Recuerdo la sonrisa inesperada en mis labios cuando mi papá nos mostró, a mis hermanos y a mí, un codiciado PS2. Mis padres nunca nos acostumbraron a regalos por nuestras altas calificaciones o por nuestra buena conducta, pues tal como sus enseñanzas decían, aquello que se hace desde el corazón y por el bien propio, es la mayor recompensa que alguien puede obtener. Sin embargo, los detalles y los regalos nunca falta…More
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