Me hiciste recordar mi primer postparto, los senos a reventar, las paradas de madrugada, todo era cuesta arriba. Una noche mi bebé no dejaba de llorar de madrugada, mientras su padre dormía como si nada, yo iba descartando todo: colico, pañal, hambre, y brazos, hasta que al final mi madre entró al cuarto y lo envolvió colo un tabaco, fue así como se calmó y empecé yo a llorar. Con ambos hijos tuve episodios terribles y en ambas oportunidades las criticas empeoraban el panorama. Ahora tengo dos jovencitos de 11 y 18 que muestran que todo valió el esfuerzo.