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La Vida desde el Mundo de Patrick -Aprender de los Niños- Reflexiones (ES/EN)

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Pixabay-Antranias; editada en Paint

Patrick es mi vecino y tiene apenas 8 años, pero lo llamamos el huracán de la cuadra porque no está tranquilo en ningún momento; es curioso, creativo, disfruta de la vida y hace poco tuvo una fuerte discusión con un amiguito de su edad; pero, mientras nosotros estábamos preocupados porque no sabíamos cómo atender ese conflicto, ellos de pronto fijaron su atención en un Volkswagen tipo escarabajo rojo que pasó frente a nosotros y se juntaron de nuevo a admirar el carro y a hablar sobre ello.

Lo cierto es que el perdón se dio instantáneamente, la discusión cedió; y yo, al menos, me pregunté. ¿Cómo podemos hacer para que nosotros los adultos olvidemos diferencias y sigamos como si nada hubiera pasado? Con Patrick y con otros niños a mi alrededor, he aprendido lecciones maravillosas que me gustaría compartir.

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Pixabay-Xuanduongvan87

La Opinión que Importa

Observando las actitudes de los niños, he podido darme cuenta de que los adultos podemos aprender mucho de ellos.

Y es que definitivamente, esta situación que sucedió con Patrick y su vecino, donde, tan bruscamente, olvidaron y continuaron con el juego, me hizo pensar en cuánto nos perdemos los adultos por razonamientos desde paradigmas que ya no funcionan.

Por ejemplo, si publicamos algo en las redes, una de nuestras mayores problemáticas es lo que nos afectan los comentarios y las críticas.

Veo que en el niño se olvida el qué dirán; aquí no pesa tanto la opinión de los otros ni los juicios que llegan desde fuera de nuestro núcleo familiar o de nuestra red de apoyo.

Los niños son espontáneos y no están pendientes de apariencias.

Es verdad que muchas veces no miden sus opiniones y, cuando se les piden, las dan, pero no les afectan tanto las opiniones de personas que no conviven con ellos; de allí que la sensación de libertad que esto ocasiona es sumamente evidente.

En ellos no existe idea preconcebida; y no digo que los adultos no las debamos tener, porque hay una historia, una cultura y un bagaje de experiencias que pesa, pero no debe ser lo prioritario para relacionarnos.

Con los niños aprendemos que las ideas preconcebidas no deben ser inamovibles, sobre todo a nivel social, pues para ellos no existen colores de piel, ni ricos ni pobres, ni ideas que nos separen, como observamos en el adulto y en sociedades completas.

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Pixabay-ThanhTN

La Capacidad de Asombro

Más, si hay algo que hemos perdido los adultos y que los niños conservan como parte inherente a su ciclo de vida, es la capacidad de asombrarse ante los pequeños detalles.

Son estas cosas cotidianas que nosotros dejamos de ver y que muchas veces, para ellos, implican ser el objeto de su atención y, tal vez, hasta el juguete preferido en un determinado espacio.

Los adultos olvidamos apreciar las cosas sencillas que nos pasan o que nos rodean, y olvidamos también, que cada día es un nuevo comienzo; mientras que los niños se levantan con ánimo de explorar, aprender con curiosidad, como si se estuvieran reseteando de nuevo cada día.

Aquí, las preocupaciones, si es que las hubo, en la mañana desaparecen para dar paso a la expectativa hacia las cosas buenas que nos da la vida.

Además, esa capacidad de asombro también lleva a que seamos valientes, con ese rasgo tan característico de los niños de no tener miedo al fracaso…

Con Patrick he aprendido que cuando un juego no resulta, se comienza de nuevo, o se insiste hasta lograr el cometido.

O, ¿no es así como aprenden los niños a andar en bicicleta o en patines, arriesgándose, dejando a un lado ese temor al fracaso que en nosotros nos persigue hasta el final de nuestras vidas?

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Pixabay-Pexels

Reír y Estar Abierto a las Opciones

*Y aunque existen muchísimas más lecciones que podemos aprender de ellos, quiero enfocarme en que, en mis artículos anteriores, hemos hablado sobre pedir ayuda cuando la necesitamos… A veces imposible de lograr.*

Para el adulto cuesta mucho pedir ayuda, y de hecho, en salud mental esta circunstancia se perfila como un freno para lograr la prevención temprana de patologías tan graves como la depresión o para evitar autolesiones y más.

Los niños generalmente piden ayuda inmediatamente, lo que evidencia que reconocen que no lo saben todo, porque, además, preguntan.

Esto evidencia también la curiosidad que es constante.

