En el mundo del emprendimiento hay dos vertientes, y casi siempre he hablado sobre cuando todo sale bien o planificamos para que así sea, pero ¿qué pasa cuando nuestra idea no se termina de consolidar y toca revisar los números en pérdida?
Me sorprende cada vez que veo un local con mucho potencial cerrar sus puertas, y la pregunta obligada es qué pasó para que esto sucediera. No es lo mismo cerrar porque cambias de rubro que hacerlo porque las ganancias no alcanzan ni siquiera el mínimo para saldar cuentas.
Un caso bastante triste fue el de un restaurante de hamburguesas que me gustaba visitar, pues estaba ambientado en los años 70. Habían objetos de esa época, y hasta había una Betty Boop de tamaño real con quien podías tomarte fotografías.
Luego de un tiempo, vi que cambiaron de nombre, pero lo demás seguía igual: decoración, menú y horarios de atención. Pero recientemente pasé por ahí y simplemente ya no está funcionando. Solo queda la fachada, como un recuerdo triste de algo que pudo haber sido con los años un lugar emblemático de la zona.
Partiendo de mi experiencia como comensal y de lo que llegué a ver y escuchar mientras estaba en el local las veces que lo visité, puedo inferir algunas de las cosas que propiciaron este cierre, además de establecer comparaciones con otro lugar temático, que todavía sigue abierto al público.
Este lugar, que inicialmente se llamaba Wagon, contaba con una instalación bastante amplia, pero que era completamente uniforme. Quizás si la hubieran seccionado en zonas de estilo: familias con niños, amigos, solo chicas, el propósito de cada parte habría funcionado con mayor efectividad.
Y fue justamente en una oportunidad mientras almorzaba ahí, que escuché cuando una chica preguntaba si podía grabar ahí para su cuenta de IG que se dedicaba a destacar lugares de comida, recibiendo un NO como respuesta por parte de la encargada, quien alegaba que el dueño permitía que las personas comunes sacaran fotos, pero no quería que se hiciera de forma profesional. Esta decisión de parte del dueño (o de la encargada, pues pudo haber sido ella quien se negara) le restó la gran oportunidad de tener publicidad gratuita en un espacio que de seguro tendría muchos seguidores y posibles clientes a futuro.
Hay que recordar que el mercado es cambiante, y los gustos también. Si la fórmula que imaginamos no da los resultados que esperamos, entonces irla ajustando en función de mejorar. En el caso que traje de ejemplo, quizás tener una banda en vivo para los fines de semana, noches de karaoke, días temáticos, alquiler para fiestas, nombres diferentes a los usuales para las comidas, pues no es lo mismo comer una hamburguesa doble con queso a una Elvis doble Tennessee.
Finalmente, la presencia del dueño es siempre importante. Como dicen en mi país, "el ojo del amo, engorda al ganado", que no es más que una manera simple de indicar que la visión del dueño es la que va encaminando los logros alcanzados. En este caso, las veces que estuve ahí no vi al dueño, no había interacción con la gente de parte de alguien que buscara saber sus impresiones, no había una encuesta de satisfacción, era todo muy impersonal, lo cual no está mal, pero antes debes haberte posicionado y aceptado.
Como muestra, en otro local (uno que he reseñado acá donde está el bar de Moe) el dueño se pasa por ahí en algún momento del día y no precisamente para hacer el cierre de caja. Además, tiene un show de magia que no siempre sale bien, y en ese intento se aproxima a la gente, quien aplaude si la magia sucede, o se ríe cuando todo termina en un truco no logrado. En ese acercamiento, te da la bienvenida, pregunta sobre la atención, la comida, la música, y se siente la presencia de un líder que está pendiente de que tu experiencia sea favorable, al punto de querer repetir.
Entonces... ¿cerrar o cambiar?
Cuando se dejan pasar las decisiones, esperando un cambio de ¿suerte? el cierre es la opción que todos toman, pues remontar una serie de errores sin caer en default financiero no todos lo hacen. Sin embargo, cuando las fallas se detectan con tiempo, establecer cambios radicales que impulsen tu emprendimiento, sea por modificar la oferta, ampliar el campo de acción, ajustarse a formas de pago con crédito u otro que pueda favorecer el mantenerse activo, dará el tiempo suficiente para adaptarse a las necesidades del público y evitar que esa idea muera.
