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Holos&Lotus

Claroscuro: habitar mis dos orillas||

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Saludos, amigos de @holos-lotus.

Tenía más de un mes que no publicaba en Hive, y es que he estado desarrollando otros proyectos que, sin dejar de estar enmarcados en el bienestar, habitaban en mí como una caldera a punto de explotar: los pensaba, los repensaba, pero no sabía cómo dejarlos salir. Hoy quiero comentarles sobre este proceso y su resultado.

En ocasiones me pregunto cuántas versiones de nosotros proyectamos en las pantallas. Quienes han seguido mi trayectoria en la comunidad están acostumbrados a encontrar en mis escritos reflexiones sobre el bienestar, el movimiento consciente, el crecimiento personal y una constante búsqueda de luz con la que intento nutrir mi vida cotidiana. Sin embargo, esa no es la historia completa.

Hoy quiero hablarles de mi lado oscuro, que también me habita y lo habito. No hablo de una maldad oculta ni de sombras espantosas, sino de esa otra mitad del péndulo emocional que raras veces comparto por escrito, pero que reside en mí con la misma intensidad.

Vivo en una realidad cotidiana que me mueve el suelo a diario. Y aunque mi brújula natural me lleva hacia emociones de alta frecuencia —el amor profundo, el entusiasmo por proyectos nuevos, la esperanza terca y el optimismo—, mi sensibilidad no es impermeable. Hay días en que mis niveles de positivismo simplemente bajan. Días en que la realidad circundante me pesa, la impaciencia gana terreno, la tristeza se sienta a mi lado y la desesperación toca la puerta sin pedir permiso.

Esos bajones siempre han estado allí; solo que solía sobreponerme a ellos con tesón, como quien salta obstáculos en una pista. Al terminar la carrera y regresar a la calma, escribía sobre el tema desde esa orilla: la del sosiego, la bonita, la que busca dar ánimo y servir de contención para quien me lee. Pero si algo he comprendido en este caminar, es que no expresar la sombra solo la hace más grande.

Sostener estas dos orillas no siempre es sencillo. Hay días en los que se produce un auténtico choque frontal en mi interior: por un lado, la mujer que confía, que promueve la calma y que sabe que todo pasa; por el otro, la persona a la que la realidad circundante la abruma, la impacienta y la llena de dudas.

He vivido esta tensión como una contradicción, como si sentir tristeza o desesperación fuera un paso atrás en mi propio camino. Pero hoy entiendo que esa confrontación no es un defecto; es simplemente el pulso vital de estar viva y sensible a lo que me rodea.

El retorno al centro no ocurre por arte de magia, ni significa alcanzar un estado permanente de "vida perfecta" donde nada me afecta. Ese centro del que hablo no es un pedestal inamovible; es más bien como el eje de un barco en medio del oleaje: se mueve, se inclina, pero no se hunde.

He aprendido que el bienestar interior no es algo que llega de afuera cuando las circunstancias cambian o se vuelven ideales. No depende del clima, del entorno ni de que todo marche en orden perfecto.

El bienestar es un compromiso consciente. Es una decisión diaria de accionar, de buscar activamente las estrategias que me regresan a mi cuerpo, que me recuerdan respirar y que me permiten procesar lo que siento sin quedarme a vivir en la sombra.

Regresar al centro es comprender que puedo estar triste sin perder mi capacidad de amar, que puedo sentir impaciencia sin renunciar a la esperanza, y que el verdadero equilibrio no está en evitar la tormenta, sino en saber habitarla con amabilidad hacia mí misma para volver a disfrutar de la luz cuando el horizonte se aclara.

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De esa tensión creativa, de ese vaivén constante entre la luz que busco y las sombras que me atraviesan, nace un nuevo proyecto que me llena de emoción: una nueva columna que he llamado Claroscuro Venezolano: Crónicas entre el caos y el humor.

Este espacio nace precisamente de esa necesidad de contar el acontecer diario, mezclando la crónica cotidiana con las ironías de la vida, la vulnerabilidad y la búsqueda de sentido en nuestra particular realidad. Es una invitación a mirarnos en el espejo de nuestras propias dualidades y encontrar, tal vez, una sonrisa en medio de la tormenta.

Gracias por acompañarme siempre en este espacio y por permitirme mostrarme hoy un poco más entera, con mis luces y mis sombras.

Y tú, ¿cómo llevas el lado oscuro cuando la realidad aprieta y te saca de tu eje?

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Greetings, friends at @holoslotus.

It’s been over a month since I last posted on Hive, and the truth is that I’ve been working on other projects that—while still centered on my well-being—felt like a pressure cooker about to explode inside me: I’d think them over and over again, but I didn’t know how to let them out. Today I want to talk to you about this process and its outcome.

