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La Importancia de Estar… De simplemente estar presentes -La Verdadera Cercanía- Reflexiones (ES/EN)

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Pixabay-TyliJura; editada en Paint

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Voy llegando de la ciudad de Maracaibo, de visitar a mi mamá. Cada mes hago lo posible por estar presente de tres a cuatro días en su casa; conversar, tener contacto personal, estar… Simplemente estar; y puedo dar testimonio de que no hay como la presencia en la vida de nuestros seres queridos para establecer vínculos, sanar y lograr bienestar.

Es que, a pesar de que me comunico con ella diariamente por videollamadas, la tecnología no ha podido suplantar esa necesidad de afecto, contacto y cercanía que los seres humanos necesitamos para sentirnos seguros, amados, pertinentes, protegidos y para generar confianza de vida.

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Las redes y la cercanía verdadera

Bajo ningún concepto pretendo darle consejos a la gente acerca de cómo se intercomunica con sus familiares, amigos, hijos y personas cercanas, porque en nuestro país muchos han tenido que emigrar y la única opción que nos ha quedado han sido las redes sociales o las conexiones virtuales.

Pero sí me voy a permitir pedir reflexión acerca de cuánto nos están consumiendo las redes sociales, suplantando lo que podría ser una conversación, una visita, una interacción personal.

Parece ser que consideramos que el contacto telefónico cuenta de una manera plena para darle significado al verbo estar o a estar presentes.

¿Es realmente esto así?

Nosotros no tenemos versiones reales en las redes sociales, no mostramos realmente quiénes somos allí.

Definitivamente, no es lo mismo que encontrarnos, tener cercanía, que nuestros gestos y modulaciones al hablar lleven a preguntarnos cómo nos sentimos y cuán bien estamos.

Siento que hemos dejado a un lado el contacto verdadero y que justificamos la culpabilidad de mantenernos lejos con el uso constante de los dispositivos electrónicos.

¿Estamos amando correctamente?

¿Estamos centrados en lo que es la interacción compleja con la gente que comparte con nosotros lazos fuertes de amistad, cariño y amor verdadero?

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Conectar de verdad…

Este viaje a casa de mi mamá, donde conecté también con mi hermano, su esposa y su hijo, que viven con ella, me hizo reflexionar sobre la importancia de esforzarnos por acercarnos.

A veces creemos que compartir es dar tiempo, hablar mucho o el sacrificio de sacar un espacio de nuestra apretada agenda y hacer una videollamada.

Tachar el pendiente de saber de alguien, como si fuera una obligación, mientras nos llenamos el tiempo de tareas, de información, distracciones y del contacto global para saber qué sucede en todas partes del mundo, adquiriendo información tras otra en forma rápida y constante... Y no es la idea.

Necesitamos conciencia de estar, sin apuros, sin pensar en el tiempo que estamos gastando, que para mí es inversión.

Es aceptar el momento en el que estamos, aprender a escuchar, a comunicar e igualmente a mirar los ojos de quien nos oye, los ademanes y las reacciones de quien nos escucha, y apreciarnos a la vez conscientemente a nosotros mismos en esa misma vivencia.

Las reacciones son tan importantes que solo pueden sentirse plenamente con la cercanía física, pues muchas veces la repetición obligada del contacto a determinada hora del día hace que se pierdan tantos detalles y que las conversaciones se conviertan en algo lleno de ausencias, con vínculos lejanos que solo se hacen por costumbre.

Terminamos conectándonos en forma automática, sin prestar atención correcta, y donde molesta el silencio que se pueda dar en la comunicación que es tan importante de compartirse en el encuentro; y hasta usando máscaras muchas veces para no preocupar o incomodar al otro.

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Sin hacer nada

Para mí, el verdadero compartir es aquel que se da sin un objetivo específico, simplemente por la necesidad de cercanía.

