Reciban un cordial saludo y un abrazo virtual 🌺
Una historia y varias lecciones
Recientemente leí una breve historia sobre una mujer que, en cumplimiento de su responsabilidad y rutina diaria había salido muy temprano en la mañana en su carro para, en primer lugar, llevar a su pequeña al colegio y luego seguir hacia su lugar de trabajo. Seguramente, más de una de nosotras nos vemos en ese cuadro.
Todo perfilaba como un día normal hasta que de pronto la mujer siente que pierde el control del carro. Lo que acababa de suceder era que había perdido un caucho. Ella queda en medio del tránsito, estaba sorprendida y en el momento no sabía qué hacer. Si te parece poco, lo más angustiante es que todo sucedía estando su niña en el carro. Gracias a Dios estaban bien ambas. Sin embargo, al tocar a la niña se da cuenta que la niña estaba ardiendo en fiebre.
Tenía que atender todo y a la brevedad. Por su mente pasó rápidamente lo que tenía que hacer. Lo primero, ya no llevaría a la niña al colegio, lo segundo, había que buscar un servicio de grúa para que remolcara el carro y tercero, tenía que llevar a su pequeña para que la revisara un médico, ya sea en un hospital o su médico de cabecera.
Todo era incierto en ese momento y es que lo que era un inicio del día con normalidad cambió terriblemente de repente. Esta mujer, en su desesperación silenciosa, sabiendo que no podía resolver todo al mismo tiempo, mientras su niña lloraba y los carros le tocaban cornetas solo inclinó su cabeza sobre el volante y exclamó: Jesús, ayúdame por favor.
Ella estaba atrapada en ese momento en medio de las circunstancias.
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Una experiencia similar
Tengo una anécdota personal, parecida a la de esta mujer. Un sábado iba en mi carro con mi primer hijo, en ese entonces tenía 12 años y era mi único hijo. Íbamos para la iglesia, pero antes pasaríamos buscando a mi mamá y a mi abuela. De repente otros conductores me hacían señas con la mano y señalaban hacia la parte de atrás del carro. Yo pensé que una de las puertas estaría mal cerrada.
En vista que varios conductores insistían haciendo señas hacia mi carro decido estacionarme a un lado de la calle, pero en lo que pongo mi pie sobre el freno resulta que el carro no frenaba. Me asusto porque voy con mi hijo y yo sabía que no podía intentar frenar con el freno de mano porque no funcionaba. Casualmente me habían dicho que tenía que mandarlo alinear porque no servía pero ni un poquito, eso fue hace unos días atrás cuando me detuve a ponerle aire a los cauchos y le pedí el favor al trabajador que revisara el freno de mano.
Continuando con la emergencia del carro que iba sin frenos, yo insistía presionando el pedal con el pie pero no respondía. Siempre me mantuve en silencio para no angustiar a mi hijo. Miré al frente porque pronto llegaría a una esquina donde había un semáforo. Eso me preocupaba muchísimo. También llevaba al frente un autobús que en cualquier momento se detendría para recoger pasajeros. Definitivamente me iba a estrellar contra algo y mi hijo estaba conmigo.
Buscando rápidamente soluciones, pensé estrellar el carro contra una pared para detenerlo y quizás mi hijo sufría menos daños. ¡Que dilema tan grande! Todo lo pensaba y analizaba en cuestión de segundos porque es que tenía poco tiempo antes de que le sucediera un accidente fatal a mi hijo. En mi angustia silenciosa clamé desde mi mente: ¡Dios mío! mientras tomé y halé con firmeza el freno de mano y el carro se detuvo inmediatamente.
Pero al detenerse el carro, un fuego lo cubre completamente desde abajo hacia arriba. ¡Hijo, sal rápido! El fuego afuera era demasiado alto y no entendía nada de lo que pasaba. Solo salimos inmediatamente, pero pude halar la palanca que abre el capó pensando en la solución para que las personas que se pararon pudieran ayudar a apagar el incendio que salía desde el motor. Sin embargo, el capó no abrió.