Sometimes I wonder how many versions of ourselves we project onto our screens. Those who have followed my journey in the community are used to finding in my writings reflections on well-being, mindful movement, personal growth, and a constant search for light with which I try to nourish my daily life. However, that’s not the whole story.

Today I want to talk to you about my dark side, which also dwells within me and which I inhabit. I’m not talking about hidden evil or terrifying shadows, but rather that other half of the emotional pendulum that I rarely share in writing, yet which resides within me with the same intensity.

I live in a daily reality that shakes the ground beneath my feet every day. And although my natural compass steers me toward high-frequency emotions—deep love, enthusiasm for new projects, stubborn hope, and optimism—my sensitivity isn’t impervious. There are days when my positivity levels simply dip. Days when the reality around me weighs me down, impatience gains ground, sadness sits beside me, and despair knocks on the door.

Those low points have always been there; it’s just that I used to overcome them with determination, like someone jumping over hurdles on a track. Once the race was over and I returned to calm, I would write about the subject from that side: the side of serenity, the beautiful one, the one that seeks to offer encouragement and serve as a source of support for my readers. But if there’s one thing I’ve come to understand on this journey, it’s that not expressing the shadow only makes it bigger.

Balancing these two sides isn’t always easy. There are days when there’s a real head-on collision inside me: on one side, the woman who trusts, who promotes calm, and who knows that everything passes; on the other, the person who is overwhelmed by the reality around her, who grows impatient, and who is filled with doubts.

I used to experience this tension as a contradiction, as if feeling sadness or despair were a step backward on my own path. But today I understand that this confrontation isn’t a flaw; it’s simply the vital pulse of being alive and sensitive to my surroundings.

Returning to the center doesn’t happen by magic, nor does it mean reaching a permanent state of “perfect life” where nothing affects me. That center I’m talking about isn’t an immovable pedestal; it’s more like the keel of a ship in the midst of the waves: it moves, it tilts, but it doesn’t sink.

I’ve learned that inner well-being isn’t something that comes from the outside when circumstances change or become ideal. It doesn’t depend on the weather, my surroundings, or everything running perfectly smoothly. Well-being is a conscious commitment. It’s a daily decision to take action, to actively seek out strategies that ground me in my body, remind me to breathe, and allow me to process what I’m feeling without getting stuck in the shadows.

Returning to the center means understanding that I can be sad without losing my capacity to love, that I can feel impatience without giving up hope, and that true balance lies not in avoiding the storm, but in knowing how to navigate it with kindness toward myself so that I can once again enjoy the light when the horizon clears.

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From that creative tension—that constant back-and-forth between the light I seek and the shadows that pass through me—a new project is born that fills me with excitement: a new column I’ve called “Venezuelan Chiaroscuro: Chronicles Between Chaos and Humor.”

This space arises precisely from the need to recount daily events, blending everyday chronicles with irony, vulnerability, and the search for meaning in our unique reality. It’s an invitation to look at ourselves in the mirror of our own dualities and find, perhaps, a smile in the midst of the storm.

Thank you for always joining me here and for allowing me to reveal a little more of myself today—with my lights and my shadows.

And you—how do you deal with your own dark side when reality closes in and throws you off balance?

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Te invito a leer las primeras entregas de Claroscuro Venezolano:

Crónica de un pueblo asfixiado…pero de pieEl desbarajuste monetarioYo tenía una luzEl enjambre de la habitación 8 Separadores línea E.jpg

Translated with www.DeepL.com/Translator (free version) Fuente de imágenes: Portada Canva- Fotografía Archivo personal

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Comments · 12

  • @hiramdo(72)· 10d

    Suaves, abrazos, cordiales, este es mi trabajo de positivo convivir con mi ser interno.

    https://peakd.com/hive-131951/@hiramdo/navegando-el-claroscuro-el-arte-de-mantener-la-luz-interna-espeng

    Saludos, fraterbales✨🌟🌞

  • @apineda(73)· 26d

    Todos tenemos esa ambiguedad en nosotros, y decidimos momento a momento a cual damos la prioridad de expresarse. La misma naturaleza es así, por eso tenemos noche y tenemos día, porque tenemos extremos, pero también una gama de opciones ente esos extremos. Reconocer eso nos ayuda a vivir mejor con nosotros mismos, porque nos permite controlar lo que no favorece y destacar lo que si. Es una buena posibilidad de que podamos vernos con un visión mucho más amplia. Graciar por la oportunidad @damarysvibra, bonito fin de semana.