Es pasar tiempo compartiendo las necesidades básicas, los hábitos, las rutinas…

Poder hacer de un día propio parte de un día de todos, sin intentar exprimir el tiempo al máximo para cubrir las culpas de estar distantes.

Hacer que en un momento determinado nuestra presencia genere seguridad, crecimiento, información para conocernos mejor y actualizarnos en cuál es el punto en el que hemos crecido.

Saber cuáles son nuestros miedos, alegrías, preocupaciones y los detalles de la vida diaria para hacer que los vínculos se fortalezcan; y porque, además, todos crecemos en todo momento, por lo tanto, nunca somos igual a lo que fuimos en el encuentro anterior.

No sé por qué en este momento me importa mucho reseñar que es necesario aprender de la forma como antes nos educaron, directamente, con pocos recursos, pero con escucha activa, con la presencia de nuestros educadores allí, mostrando la forma de crecer y de aprender conocimiento y conceptos, moral y ética.

Esto es difícil a nivel virtual.

No imposible, pero difícil… La impersonalidad y la distancia siempre estarán presentes.

A veces, el silencio compartido enseña más de la situación en la que estamos y de la situación del otro que cientos de palabras.

Te invito a que te alejes un poco de las pantallas, que incluyas en tu agenda espacios para visitas personales, que generes rituales hermosos y anticuados como sentarse a tomar un helado o a compartir un pequeño presente.

Permitirnos amorosamente invadir el espacio del otro y permitir que tu espacio sea invadido por quienes te aman, y que juntos agradezcan la vida, la presencia, el estar aún aquí.

Los resultados, les aseguro que son inmediatos y que saltarán a la vista.

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The Importance of Being… Of Simply Being Present —True Closeness— Reflections

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I’m just getting back from Maracaibo, where I visited my mom. Every month, I do my best to spend three to four days at her house—to talk, to have personal contact, to just be there… Simply to be there; and I can attest that nothing compares to being physically present in the lives of our loved ones when it comes to building bonds, healing, and achieving well-being.

The thing is, even though I talk to her every day via video calls, technology hasn’t been able to replace that need for affection, contact, and closeness that we humans need to feel safe, loved, valued, protected, and to build trust in life.

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Social Media and True Closeness

Under no circumstances do I intend to give people advice on how to communicate with their family members, friends, children, and loved ones, because in our country many have had to emigrate, and the only option left to us has been social media or virtual connections.

But I will take the liberty of inviting reflection on just how much social media is consuming us, replacing what could be a conversation, a visit, or a personal interaction.

It seems we consider phone contact to be sufficient to give meaning to the verb to be or to be present.

Is this really the case?

We don’t present our true selves on social media; we don’t really show who we are there.

It’s definitely not the same as meeting in person, being close to one another, and having our gestures and tone of voice prompt others to ask how we’re feeling and how we’re doing.

I feel that we’ve set aside genuine contact and that we justify the guilt of keeping our distance through the constant use of electronic devices.

Are we loving properly?

Are we focused on the complex interactions with the people who share strong bonds of friendship, affection, and true love with us?

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Truly connecting…

This trip to my mom’s house—where I also connected with my brother, his wife, and their son, who live with her—made me reflect on the importance of making an effort to grow closer.

Sometimes we think that sharing means giving time, talking a lot, or making the sacrifice of carving out a slot in our busy schedules to make a video call.

We check off the box of checking in with someone, as if it were an obligation, while we fill our time with tasks, information, distractions, and global news to stay updated on what’s happening all over the world, absorbing one piece of information after another quickly and constantly… And that’s not the point.

We need to be mindful of simply being present—without rushing, without worrying about the time we’re spending, which, to me, is an investment.

It means embracing the moment we’re in, learning to listen, to communicate, and also to look into the eyes of the person listening to us, to observe their gestures and reactions, while at the same time consciously appreciating ourselves within that very experience.

