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Hive Cuba

"La trampa de creer que nuestro dolor es más válido que el de los demás" [Esp-Eng]

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Querida Comunidad Hive Cuba, un abrazo grande desde donde estoy. Siempre es un placer sentarme a escribir para ustedes.

Hay una cosa rara que hacemos los humanos cuando convertimos nuestro dolor en un escudo que nos aísla del mundo. Miren, yo entiendo que el sufrimiento real existe, que hay heridas que no cierran con el tiempo, que hay memorias que pesan como piedras. Pero hay un momento en que ese dolor legítimo se transforma en otra cosa, en una especie de narcisismo colectivo donde empezamos a creer que nuestro sufrimiento es único, que nadie más en el planeta ha pasado por lo que nosotros hemos pasado. Y entonces, sin darnos cuenta, comenzamos a medir, a comparar, a decir cosas como "tú no has vivido esto, así que no tienes derecho a opinar". Y ahí, justo ahí, es donde perdemos el rumbo.

Porque el dolor no es una competencia, ¿saben? No es un trofeo que se exhibe para ver quién merece más atención o quién tiene la memoria más pura. El dolor humano es un idioma universal que hablan las madres en cualquier rincón del mundo, que susurran los ancianos cuando miran al pasado, que gritan los jóvenes cuando sienten que el futuro se les escapa. No es exclusivo de nadie, y cuando actuamos como si lo fuera, lo que hacemos es encerrarnos en una burbuja que nos impide ver más allá de nuestro propio ombligo. Y eso, con el tiempo, termina volviéndonos sordos a lo que otros tienen que decir, y también nos roba la capacidad de asombrarnos con lo que no nos duele.

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He visto comunidades enteras atrapadas en esa lógica del agravio, donde todo se vuelve blanco o negro, donde el que no llora con la misma intensidad es automáticamente etiquetado como enemigo, donde la autocrítica se convierte en traición y cualquier intento de tender puentes es visto como una claudicación. Y la verdad es que eso cansa, cansa profundamente. Porque cuando nos instalamos en el lamento permanente, dejamos de construir, dejamos de imaginar, dejamos de crear. Nos volvemos prisioneros de una historia que solo habla de pérdidas y olvida que también hay canciones, abrazos, risas compartidas, días en que el sol salió y supimos agradecerlo.

Pero ojo, no estoy diciendo que haya que olvidar. Eso sería una tontería y además una falta de respeto. La memoria es sagrada, y las heridas merecen ser reconocidas y cuidadas. Lo que digo es que el dolor no puede convertirse en la única carta de presentación de un pueblo, en el único relato que sabemos contar. Porque cuando eso pasa, cuando reducimos toda nuestra identidad al sufrimiento, estamos empobreciendo nuestra propia historia, estamos negando la complejidad, la belleza, la resistencia cotidiana que también nos define.

Entonces, ¿qué hacemos? Pues yo creo que el camino pasa por aprender a sostener dos cosas al mismo tiempo: el reconocimiento profundo de lo que hemos vivido y la apertura genuina a escuchar lo que otros han vivido. No es fácil, claro que no. Requiere una humildad que a veces nos cuesta, una capacidad de salir de nosotros mismos para mirar al de al lado sin prejuicios. Pero es posible, y además es necesario.

Porque al final del día, el sufrimiento no es lo que nos hace especiales. Lo que nos hace especiales es lo que hacemos con ese sufrimiento, cómo lo transformamos en sabiduría, en solidaridad, en ganas de que a otros no les pase lo mismo. La grandeza de una comunidad no está en cuánto ha llorado, sino en cómo ha sido capaz de convertir esas lágrimas en algo que trasciende el dolor.

Funte

"No hay camino para la paz, la paz es el camino", decía un poeta que entendía esto mejor que nadie. Construyamos desde ahí, con la memoria en el corazón, pero con los brazos abiertos al mundo. Porque el dolor compartido puede ser un abismo o puede ser un puente. Depende de nosotros, solo de nosotros.

Gracias por leerme, Hive Cuba. Siempre es un honor. Sigamos creando juntos espacios donde el diálogo sea más fuerte que el ruido.



"The Trap of Believing Our Pain Is More Valid Than Anyone Else's"

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Dear Hive Cuba Community, a big hug from wherever I am. It's always a pleasure to sit down and write for you.

