

En un país y una sociedad donde el éxito se mide en función de cuántos ceros posee tu cuenta bancaria, o el diseñador del traje que llevas puesto a la oficina, o el modelo del auto que manejas, Roman J. Israel, Esq, un abogado brillante que junto a su socio William fundó una firma de abogados que se especializa en el derecho criminal hace 40 años, decidió permanecer "detrás de las cortinas".
Lejos del furor y la crueldad naturalizada de las salas de los juzgados de la ley. Enfocado en hacer un verdadero cambio al sistema de justicia norteamericano. Alguien con pocas o casi nula habilidad social pero con una profunda empatía por el otro, por el semejante, el ser humano; no un cliente, sino alguien que merece y debe obtener la mejor defensa legal posible.

Denzel Washington es un actor que está acostumbrado a dar vida a personajes míticos. Sujetos que fueron escrito en un guión, que sólo su manera de entender actuación hace que sean imprescindibles para la correcta degustación del arte cinematográfico. Dicho de otro modo, el toque de actuación que le impregna Washington a sus papeles, es tan bueno como o quizá mejor, que la mis historia en sí.
En el caso que analizo hoy en esta review, la película Roman J. Israel, Esq es sin dunda una ejemplo maravilloso y perfecto de lo que digo. La historia tiene fuerza, argumentos y refleja la realidad de una sociedad obsesionada con el materialismo más aberrante pero que al mismo tiempo carece de creatividad.


Para entender mejor este punto, es completamente necesario poder dar con el persona que se llama del mismo modo que la película. La psicología del protagonista no se explica del todo bien durante el transcurso de la película, sino que está desarrollada por los contextos que se van dando a medida que el film continúa. Al principio lo vemos en su firma de abogados, trabajando en lo que mejor sabe hacer, es decir en la preparación de escritos y casos legales que luego su socio tiene que presentar en corte. También se nos presenta de inmediato su carácter. Fuerte pero no violento, lleno de convicciones e idealismos racionales sobre el ejercicio del derecho, aunque absorbido por una profesión llena de individuos que facturan por volumen y no por sentido de igualdad y ética.
Todo se agrava cuando Roman se entera que su mentor, maestro y socio en su la firma donde ambos trabajan desde hace años, ha sufrido un ataque al corazón y está inconsciente. Es bajo esas circunstancia, que debe encargarse de los clientes que tenía estipulados William, y enfrentan la realidad diaria del sistema de justicia de los Estados Unidos de América. Donde, bajo la premisa de acuerdos entre las partes, se acusa de manera exagerada y con sobrecargos a los imputados en una causa para obligarles de manera sutil a aceptar condenar previamente establecidas entre la parte acusatoria y la encarga de supuestamente defender al ciudadano.

Consciente de este hecho, pues se ha cansado de leerlo en escritos, nociones y registros legales, decide confrontar a un juez que pasa por alto los derechos civiles de un defendida de Roman J, Israel, mientras éste es presentado en la audiencia preliminar. Confronta al juez del caso, y éste le indica que si continúa con su actitud tendrá que declararlo en desacato; acción que continúa y es multado por 5.000 USD, solo por dar un argumento legal, lógico y justo sobre un hecho que se evidencia durante la película. Ahora bien, el modo en cómo la cinta refleja la poca importancia que tienen los implicados en hechos delictivos o sentencias que terminan en la corte, es un ejemplo más de la poco relación entre el objetivo real de la ley y el sistema encargado de ponerlo en acción.

Esto lo sabe Roman J, Israel, Esq, pero también en consciente de que es una lucha completamente desgastante. Él mismo inició como estudiante, activista por los derechos civiles y luego ha dedicado su vida (literalmente, no figurativamente. Nunca se casó, ni formó un hogar ni tiene descendencia alguna) para trata de enmendar los vacíos e injusticias que tiene el sistema legal de los Estados Unidos. En vista de lo sucedido con su socio William, la firma donde trabajaba y a duras penas conseguía pagarle 500 USD semanales, tiene que cerrar y quiebra. Dejando al protagonista sin empleo y desesèrado por ocuparse, ya que así, de la nada se ha quedado sin rumbo en más de 40 años de carrera profesional.
La impronta que le transmite Denzel Washington es absolutamente inspiradora. El actor estadounidense tiene un carisma propio que es sumamente difícil de igualar y además, logra compenetrar con el personaje que interpreta de un modo admirable. Haciendo que la audiencia que mira la película pueda comprender la mente intrincada, idealidad y recia de un abogado, que aunque parezca ficción, intenta hacer lo que es ético y moralmente valioso para él y para la profesión a la que le dedicó su vida. Desde mi perspectiva, ésto es un recordatorio más de las cosas que a veces hemos naturalizado como sociedad. Donde se premian un montón de cosas absurdas pero se deja de lado el valor humano y sobre todo, el objetivo real de las acciones que hacemos, permitimos y transmitimos a diario. La bondad, el compromiso y la convicción de hacer el bien sin pretender ser perfectos, es algo que amo de Roman J. Israel, Esq.

All GIFs used on this post are available in PeakD Platform