Ojo: Puede contener spoilers
![]()
Son la 1:50 de la mañana del primero de enero del 2019; minutos antes había terminado de ver en la soledad de mi habitación uno de los filmes que ha marcado mi infancia, uno que se ha caracterizado no solo por tener uno de los mejores soundtracks hasta ahora hechos por Disney, sino también por ser uno de los filmes con los trasfondos más oscuros que un niño en ese entonces no comprendía aún.
El Jorobado de Notre Dame es quizás uno de los espectáculos visuales más deslumbrantes de los años 90; con un trasfondo musical que posiblemente ha servido de inspiración a más de un escritor en este siglo para describir paisajes o escenas determinadas y con temáticas que, hasta el día de hoy, aún lo podemos relacionar con nuestra vida cotidiana, el filme nos presenta a Quasimodo, un joven campanero con deformidad física que ha vivido desde siempre en la catedral de Notre Dame.
Criado por el cruel Claude Frollo, el inquisidor de París, y acompañado de sus inseparables amigas las gárgolas Victor, Hugo y Laverne, el joven todos los días observa la ciudad con el anhelo de conocer más de cerca a sus habitantes. Aquél deseo se le cumple, pues instado por sus amigas, se disfraza y se entremezcla con la gente que asiste al Festival de los Tontos. Ahí conocería a su primer amor, la gitana Esmeralda, y posteriormente a Phoebus, el nuevo capitán de la guardia de Frollo.
A pesar de que es radicalmente distinta a la novela Nuestra Señora de París de Victor Hugo, en la cual fue basada libremente, El Jorobado de Notre Dame nos presenta una serie de mensajes sobre la amistad, la tolerancia, el descubrimiento del deseo sexual, los peligros de la obsesión y la hipocresía de la gente en una forma muy sutil y digerible para el niño, pero muy evidente para el adulto. De hecho, si escuchamos claramente, por ejemplo, la letra de Luz Celestial / Fuego de Infierno (o Fuego Infernal en España), el adulto se dará cuenta de que el amor y la lujuria se está manifestando en Quasimodo y Frollo, respectivamente. Por supuesto, eso un niño de 8 años (la edad que tenía cuando la vi por primera vez) no lo va a detectar tan rápido como un adulto; el infante desconocería que la caricia de Frollo al pañuelo de Esmeralda es un símbolo de la lujuria o de que Quasimodo está confundiendo la generosidad con el amor y el deseo sexual al mencionar "amantes por ahí muchas veces vi de noche caminar...".
Ahora bien, el film por supuesto lo recomendaría para todo público, aunque al final eso sería decisión de los padres o tutores el permitir que sus hijos o protegidos lo viesen.
¡Feliz Año 2019!