  • @hiramdo(72)· 26d

    Vivir con el claro oscuro es una experiencia fabulosa 😃✨☀️💫

  • @mariperez316(71)· 26d

    Saludos y bendiciones que reflexión tan intensa, me llegó muy oportuno, hace poco tuve una conversación con una persona que descubrió algo de mi y me comentó pero no pareces que seas así, yo con toda certeza le contesté no somos tal cual nos mostramos al mundo, también somos lo que ocultamos y dejamos ver en pequeños fragmentos que alguna vez dejamos salir, realmente es así cargamos con sombras aquello que no brilla, que nos duele o que nos incomoda y aprendemos a vivir con eso.

  • @dorytagil2022(71)· 26d

    ¡Wuao! bella @damarysvibra, que tremenda reflexión, si pareciera que el doble terremoto llego para darnos un estruendo que hasta pensé lo necesitábamos.

    Y ciertamente, el claroscuro habita en cada ser, Pero, cada quien lo drenara a su manera y la idea es no quedarnos en el oscuro, sino retomar fuerzas para que sea nuestro aliado, pero sentirlo nos hace más humanos.

    Ne contento con leerte.

  • @mercmarg(75)· 26d

    La Luz y las Sombras

  • @emiliorios(74)· 29d

    Qué importante es reconocer en uno mismo esto. Nada de sorpresas, nada de creer que está todo logrado. A veces es difícil aceptar. Qué valentía. Valió la pena esperar un mes para leerte, @damarysvibra Acertado como siempre.

  • @issymarie2(73)· 29d

    Hace poco me sacaron de mi eje, y la que nace en esos instantes, créame no me gusta, porque arrasa con todo de manera tan fría que cuando pasa la tormenta, el frío que queda en mis huesos dura meses.

  • Hola, saludos. Muy buen post. Sí, pienso que como personas no todo es optimismo. También hay días difíciles, pero de ellos uno aprende. Pronto haré un post aquí en Holos.

  • @amigoponc(70)· 30d

    Qué valiente y necesaria reflexión, Damarys. Habitar ambas orillas no es una tarea sencilla, pero es el único camino hacia una paz real y sin máscaras. Me llega mucho tu forma de ver el 'claroscuro', no como una contradicción, sino como la totalidad de lo que somos. Gracias por recordarnos que no hace falta estar siempre en la luz para ser valiosos; nuestras sombras también tienen historias que contar y lecciones que darnos. Un abrazo enorme por tu honestidad y por humanizar el proceso de aceptarnos.

  • @la-colmena(66)· 30d

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    ¡Felicidades! Esta publicación obtuvo *upvote* y fue compartido por **@la-colmena**, un proyecto de **Curación Manual** para la comunidad hispana de **Hive** que cuenta con el respaldo de **@curie**.

    Si te gusta el trabajo que hacemos, te invitamos a darle tu voto a este comentario y a votar como testigo por La Colmena.

    Si quieres saber más sobre nuestro proyecto, te invitamos a acompañarnos en nuestro servidor de Discord.


  • @germanandradeg(72)· 30d

    ¡Hola, mi admirada @damarysvibra!

    Esta publicación tuya me encantó porque parece como si estuvieras cerca de mí, leyeras mis pensamientos y vieras mis emociones regadas en el piso, notando que la sonrisa se disgustó conmigo.

    Debido a los acontecimientos que recién arroparon al país, he estado en terapia. Después de esos momentos aterradores, parece que nació otro yo o emergió alguien que no conocía. En un principio se mostró triste y con miedo, pero a medida que los días pasan, esa parte de mí parece volverse indolente. Si antes hablaba con todos, ahora le da igual; emergió para sumergirme en algo desconocido donde no encuentro un rumbo. Es como si fuera dos personas a la vez: el que conocía y este aparecido que asusta e intriga, porque no sé hasta cuándo se va a quedar.

    Estar en terapia me ha ayudado mucho. Después de casi 20 días rompí a llorar y, según la terapeuta, eso es bueno; pero tras ese llanto, me endurecí. No sé si es porque las personas que me rodean no entendieron mi dolor, mi miedo o mi tristeza, o si retrocedí en lo que parecía ser mi evolución (hablo de mi condición). Parece que me enconché para ver el exterior con cierta apatía. Es mi lado oscuro, tal vez. O a lo mejor, después de quebrarme, me salió una costra.

    Sin embargo, no creo haberme vuelto del todo indolente, porque si fuera así no estaría escribiéndote esto. Como sea, te agradezco por tu publicación; me ha llevado a escribir de nuevo, a pensar en ese lado oscuro y en cómo mantenerlo en un corral.

    Cariños desde este lado del planeta.

    !ALIVE