There's this weird thing we humans do when we turn our pain into a shield that isolates us from the world. Look, I get it, real suffering exists, there are wounds that time doesn't heal, there are memories that weigh like stones. But there comes a moment when that legitimate pain turns into something else, into a kind of collective narcissism where we start believing our suffering is unique, that no one else on the planet has been through what we've been through. And then, without realizing it, we start measuring, comparing, saying things like "you haven't lived through this, so you don't have the right to have an opinion." And right there, that's where we lose our way.

Because pain is not a competition, you know? It's not a trophy you display to see who deserves more attention or who has the purest memory. Human pain is a universal language spoken by mothers in any corner of the world, whispered by the elderly when they look back at the past, shouted by the young when they feel the future slipping away. It's not exclusive to anyone, and when we act like it is, what we're doing is locking ourselves in a bubble that stops us from seeing beyond our own belly buttons. And that, over time, ends up making us deaf to what others have to say, and it also robs us of the ability to marvel at what doesn't hurt us.

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I've seen entire communities trapped in that logic of grievance, where everything becomes black or white, where the one who doesn't cry with the same intensity is automatically labeled as an enemy, where self-criticism becomes betrayal and any attempt to build bridges is seen as surrender. And the truth is, that's exhausting, deeply exhausting. Because when we settle into permanent lament, we stop building, stop imagining, stop creating. We become prisoners of a story that only talks about losses and forgets that there are also songs, hugs, shared laughter, days when the sun came out and we knew how to be grateful.

But hey, I'm not saying we should forget. That would be stupid and also disrespectful. Memory is sacred, and wounds deserve to be acknowledged and cared for. What I'm saying is that pain cannot become the only calling card of a people, the only story we know how to tell. Because when that happens, when we reduce our entire identity to suffering, we're impoverishing our own history, we're denying the complexity, the beauty, the daily resistance that also defines us.

So, what do we do? Well, I think the way forward is learning to hold two things at the same time: deep recognition of what we've lived through and genuine openness to listen to what others have lived through. It's not easy, of course not. It requires a humility that sometimes costs us, an ability to step outside ourselves to look at the person next to us without prejudice. But it's possible, and it's also necessary.

Because at the end of the day, suffering is not what makes us special. What makes us special is what we do with that suffering, how we transform it into wisdom, into solidarity, into a desire that others don't go through the same thing. The greatness of a community is not in how much it has cried, but in how it has been able to turn those tears into something that transcends pain.

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"There is no path to peace, peace is the path," said a poet who understood this better than anyone. Let's build from there, with memory in our hearts, but with our arms open to the world. Because shared pain can be an abyss or it can be a bridge. It depends on us, only on us.

Thank you for reading me, Hive Cuba. It's always an honor. Let's keep creating together spaces where dialogue is stronger than noise.



Comments · 4

  • @la-colmena(66)· 36d

    La-Colmena-Curie.jpg


    ¡Felicidades! Esta publicación obtuvo *upvote* y fue compartido por **@la-colmena**, un proyecto de **Curación Manual** para la comunidad hispana de **Hive** que cuenta con el respaldo de **@curie**.

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    Si quieres saber más sobre nuestro proyecto, te invitamos a acompañarnos en nuestro servidor de Discord.


  • @kpoulout(72)· 36d

    Sabias palabras, amigo mío. Yo siempre digo que aquí todo el mundo tiene una historia que contar, un dolor que nos lastima y nos cambia para siembre. En mi caso, sufrí la pérdida más grande que he tenido hasta el momento, mi hermana, mi unica hermana. No era una hermana cualquiera, éramos muy unidas. Su partida temprana fue y es un dolor profundo en toda mi familia, sin embargo, nunca he creido que mi dolor sea más grande que el de otras personas. Cada cual vive sus duelos a su manera. Hay quien se encierra en di mismo y no exterioriza, eso no es bueno, hay que llorar, hablar, compartir. No hay un día en que yo no piense en mi hermana, a veces rio de los lindos recuerdos, a veces lloro por lo injusta que fue la vida. Y aquí estoy, siendo otra persona después de ese duceso, he cambiado muchos hábitos de forma involuntaria. Me doy cuenta que apenas pongo música para limpiar la casa como lo hacía antes, que para salir a la calle ya no tengo la misma disposición, en fin... Muchas gracias por regalarnos un post tan emotivo y educativo. Abrazos.

  • @mamita1(25)· 36d

    Saludos mi psicologopoeta: excelente post. Dios te bendiga.

  • @reachdreams(73)· 36d

    Sending you a tip point. Please take a moment to vote on the ecency proposal. Your vote means a lot to us. https://ecency.com/proposals/379%0A%0A