CRÍTICA DE PELÍCULA: “Un San Valentín de Muerte” (2001) Sinopsis: El deseo ciego alimentado por el sentimiento de venganza (después de haber sido víctima de una humillación en el baile de la escuela) “moldea” la personalidad de un adolescente que, al crecer, decide vengarse de las cuatro chicas que lo traumatizaron. Algunas personas creen que el amor mata, y de hecho, tienen razón. Cuando ese sentimiento se distorsiona dentro de una concepción alejada de la realidad, sí, amar puede convertirse en el combustible que impulsa diferentes tipos de venganzas... Y eso es precisamente lo que esta película intenta explorar. Sin embargo, el guion lo hace de una manera descuidada (y muy perezosa). Aunque tiene algunos buenos momentos, la ejecución narrativa que intenta sostenerla es equivocada (por decir lo menos), y con frecuencia apuesta por malas decisiones para pavimentar un camino decepcionante. Siguiendo el manual de las películas donde la principal amenaza es un asesino en serie enmascarado (sí, ya has visto esto antes), esta vez el guion intenta justificar la existencia de una película de suspenso trash basándose en un argumento nuevo: amar, sin límites (partiendo de un amor no correspondido, combinado con un episodio de humillación pública). Sobre el papel, la idea es interesante. En cambio, visualmente el proyecto se convierte en un desorden superficial que ni siquiera logra encontrar inspiración en las películas que sirvieron para su “concepción individual”. Todo comienza en el baile de graduación de la escuela, cuando Jeremy es humillado públicamente (por un grupo de amigas). Creció alimentando un deseo de venganza, y ni siquiera su personalidad introspectiva logrará hacerlo cambiar de opinión. Su objetivo es hacer que Dorothy, Paige, Lily y Kate paguen por lo que le hicieron, aunque sea con sus propias vidas. Todas ellas están en la mira de Jeremy, quien ha planeado un acto de venganza perturbador que, sin duda, acabará con los planes de todas ellas (que están inevitablemente “conectadas” por el mismo pasado). Usando una máscara de Cupido (porque le recuerda lo que ocurrió durante la humillación en el baile de graduación), comienza a amenazar y - literalmente - a cazar a sus antiguas compañeras de clase. Sin embargo, nada es aleatorio. Después de planificar meticulosamente cómo atacar a cada una de ellas, incluso los “efectos colaterales” que aparecen en su camino se convierten en una motivación adicional para cumplir su misión. El amor está en el aire, y es “potencialmente dañino” para quienes no saben amar correctamente. Me gusta cómo la película intenta jugar con esa idea... Pero nunca llega a ser inmersiva. Existe una especie de “simbología” en torno al Día de San Valentín que tiene todo el sentido dentro de la historia, pero termina siendo apenas un pretexto aleatorio para intentar crear una “nueva identidad” para una película que ya parte de una premisa tan conocida. Hasta cierto punto eso funciona y alimenta la película con un elemento diferenciador, pero cuando nos sumergimos en su estructura narrativa, este proyecto se revela como un ejemplo genérico de todo lo que ya se había visto antes. El problema no es necesariamente repetir ideas que ya se han usado, sino no aportar ni ofrecer nada nuevo. Al mismo tiempo que ocurren todos los asesinatos, una investigación policial también ayuda a descubrir quién está detrás de la máscara. Irónicamente, lo que debería añadir a la película una capa más interessante - donde el suspenso tendría que ser indispensable - deja espacio para una subtrama sin mayores explicaciones (y que se vuelve totalmente innecesaria, ya que la protagonista no tiene ninguna relación con ello), con desarrollos muy precarios. De hecho, todo empeora cuando se introducen “alivios cómicos”... diluyendo el suspenso y haciéndole perder fuerza. No puedo negar que hay unas pocas escenas de persecución muy eficaces (como la escena de la bañera, que mezcla tensión con sex appeal al mostrar a Denise Richards en bikini... intentando escapar del asesino mientras permanece como “rehén”), pero realmente no son suficientes para convertir esta película en algo relevante (ni siquiera cuando se evocan los elementos trash). La buena intención existe, pero como dice el dicho: de buenas intenciones está lleno el infierno. Ninguna película sobrevive solo con buenas ideas lanzadas de manera aleatoria; es necesario reunirlas todas y hacer que funcionen. *** Un San Valentín de Muerte*** también cuenta en su reparto com Marley Shelton, Jessica Capshaw, Katherine Heigl, Jessica Cauffiel y David Boreanaz. Aunque nadie ofrece una actuación mínimamente decente, eso no termina perjudicando demasiado a la película en sí (porque ya es mala). Dirigida por Jamie Blanks, aquí tenemos un ejemplo en el que la idea es mejor que toda su ejecución, donde incluso los aspectos visualmente más impactantes son desaprovechados por un trabajo impotente que, en su jugada final, entrega un tercer acto inconcluso al apostar por la subjetividad en torno a la identidad del villano.
CRÍTICA DE FILME: “O Dia do Terror” (2001)
Rating: 35/100









