Good morning and happy Monday, blog friends—how are you? Today, I’m taking you along into the wonderful world of food. I’ve already told you about what happened a while back: a new Japanese restaurant called Royal Sushi opened near us. We went to the opening and were amazed by its beauty and extensive menu, though we did notice some flaws, such as mix-ups with the dishes during service and long wait times. This weekend, they hosted an evening featuring a musical interlude by a local pianist, so we decided to go back with our stepdaughter, who hadn't been there yet. As soon as we walked in, we were greeted by the usual glittering entrance—full of decorations, lights, and installations—which was undeniably beautiful. This time, however, a music corner with a stunning white piano had replaced some of the tables; we were seated fairly close—but not too close—and enjoyed the performance of this talented, sensitive pianist throughout our dinner. It’s a shame we didn't take any videos. In any case, we sat down and noticed some changes to the décor and the menu; to our great disappointment, the menu was much more limited than it had been at the start. Sure, there were still unique dishes that set it apart from other restaurants, but the selection wasn't as vast as it used to be—perhaps they realized that having too many dishes was causing confusion and delays. Regardless, we immediately ordered drinks—water and Chinese beer—along with the essential soy sauce and wasabi, which are absolute must-haves.
Buenos días y feliz lunes, amigos del blog: ¿cómo están? Hoy los llevo conmigo al maravilloso mundo de la gastronomía. Ya les había contado lo que sucedió hace un tiempo: abrió cerca de casa un nuevo restaurante japonés llamado Royal Sushi. Fuimos a la inauguración y quedamos maravillados por su belleza y su extenso menú, aunque notamos algunos fallos, como confusiones con los platos durante el servicio y largos tiempos de espera. Este fin de semana organizaron una velada con un interludio musical a cargo de un pianista local, así que decidimos volver con nuestra hijastra, que aún no lo conocía. Nada más entrar, nos recibió la habitual y deslumbrante entrada —llena de adornos, luces e instalaciones—, que era indudablemente hermosa. Esta vez, sin embargo, un rincón musical con un impresionante piano blanco había sustituido algunas de las mesas; nos sentamos bastante cerca —pero no demasiado— y disfrutamos de la actuación de este pianista talentoso y sensible durante toda la cena. Es una lástima que no grabáramos ningún vídeo. En cualquier caso, nos sentamos y notamos algunos cambios en la decoración y en la carta; para nuestra gran decepción, el menú era mucho más limitado que al principio. Es cierto que seguía habiendo platos únicos que lo distinguían de otros restaurantes, pero la variedad ya no era tan amplia como antes; tal vez se dieron cuenta de que tener demasiados platos causaba confusión y retrasos. De todos modos, pedimos enseguida las bebidas —agua y cerveza china—, además de la imprescindible salsa de soja y el wasabi, que son elementos absolutamente esenciales.
We ordered plenty of Vietnamese spring rolls—which aren't found everywhere and which I absolutely love—a chirashi bowl (rice, tuna, salmon, and toppings), the obligatory sashimi that we all adore, and various types of steamed dumplings, all of which were delicious. My husband also had a spicy beef dish with bell peppers—something he rarely eats because I’m allergic, so he jumped at the chance to try them—as well as a hot, spicy cabbage and vegetable stew that we all ended up sharing; it was fantastic. We also had salmon nigiri; uramaki with various fillings like salmon and mango sauce, or tuna with black seaweed or fish roe; squid rings (which I don't think are typical of Asian cuisine but were likely added for Italian customers); salmon croquettes; takoyaki (my personal favorite); katsu (a crowd-pleaser); vegetable parcels; and shrimp-stuffed zucchini flowers. Some of the dishes were truly unique, and everything was delicious. We won't be able to go back for a while, though; financial issues have just come up involving long-term installment payments, so we can't afford to dine out for the time being—we have to cut back on non-essential expenses, unfortunately. Still, it was a wonderful meal!
Pedimos una buena cantidad de rollitos de primavera vietnamitas —que no se encuentran en todas partes y que me encantan—, un bol de chirashi (arroz, atún, salmón y otros ingredientes), el imprescindible sashimi que a todos nos fascina y varios tipos de dumplings al vapor; todo estaba delicioso. Mi marido también pidió un plato de ternera picante con pimientos —algo que rara vez come porque soy alérgica, así que aprovechó la ocasión para probarlos— y un guiso caliente y picante de col y verduras que acabamos compartiendo entre todos; estaba fantástico. También tomamos nigiri de salmón; uramaki con diversos rellenos, como salmón con salsa de mango o atún con alga negra o huevas de pescado; aros de calamar (que no creo que sean típicos de la cocina asiática, sino que probablemente se incluyeron para los clientes italianos); croquetas de salmón; takoyaki (mi favorito personal); katsu (un plato que siempre triunfa); paquetitos de verdura; y flores de calabacín rellenas de gambas. Algunos platos eran realmente originales y todo estaba delicioso. Sin embargo, no podremos volver en una temporada; han surgido problemas económicos relacionados con pagos a plazos a largo plazo, así que de momento no podemos permitirnos comer fuera: lamentablemente, tenemos que recortar gastos no esenciales. Aun así, ¡fue una comida maravillosa!
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