Ha llegado Zomapa, con su conciencia envuelta en galletas saladas, no se mueve, no dice nada, permanece estática, a veces parece asustada, pero, lleva una sonrisa camuflada, que traspasa todo, la conciencia, las galletas, la vestimenta morada y hasta la cámara fotográfica.

Ha llegado la gansa, con hambre y por un buitre acompañada, picotea, trozos de galleta arranca, junto con el buitre de alas coloreadas; a veces abren las alas, pero, no vuelan, están estacionadas. La conciencia queda destapada, es pequeña, alta, cuadrada, azulada, cambia, siempre cambia.

Patas gruesas, estrella-estrella, larga, gruesa, corta, pequeña, con ojo, boca azul turquesa, forma de esfera y algunas veces, desaparece de la escena.

Zomapa se acerca, aplaude y florece la conciencia, la toma con sus manos gruesas, la carga, la abraza, la resguarda, la aplastada, la guarda entre su cabellera enredada y se marcha, dejando a la gansa y al buitre que la acompaña.





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