Ojo: Puede contener spoilers
Si hay algo que admiro de los pueblos eslavos, especialmente los rusos, es su imaginación y su folklore plagado de animales que hablan, de campesinos convirtiéndose en reyes y reinas, y de eventos tan fantásticos que se queda uno con el ojo cuadrado.
Y si hablamos del terreno de los dragones, se queda aún más sorprendido. Para muestra de un botón está este film que, de pura casualidad, lo vi ayer en la noche antes de dormir.
La historia de una joven mujer raptada por un dragón es muy recurrente en la mitología medieval al igual que leer o escuchar sobre las peripecias que el novio o esposo de la chica tiene que pasar para matar al dragón y liberarla. Sin embargo, Él es un dragón (On drakhon en ruso) es un caso atípico; aquí, Armán el dragón rapta a Miroslava (Mira para los amigos y familiares) mas no la calcina en sus cenizas, como suele exigir la tradición draconiana familiar. En su lugar, Mira y Armán tratan de controlar a la bestia contenida en el cuerpo del hombre; al salvaje incivilizado, pues el dragón no conoce otro sentimiento que el de ser temido; al mismo tiempo, Mira, siendo una joven inmadura, poco a poco va comprendiendo que el amor no es como lo describen los cuentos de hadas que tanto le han contado. En cierto modo, se va dando cuenta de que el amor que creía sentir por su prometido, Igor, no era amor; esto provocó que Igor no pudiera encontrarla en medio de la niebla que rodea la isla.
Todos los esfuerzos parecían vanos cuando, en el punto álgido de la trama, Armán hecha a Mira de la isla al sentir ese miedo a que todo se saliera de control. Pero al final, la recompensa es mucho más grande de lo que ambos se habían imaginado.
Ahora, en un aspecto técnico, el argumento narrativo de la película es sencillo, sin grandes pretensiones más que entretener al público; no obstante, el final deja con interrogantes sin responder. El vestuario, muy suntuoso y magnífico; la escenografía, especialmente la de la isla, me recordó un poco a la vieja Valyria de Game of Thrones. La química de Maria Poezzhaeva (Mira) y Matvey Lykov (Armán) era notable; los diálogos entre ambos me parecieron muy naturales.
Es una película ideal para un fin de semana sin muchos planes y una interesante introducción a la cinematografía rusa en el campo de lo fantástico.



