scrobble.life
Holos&Lotus

Centinela de mi silencio

Post de Instagram Día del Padre Foto Azúl (3).png

Durante años, cuando era jovencita, pensaba que la soledad era sinónimo de vacío, que estar sola era igual al fracaso, como si la vida me hubiera pasado de largo mientras todas mis amigos construían familias, compartían cenas y llenaban sus agendas de compromisos de dos. Pero con el tiempo entendí que la soledad elegida no es ausencia, sino presencia: presencia de mí misma, de mis pensamientos, de mis ritmos. Aprendí a ver películas sin explicar la trama, a bailar en la cocina con la música a todo volumen sin que nadie me juzgue. Eso no es aislamiento; es libertad.

Pero claro, la vida sigue su curso y uno no es de piedra. Entre tanta paz bien ganada, a veces se asoma una dualidad: las ganas de compartir el día a día con alguien de mi edad, de tener esa complicidad de maduros que entienden de resacas emocionales y de batallas pasadas. Y esa sensación se vuelve especialmente intensa cuando pienso en el momento en que mi hijo Gabo se vaya del nido y la casa se quede con un silencio demasiado definitivo.

Gabo ha sido mi ancla, mi rutina, mi excusa perfecta para no tener que enfrentar del todo esta pregunta. Mientras él está aquí, la casa tiene vida. Porque aunque él no es escandaloso, su presencia se siente. Pero sé que ese día llegará pronto. Y cuando ocurra, ¿qué haré con todo este espacio que he defendido con tanto cuidado? ¿Lo celebraré como la culminación de mi independencia o lo sentiré como un recordatorio de que quizás, solo quizás, dejé la puerta demasiado cerrada?

image.png

Ahí es donde se me arma el debate interno del siglo. Por un lado, defiendo mi aislamiento voluntario a capa y espada porque me da una paz mental que no negocio por nada; por el otro, reconozco que a veces da vueltas la idea de tener pareja. Lo curioso es que este dilema viene con una mezcla extraña de ternura y una pereza monumental. La idea de un compañero de ruta suena genial para conversar, tomar café y reírnos de las tonterías de la vida, pero la verdad es que la simple idea de volver a engranar costumbres ajenas en mi rutina me hace levantar una ceja con desconfianza.

¿Quién tiene la paciencia, a esta altura, para aprender a vivir con alguien, cuando toda esa rutina, todo lo que conlleva ? ¿Vale la pena el desgaste de ceder, de negociar, de adaptar mi santuario a los pasos de otro? Y sin embargo… a veces, en esas mañanas de silencio absoluto, me pregunto si no estaría bien tener a alguien con quien compartir el primer café, sin prisa, sin horarios, sin más compromiso que el de estar ahí.

¿Hasta qué punto nuestra tan amada soledad es un santuario y cuándo empieza a convertirse en una fortaleza inexpugnable por miedo a salir lastimados o a incomodar? Esa es la gran incógnita. Al final, supongo que se trata de encontrar un punto medio muy sutil: cuidar mi guarida de ermitaña, pero dejar la puerta abierta (quizás con una rendija prudente) por si algún día la vida decide sorprenderme con una buena compañía que valga la pena el desorden.

osito.jpg

Porque al fin y al cabo, la vida no se trata de elegir entre soledad o pareja, sino de permitirse sentir ambas cosas sin culpa. De reconocer que está bien amar el silencio y, al mismo tiempo, soñar con una voz que lo llene de vez en cuando. Y si esa voz llega, que sea bienvenida. Si no, que mi silencio siga siendo mi mejor amigo.

Esta publicación fue hecha después de haber leído el post de @emiliorios porque comencé a dejarle un comentario en su escrito y resultaba tan largo que decidí que lo mejor sería otro post y expresar mi punto de vista.


ENGLISH

Post de Instagram Día del Padre Foto Azúl (4).png

For years, I confused loneliness with emptiness. I thought being alone was synonymous with failure, as if life had passed me by while all my friends built families, shared dinners, and filled their schedules with couple commitments. But over time, I understood that chosen solitude is not absence, but presence: presence of myself, of my thoughts, of my own rhythms. I learned to cook for one, to watch movies without explaining the plot, to dance in the kitchen with the music at full volume without anyone judging me. That's not isolation; it's freedom.

But of course, life goes on and none of us are made of stone. Amid so much hard-earned peace, sometimes a slightly bittersweet idea surfaces: the desire to share day-to-day life with someone my age, to have that maturity-based complicity of people who understand emotional hangovers and past battles. And that feeling becomes especially intense when I think about the moment my son Gabo leaves the nest and the house is left with a silence that feels too final.