Reactions are so important that they can only be fully felt through physical closeness, since the forced repetition of contact at a certain time of day often causes so many details to be lost and conversations to become something full of absences, with distant connections that are maintained only out of habit.

We end up connecting automatically, without paying proper attention, and we’re bothered by the silence that can arise in the communication that’s so important to share during the encounter; and we even wear masks many times so as not to worry or make the other person uncomfortable.

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Doing Nothing

For me, true sharing is that which happens without a specific goal, simply out of a need for closeness.

It’s spending time sharing basic needs, habits, routines…

Being able to make one’s own day part of everyone’s day, without trying to squeeze every last minute out of it to make up for the guilt of being distant.

Ensuring that, at a given moment, our presence fosters a sense of security, growth, and insight—helping us get to know each other better and catch up on how we’ve each grown.

Understanding each other’s fears, joys, concerns, and the details of daily life to strengthen our bonds; and because, moreover, we’re all growing at every moment, so we’re never exactly the same as we were at our last meeting.

I don’t know why, at this moment, it matters so much to me to emphasize that we need to learn from the way we were educated in the past—directly, with few resources, but through active listening, with our educators present, showing us how to grow and learn knowledge and concepts, as well as morals and ethics.

This is difficult in a virtual setting.

Not impossible, but difficult… Impersonality and distance will always be present.

Sometimes, shared silence reveals more about our own situation and the other person’s situation than hundreds of words.

I invite you to step away from your screens for a bit, to make room in your schedule for in-person visits, and to create beautiful, old-fashioned rituals like sitting down to enjoy an ice cream or sharing a small gift.

Let’s lovingly allow ourselves to enter each other’s space and let our own space be filled by those who love us, so that together we can give thanks for life, for each other’s presence, and for still being here.

I assure you that the results are immediate and will be plain to see.

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  • Barras separadoras y logo de English, creadas y editadas en Paint. Separator bars and English logo, created and edited in Paint.

  • Banner personalizado de @emiliorios realizado en Paint, con vectores de: Custom banner by @emiliorios made in Paint, with vectors of: Pixabay-HonyKunst

  • Imagen de agradecimiento, tomando el logo de nuestra comunidad y editada en Paint, de: Thank you, image, taking our community logo and edited in Paint, by: Pixabay-TyliJura

  • Logo de la comunidad utilizado en las imágenes, de: Community logo used in the images, from: Pixabay-2405360

  • Si lo deseas, puedes seguirnos en: If you wish, you can follow us at:

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@holoslotus

@emiliorios580

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Comments · 7

  • @purrix(74)· 3h

    ¡Hola @emiliorios!

    Totalmente de acuerdo en que las pantallas corren el riesgo de volverse una coartada para calmar la culpa de la distancia. A veces nos metemos en la dinámica de "chequear que el otro está bien" como si fuera un trámite diario, y perdemos la textura real del vínculo: el silencio compartido, los gestos y la espontaneidad de estar ahí sin una agenda cronometrada.

    En mi caso, la mayor parte de mi familia y amigos están fuera del país y la única manera de estar "juntos" es a través de la pantalla de un celular y una videollamada. Jamás será lo mismo, pero es lo que tengo. Las videollamadas salvan cuando no hay otra opción. Es triste, pero es lo que hay.

    Gracias, Emilio por compartir algo tan actual que nos acerca y nos separa a la vez. Voy a ver si puedo poner mi punto de vista en una publicación. 🤗

    Te dejo un abrazo.

  • Gracias, @emiliorios, por esta reflexión tan sincera y personal. Me parece muy valioso que pongas en alto la presencia y el contacto físico, un lujo que no todos podemos darnos tan seguido como quisiéramos. Tus palabras me llevaron a pensar en lo complejo que es el afecto, y en cómo cada quien, desde sus propias circunstancias, encuentra su manera de estar cerca, de expresar y de recibir amor.