Y mientras a nosotros nos cuesta preguntar, porque sentimos que es un fracaso o un atentado a nuestros conocimientos, ellos simplemente indagan.

Algo que me parece que aprendo cada día de Patrick es la socialización, y, aunque yo siento que la conservo mucho, ya que saludo sin distinción a la gente o porque siento que me importa cada persona que conozco o que no conozco, con los niños veo que se perfecciona si los observamos más.

Igual, la capacidad de socializar conlleva que también aprendamos del otro y que estemos abiertos a escuchar y a entender.

Finalmente, algo que siempre va a estar en mi mente cuando pienso en cómo son los niños es en esa gran capacidad de reír y de disfrutar…

Mis hermanos y amigos, no perdamos esa maravillosa capacidad de estar alegres y agradecidos.

Y aunque sé que esto ha sido una reflexión muy personal que quise compartir con todos ustedes, estoy seguro de que puede ayudarnos a estar más centrados.

Sembrar la semilla de que observemos más a los niños y aprendamos más de ellos germinará en frutos de tolerancia, empatía y de inclusión.

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Life from Patrick's World -Learning from Children- Reflections

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Pixabay-Antranias; edited in Paint

Patrick is my neighbor and he’s only 8 years old, but we call him the hurricane of the block because he never sits still; He’s curious, creative, and enjoys life, and recently he had a heated argument with a friend his age; but while we were worried because we didn’t know how to handle the conflict, they suddenly turned their attention to a red Volkswagen Beetle that drove past us and got back together to admire the car and talk about it.

The truth is that forgiveness happened instantly, and the argument blew over; and I, at least, found myself wondering: How can we, as adults, put our differences aside and carry on as if nothing had happened? Through Patrick and the other children around me, I’ve learned some wonderful lessons that I’d like to share.

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Pixabay-Xuanduongvan87

The Opinion That Matters

By observing children’s attitudes, I’ve come to realize that we adults can learn a lot from them.

The fact is, this situation involving Patrick and his neighbor—where they so abruptly let it go and continued playing—really made me think about how much we adults miss out on because we’re stuck in ways of thinking based on paradigms that no longer work.

For example, when we post something on social media, one of our biggest challenges is how comments and criticism affect us.

I see that children don’t worry about what others will say; the opinions of others and judgments from outside our immediate family or support network don’t carry as much weight with them.

Children are spontaneous and don’t worry about appearances.

It’s true that they often don’t weigh their opinions carefully, and when asked, they simply state them—but they aren’t as affected by the opinions of people who don’t live with them; that’s why the sense of freedom this brings is so evident.

They have no preconceived notions; and I’m not saying that adults shouldn’t have them, because there’s a history, a culture, and a wealth of experiences that carry weight, but these shouldn’t be the priority in our relationships.

From children, we learn that preconceived notions need not be set in stone, especially on a social level, since for them there are no skin colors, no rich or poor, and no ideas that divide us—as we observe in adults and in entire societies.

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Pixabay-ThanhTN

The Capacity for Wonder

Moreover, if there is one thing that we adults have lost but that children retain as an inherent part of their life cycle, it is the capacity to be amazed by the little details.

It is these everyday things that we fail to see and that, for them, often become the focus of their attention—and perhaps even their favorite toy in a particular space.

We adults forget to appreciate the simple things that happen to us or surround us, and we also forget that every day is a new beginning; meanwhile, children wake up eager to explore and learn with curiosity, as if they were resetting themselves anew each day.

Here, any worries we may have had in the morning disappear, making way for anticipation of the good things life has to offer.

But, that sense of wonder also makes us brave, with that trait so characteristic of children—not being afraid of failure…

With Patrick, I’ve learned that when a game doesn’t work out, you start over, or you keep trying until you succeed.

Or isn’t that how children learn to ride a bike or rollerblade—by taking risks and setting aside that fear of failure that haunts us until the end of our lives?

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Pixabay-Pexels

Laughing and Being Open to Options

*And although there are many, many more lessons we can learn from them, I want to focus on the fact that, in my previous articles, we’ve talked about asking for help when we need it… Something that’s sometimes impossible to do.*

It’s very hard for adults to ask for help, and in fact, in the field of mental health, this situation acts as a barrier to early prevention of serious conditions like depression or to preventing self-harm and other issues.

Children generally ask for help right away, which shows that they recognize they don’t know everything—after all, they also ask questions.

This also highlights their constant curiosity.

And while we struggle to ask questions—because we feel it’s a sign of failure or an attack on our knowledge—they simply explore.

