Nota de la autora: El presente relato es un experimento literario donde exploro el famoso "qué hubiera pasado si...", enfocándome en varios episodios históricos.
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Palacio de Versalles, Francia. Primavera de 1789.
"Louis, por el amor de Dios, ¡escúchame lo que te digo! Si no encontramos una solución inmediata a la deuda, Francia quedará en bancarrota. ¡En bancarrota!", dijo Marie Antoinette, reina de Francia, mientras caminaba de un lado a otro delante de su esposo, el rey Louis XVI.
"Marie, querida, te aseguro de que no habrá tal situación", replicó Louis con natural pasividad.
Marie se acercó al escritorio. Apoyándose con sus manos, se inclinó hacia su marido y le dijo: "Entonces apoya a Necker y cede a las concesiones del Tercer Estado".
"¡¿Estás loca?! ¡¿Quieres que la corona les dé concesiones a esa gentuza?!"
"Esa gentuza, Louis, es el pueblo entero. Los mercaderes, los ganaderos, los agricultores, los abogados, la gente pobre. Louis, la situación financiera del país es crítica. Debemos encontrar el modo de aplacar al pueblo y solucionar el problema financiero antes de que sea demasiado tarde. Créeme, esposo, que no querrás enfrentarte a un pueblo furioso".
"Marie, me sorprende esa reacción tuya. Antes no te interesaba el estado financiero del pueblo. ¿Qué te ha pasado?"
Marie se quedó callada. En su memoria permanecieron frescos los recuerdos de esos días que parecían otra vida. Los excesos, la desigualdad social, el estado financiero del país... Todo fue un caldo de cultivo para estallar un derramamiento de sangre sin precedentes que acabó con su vida y con la de toda su familia. Desde ese momento en que despertó en su cómoda cama de Versalles, sudorosa y asustada, había decidido enfocar sus esfuerzos no en pasar el tiempo con sus amistades en el Pétit Trianon, sino en encontrar una solución a un problema de décadas de forma definitiva.
Tuvo que dejar de lado la enemistad con Jacques Necker, ministro de finanzas de su esposo, y escuchar sus propuestas. Éstas no eran descabelladas; eran soluciones temporales de sostenibilidad corta pero necesarias para paliar la situación. Incluso se unió con el general La Fayette para realizar una investigación sobre los problemas del pueblo. Lo que encontró fue suficiente motivo para actuar de inmediato. Además, decidió donar secretamente a la caridad una buena parte de sus joyas a la caridad y entablar amistades con importantes figuras del Tercer Estado como Robespierre y Marat.
"Te sorprendería lo que los sueños pueden decir, esposo. Y créeme, hay mucho que decir".
De repente, la puerta se abrió de forma abrupta. Un hombre entró de forma presurosa. Había revuelta en París; el pueblo estaba harto de la situación de hambruna y pobreza. Volviéndose hacia su esposo, la reina le dijo: "¿Todavía crees que no es buena idea exigir impuestos al clero y a la nobleza? Ahí tienes la respuesta".
Acercándose al mensajero, le dijo: "Envía mensajeros a cada casa noble. Dile que el rey exige que paguen lo correspondiente en impuestos. Si se rebelan, todas sus riquezas serán requisadas en beneficio de Francia".




