decido que es un lienzo digno de ser trabajado, no voy a taparlo, voy a honrarlo.

Esta perspectiva cambió por completo mi relación con el maquillaje, ya que nunca me ha gustado usarlo, ya no es una máscara para esconderme detrás de una versión "perfecta" de mí misma, sino una extensión de mi ser, una forma de expresión artística que me permite proyectar cómo me siento o cómo quiero sentirme, si me siento poderosa, puedo elegir un maquillaje fuerte y atrevido, si necesito suavidad, optaré por maquillajes neutros y luminosos.

El maquillaje me da el control sobre mi propia imagen, y ese control es el antídoto perfecto para la sensación de impotencia que a menudo acompaña a la ansiedad, es una transformación y empoderamiento, siento que es como ponerse la armadura.

El maquillaje no solo me calma, también me empodera, hay una transformación real que ocurre cuando veo cómo la aplicación de unos pocos productos puede cambiar mi expresión, resaltar mis rasgos y darme una apariencia más despierta y creativa, cuando me veo en el espejo y me gusta lo que veo, mi postura cambia, mi voz se vuelve más firme y me siento más capaz de enfrentar el día.

Cada creación es como ponerme una armadura invisible, una protección contra la inseguridad y el miedo que a menudo me paralizan, ojo no estoy diciendo que el maquillaje me haga más valiosa, pero sí me proporciona la confianza necesaria para mostrarme ante el mundo con menos reservas, me permite tomar las riendas de cómo quiero ser percibido como artista, es una forma de decirme a mí mismo: "Tengo el poder de influir en cómo me siento y cómo me proyecto".

La Práctica Constante, perfeccionando el ritual, a lo largo de los años, he ido perfeccionando, he aprendido qué colores me favorecen, qué técnicas funcionan mejor para mi tipo de piel y, lo más importante, he aprendido a disfrutar del proceso tanto como del resultado, incluso cuando no me gusta tanto el personaje creado, o el resultado final, las horas de práctica, los errores, los aciertos y sobretodo los desaciertos, han sido parte de un viaje de autoconocimiento.

Como pueden ver en las imágenes que acompañan a este post, el maquillaje puede ser también un arte colaborativo, en una de ellas, mi mente me ayuda a trazar los complejos diseños de inspiración, algunos simples otros más elaborados, Pero todos creados con el mismo amor y pasión, crear es un recordatorio de que el maquillaje también puede ser un puente entre las personas y un vehículo para la creatividad compartida.


Hoy te invito a reflexionar sobre tu propia relación con cualquier otra actividad que te sirva de refugio, no tiene que ser maquillaje; puede ser la cocina, la jardinería, tocar un instrumento, cantar, dibujar o escribir, lo importante es encontrar ese espacio personal, ese ritual que te permita detener el ruido, conectar con nosotros mismos y recuperar la sensación de control y calma.

Para mí, el maquillaje es una herramienta de supervivencia, una forma de arte y un acto de amor propio, no es superficial; es profundamente significativo, y si mi experiencia te inspira a encontrar tu propio ritual de calma y confianza, entonces este post habrá cumplido su propósito, y recuerden la belleza más poderosa es la que nace de la paz interior y de la confianza en uno mismo, y el maquillaje es solo un pincel más en el vasto lienzo de nuestra vida.

CRÉDITOS
Todas las fotografías fueron tomadas con mi teléfono Xiaomi redmi 14 note pro plus 5G y son de mi propiedad, utilice el editor polish.