One thing I feel I learn every day from Patrick is socialization, and although I feel I’ve retained a lot of it—since I greet people without distinction or because I care about everyone I know or don’t know—I see that with children, this skill is refined if we observe them more closely.

Likewise, the ability to socialize means that we also learn from others and are open to listening and understanding.

Finally, something that will always be on my mind when I think about what children are like is their great ability to laugh and enjoy themselves…

My brothers and sisters and friends, let’s not lose that wonderful ability to be joyful and grateful...

And although I know this has been a very personal reflection that I wanted to share with all of you, I’m sure it can help us stay more grounded.

Planting the seed to observe children more closely and learn more from them will bear fruit in the form of tolerance, empathy, and inclusion.

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Comments · 8

  • @camelia28(68)· 57m

    Un abrazo. Amigo @emiliorios, definitivamente tenemos que ser mas Patrick. Es tan cierto que observar a los niños te va desintoxicando de "la adultez". Gracias por esta sensible, hermosa y útil reflexión.

  • @solorzanot(66)· 1d

    great read! What an excellent lesson you leave us with Patrick’s story and the red Beetle; we adults overcomplicate things way too much

  • @cochanet(70)· 1d

    Ser como niños. Hasta la Biblia nos invita a que, si queremos entrar en el Reino de los cielos, tenemos que ser como niños: Mateo 18:3-4

    Y dijo: "Les aseguro que si no cambian y se hacen como niños, no entrarán en el Reino de Dios. El que se haga pequeño como este niño, es el más grande en el Reino de Dios"

    Estamos llamados a ser como niños: sencillos, humildes y con una confianza total en nuestro Padre. Ya que como lo mencionas, los niños aún después de pelear, a los minutos están jugando nuevamente, porque eso que pasó no queda registrado el daño, su memoria es inocente.

    Aunque perdonar como un niño se vuelve difícil al llegar a la adultez, como creyente reconozco que si no perdono, tampoco recibiré el perdón de Dios. Cuando perdono, yo soy la principal beneficiaria. Guardar resentimiento nos llena de un malestar que solo siente quien lo padece; la persona que despertó esa emoción muchas veces ni se inmuta.

    Debemos aprender a soltar la carga del resentimiento. Aunque la relación con la otra persona no vuelva a ser la misma, sabremos que hemos perdonado cuando, al recordar lo que pasó, el dolor ya no nos afecte. Además el perdón no justifica las acciones del otro, pero nos libera de su control.

    Yo sí quisiera ser como Patrick, tener esa capacidad de reiniciar mi corazón.

    Siempre es un gusto leerle, mi apreciado @emiliorios ¡Bendiciones! 🙌🏼

  • @hivebuzz(74)· 1d

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  • @hive-174680(68)· 1d

  • @sararossi(70)· 2d

    Kids really have a way of moving past conflicts that we totally complicate. It is a good reminder to let things go and focus on what is actually fun.

  • @amigoponc(70)· 2d

    Hola mi estimado @emiliorios. Qué lectura tan amena y bonita nos regalas hoy. Sin duda, ver el mundo a través de los ojos de Patrick es un respiro.

    Sin embargo, tu texto me dejó pensando mucho y me hizo contrastarlo con mi propia realidad como padre.

    Es cierto que esa capacidad de asombro y de soltar los enojos rápido es fascinante, pero no puedo evitar pensar que son mundos muy diferentes. El mundo de los adultos es complejo y, para serte sincero, termina arropando al de los niños. A menos que seamos Monjes Tibetanos, a los adultos nos resulta casi imposible no llevar la cuenta de los daños, porque la vida nos ha enseñado a protegernos.

    Yo lo veo con mi hijo Matthew, que ya tiene 10 años. Él está dejando atrás esa etapa de distraerse con el "escarabajo rojo" y ha entrado en la etapa de la preguntadera. Está discerniendo lo que ve, lo que escucha y lo que siente; es una esponja absorbiendo nuestro entorno y pronto será un adolescente. Los niños crecen muy rápido y esa inocencia es efímera.

    Creo que tu reflexión es un hermoso ideal (utópico) al que todos deberíamos intentar acercarnos un poco más para vivir en paz, pero sabiendo que, en nuestra realidad adulta, el perdón y la resiliencia nos cuestan un poco más de trabajo que volver a jugar en la acera.

  • @issymarie2(73)· 2d

    Los niños ven de cierto modo en otros colores, y hasta suelen ser más maduros que los adultos, que en esas ocasiones se vuelven infantiles. Me pregunto entonces ¿dónde quedo nuestra propia capacidad de analisar, disculpar y avanzar qué teníamos cuando eramos niños?