Pensar en tu emprendimiento como un ente que debe evolucionar con el tiempo y ante las vicisitudes es lo más recomendable, pues te servirá para adaptarte a las fluctuaciones del mercado para mantenerte en la cresta de la ola cuando las situaciones se pongan adversas.
In the world of entrepreneurship, there are two sides to the story, and I’ve almost always talked about when everything goes well or when we plan for it to go that way—but what happens when our idea doesn’t quite take off and we have to face the reality of operating at a loss?
It surprises me every time I see a business with so much potential close its doors, and the inevitable question is: what led to this happening? It’s not the same to close because you’re changing your line of business as it is to do so because profits don’t even cover the minimum needed to pay the bills.
One particularly sad case was a burger restaurant I used to enjoy visiting because it was themed after the 1970s. It had decor from that era, and there was even a life-size Betty Boop you could take pictures with.
After a while, I noticed they’d changed the name, but everything else remained the same: the decor, the menu, and the hours of operation. But I recently passed by, and it’s simply no longer in business. Only the facade remains, like a sad reminder of what could have become, over the years, an iconic spot in the area.
Based on my experience as a diner and what I saw and heard while I was there on my visits, I can infer some of the factors that led to this closure, as well as draw comparisons to another themed restaurant that’s still open to the public.
This place, which was originally called Wagon, had a fairly spacious layout, but it was completely uniform. Perhaps if they had divided it into themed areas—for families with children, friends, or just girls—each section would have served its purpose more effectively.
And it was precisely while I was having lunch there one day that I overheard a girl asking if she could film there for her Instagram account—which featured food spots—only to be told “NO” by the manager, who claimed that the owner allowed regular people to take photos but didn’t want professional filming. This decision by the owner (or the manager, since it could have been her who refused) cost the business a great opportunity for free publicity on a platform that would surely have many followers and potential future customers.
We must remember that the market is ever-changing, and so are tastes. If the approach we’ve devised doesn’t yield the results we expect, then we need to adjust it to improve. In the example I gave, perhaps having a live band on weekends, karaoke nights, theme days, party rentals, or unique names for the dishes—after all, eating a “double cheeseburger” isn’t the same as eating an “Elvis Double Tennessee.”
Finally, the owner’s presence is always important. As they say in my country, “the master’s watchful eye fattens the cattle,” which is simply a way of saying that the owner’s vision is what drives the achievements made. In this case, the times I was there, I didn’t see the owner; there was no interaction with the customers from someone seeking their feedback; there was no satisfaction survey—it was all very impersonal, which isn’t necessarily a bad thing, but you have to have established your position and gained acceptance first.
For example, at another venue (one I’ve reviewed here, where Moe’s Bar is located), the owner stops by at some point during the day—and not just to close out the register. Plus, he puts on a magic show that doesn’t always go well, and during the performance, he approaches the guests, who clap if the magic works or laugh when it ends in a botched trick. As he does this, he welcomes you, asks about the service, the food, and the music, and you can feel the presence of a leader who’s making sure your experience is positive—to the point where you’ll want to come back.
So… should you close up shop or make a change?
When decisions are put off, hoping for a change in—luck?—shutdown is the option everyone ends up choosing, since not everyone can overcome a series of mistakes without falling into financial default. However, when problems are detected early on, implementing radical changes to propel your business forward—whether by modifying your product or service offering, expanding your scope of operations, or adjusting to payment methods such as credit or other options that can help keep the business afloat—will give you enough time to adapt to the public’s needs and prevent that idea from dying.
It’s best to think of your business as an entity that must evolve over time and in the face of adversity, as this will help you adapt to market fluctuations and stay on top of things when the going gets tough.
Foto/Photo by: @mamaemigrante Miniatura mejorada con recursos de Gemini AI Banner de portada: Cortesía de @palabras1 Edición/Edited by @mamaemigrante using canva Translated and formatted with Deepl