Lo más importante es que mi hijo y yo logramos salir ilesos. Al estar afuera nos abrazamos y el carro se quemó completamente en cuestión de segundos. Las personas que se detuvieron intentaron apagar el incendio con extintores que tenían en sus carros y llamaron a los bomberos, quienes llegaron solo apagar el fuego de lo que quedó del carro.
Todo fue muy rápido y confuso. Íbamos tan tranquilos y de repente todo se transforma en momentos desesperantes. La causa, una corto circuito en el sistema eléctrico del carro.
Si no lo había dicho antes, ese carro solo lo tenía desde hace quince días. Fue un regalo de mi papá porque yo no tenía carro. Allí mismo le dije a Dios: Tú me lo diste y tú me lo quitaste, no sé por qué, pero solo acepto tu voluntad y lo más valioso es que nos salvaste. Gracias Dios mío.
Atrapada... ¿Te has sentido así alguna vez?
Creo que puedo escuchar tu respuesta y es que, como amas de casa, madres y esposas, con frecuencia vivimos situaciones similares. Todas en cualquier momento podemos pensar que la vida nos trata mal y sentirnos atrapadas entre la espada y la pared, pero no te desesperes. ¡Confía en Dios, tómate de su mano, respira profundo y avanza!
Su promesa es: "Les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo". Mateo 28:20
Recuerda que no importa quién eres ni a qué te dedicas. La promesa es para ti y para todas las mujeres, ya seas adolescente, madre, joven, adulta o abuela. Antes de despedirme, te regalo otra gema bíblica:
"Pero una cosa estoy segura: he de ver la bondad del señor en esta tierra de los vivientes. Pon tu esperanza en el Señor; ten valor, cobra ánimo; ¡Pon tu esperanza en el Señor!" Salmo 27:13-14
Un abrazo 🌺
Te invito a visitar el blog de mi amiga @emmaris para que conozcas la situación de salud que está viviendo, seguro que te identificarás con ella y de repente puedes apoyarla.
English
A similar experience I have a personal story similar to this woman's. One Saturday, I was driving my car with my firstborn son—he was twelve years old at the time and my only child. We were on our way to church but planned to pick up my mother and grandmother first. Suddenly, other drivers began gesturing at me, pointing toward the back of the car. I assumed one of the doors wasn't closed properly. Since several drivers kept signaling at my car, I decided to pull over to the side of the road; however, when I stepped on the brake, the car didn't stop. I was terrified because my son was with me, and I knew I couldn't rely on the handbrake—it wasn't working at all. I had actually been told recently that it needed alignment because it was completely useless; I had found this out just a few days earlier while stopping to inflate my tires, when I asked the attendant to check the handbrake for me. Amidst this emergency with the brakeless car, I kept pressing the pedal, but it wouldn't respond. I remained silent the whole time so as not to alarm my son. I looked ahead, realizing I was fast approaching a street corner with a traffic light—something that worried me deeply. There was also a bus in front of me that could stop at any moment to pick up passengers. I was definitely going to crash into something, and my son was right there with me. Scrambling for a solution, I considered crashing the car into a wall to bring it to a halt, thinking my son might suffer less injury that way. What a terrible dilemma! I was weighing all these thoughts in a matter of seconds, knowing I had very little time before a fatal accident befell my son. In my silent anguish, I cried out in my mind, "My God!" as I firmly grabbed and pulled the handbrake—and the car stopped immediately. But when the car came to a stop, flames engulfed it completely, rising from the bottom up. "Son, get out fast!" The flames outside were towering, and I couldn't make sense of what was happening. We got out immediately, but I managed to pull the hood release lever, hoping that the people who had stopped could help extinguish the fire coming from the engine. However, the hood wouldn't open. The most important thing is that my son and I managed to escape unharmed. Once outside, we hugged each other as the car burned completely in a matter of seconds. The people who had stopped tried to put out the fire with extinguishers from their own vehicles and called the fire department; by the time the firefighters arrived, they could only extinguish the flames consuming what was left of the car.
Sending you a hug 🌺
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Fotos propias / Own photos. Portada y todas las imágenes diseñados por mí Cover and all images designed by me
Utilizo / I use CorelDRAW - Illustrator - PowerPoint - PhotoScapeX - Picasa