    Creo que el verdadero amor también pasa por aprender a escuchar sin juzgar la forma de vincularse del otro. Porque al final, el cariño no entiende de recetas únicas: hay quienes se sienten profundamente amados con una llamada a deshora, otros con un mensaje inesperado, y otros necesitan ese abrazo físico. En mi opinión, todas son igual de válidas mientras haya sinceridad y respeto por la individualidad de cada uno.

    Qué hermoso que hayas encontrado en esas visitas mensuales a tu mamá una fuente tan clara de bienestar. Y qué valioso, también, reconocer que no todos los caminos son iguales. Tal vez el mejor consejo no sea decir "hay que hacer esto" —yo personalmente lo evito, tanto en el marco terapéutico como en mis relaciones personales—, sino partir de la aceptación de que cada uno tiene sus maneras funcionales de estar presente. Y que cualquiera de esas formas, cuando es auténtica, ya es un acto de amor.

    Un abrazo grande, amigo. Y gracias por invitarnos a reflexionar, que siempre se agradece.

  • ¡Enhorabuena!


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    Cordialmente

    El equipo de CHESS BROTHERS

  • @amigoponc(70)· 15h

    Un tema muy pertinente, Emilio. Sin embargo, me permito diferir un poco en cuanto a la raíz del problema. Creo que la pantalla es solo el síntoma y no la enfermedad. El verdadero quiebre parece ser generacional y de valores; hemos perdido la capacidad de conectar no porque un dispositivo nos lo impida, sino porque la estructura de valores familiares se ha erosionado. Especialmente en países como mi querida Venezuela.

    Vemos familias que viven bajo el mismo techo, presentes físicamente, pero en un aislamiento absoluto. Por ejemplo, cuando un hijo intenta contar un logro o una frustración y recibe un "ajá" automático de unos padres que, aunque no tengan el móvil en la mano, están mentalmente en otro lugar, demostrando una falta de empatía real. O el caso de los adultos mayores en casa, a quienes se les ignora o se les silencia porque sus historias "ya aburren", prefiriendo el silencio cómplice de la convivencia vacía antes que el esfuerzo de la escucha activa. El problema no es la tecnología, es que hemos dejado de priorizar al otro como un ser humano que requiere validación.

    La falta de empatía se ha normalizado tanto que hoy vemos a padres que delegan la crianza emocional a terceros, o hijos que ven a sus padres como proveedores y no como personas. Puedes quitar el móvil de la ecuación y aun así encontrar casas llenas de gente pero vacías de afecto.

    Recien llegado a Canadás, entendí que no todo el mundo puedse llenar nuestros vacios y que yo no puedo llenar el de ellos, y que estar presente en silencio, esperando la oportunidad en que mi pieza del rompecabeza encaje y ser verdaderamente útil. "No puedo aspirar la paz del mundo, cuando muchos tienen una batalla con elk vecino", eso me lo dijo mamá cuando yo dedicaba tanto tiempo al servicio comunitarios sin reprocidad.

  • @es-literatos(70)· 18h

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  • @issymarie2(73)· 18h

    La tecnología es un placebo al instante de la comunicación, nos permite escuchar la voz pero nos impide sentir el abrazo y al final de cuentas el dolor de no estar se hace aun más fuerte.

  • @vladimirmf(69)· 19h

    De acuerdo totalmente, simplemente estar, ninguna tecnología lo sustituye. Es cierto que el avance tecnológico permite hoy una comunicación impensable decenios atrás. En Cuba durante años la emigración a estado presente, recuerdo hace unos 23 o 24 años en mi casa habia un telefono fijo y familiares venian una vez al mes con la esperanza de hablar con su hijo que estaba fuera del pais, hoy parece impensable con una simple videollamada cuando quieras lo puedes ver. Pero una madre siempre querrá abrazar a su hijo, verlo, tocarlo sentir que esta ahí. Muy buen tema amigo @emiliorios un abrazo.