Gabo has been my anchor, my routine, my perfect excuse for not having to fully face this question. While he's here, the house has life. Because even though he's not loud, his presence is felt. But I know that day will come soon. And when it does, what will I do with all this space I've defended so carefully? Will I celebrate it as the culmination of my independence, or will I feel it as a reminder that perhaps, just perhaps, I left the door too closed?

image.png

That's where the internal debate of the century kicks in. On one hand, I defend my voluntary isolation tooth and nail because it gives me a mental peace I won't negotiate for anything; on the other, I recognize that sometimes the idea of having a partner crosses my mind. The curious thing is that this dilemma comes with a strange mix of tenderness and monumental laziness. The idea of a travel companion sounds great for chatting, having coffee, and laughing at life's silly things, but the truth is that the simple idea of having to integrate someone else's habits into my routine makes me raise an eyebrow with suspicion.

Who has the patience, at this point, to learn to live with socks thrown on the couch or endless arguments about what to watch on TV? Is it worth the wear and tear of giving in, of negotiating, of adapting my sanctuary to someone else's footsteps? And yet… sometimes, on those mornings of absolute silence, I wonder if it wouldn't be nice to have someone to share the first coffee with, unhurried, without schedules, with no commitment other than just being there.

To what extent is our beloved solitude a sanctuary, and when does it start becoming an impregnable fortress out of fear of getting hurt or causing discomfort? That's the great unknown. In the end, I suppose it's about finding a very subtle middle ground: caring for my hermit's den, but leaving the door open (perhaps with a prudent crack) in case life decides to surprise us someday with good company worth the mess.

osito.jpg

Because in the end, life isn't about choosing between solitude or partnership, but about allowing yourself to feel both without guilt. About recognizing that it's okay to love silence and, at the same time, dream of a voice that fills it now and then. And if that voice arrives, may it be welcome. If not, may my silence continue to be my best friend.

This post was written after reading @emiliorios's post, because I started leaving him a comment on his piece and it turned out so long that I decided the best thing would be to make another post and express my point of view.


My Social Media:

Mis Redes Sociales:

Instagram  Facebook  X/Twitter


Contenido de mi autoría. Fotos propias.

Original content. The images are my family property.

Comments · 7

  • @cochanet(70)· 21h

    Mientras te leía, recordé a una tía política. Después de años de matrimonio, mi tío la dejó por una mujer más joven. Ella se quedó sola criando a sus cuatro hijos varones y decidió no buscar otra pareja.

    Con el tiempo, mis primos hicieron lo que es ley de vida: dejaron el nido y volaron. Ahora se fueron del país y ella se quedó aquí, enferma y sola.

    Hoy en día, ella dice que debió darse la oportunidad de construir una nueva relación; siente que, por lo menos, así tendría a alguien con quien compartir el café de la mañana, conversar y estar acompañada. De eso se trata vivir en pareja: de compartir lo bueno y lo no tan bueno, con respeto y apoyo mutuo.

    Por mi parte, respeto y admiro profundamente a las personas que deciden pasar un tiempo en soledad, pero yo no aprendí a hacerlo; yo necesito tener compañía a mi lado.

    ¡Qué lindo está Gabriel! Dios lo bendiga a él y a ti también. Te envío un fuerte abrazo. 🙏🏼🤗

  • @pizzabot(60)· 1d

    PIZZA!

    $PIZZA slices delivered: @cautiva-30(5/10) tipped @purrix

    Send $PIZZA tips in Discord via tip.cc!

  • @cautiva-30(74)· 1d

    Me identifico contigo, ya que también vivo con mi hija y me he acostumbrado a mi paz mental, que como bien dices, no es negociable, y si llega esa voz que describes, lo pongo en manos de Dios, si el lo permite, me encanta tu reflexión amiga, que tengas un bonito día Domingo, !LADY !PIZZA

  • @yasmarit(73)· 1d

    muy buenas palabras, excelente reflexión

  • @cajiro(74)· 1d

    Ese dilema entre que es lo mejor es lo que nos lleva a reflexionar desde ambos ángulos. Pienso que en algún momento disfrutamos de una soledad asumida por muchos factores externos, y así como si nada entonces caemos en esa pequeña necesidad de tener a alguien al lado. La soledad nos puede dar esa paz por la que hoy muchos estarían dispuestos a pagar, pero no todo en la vida tiene que ser así. Sentirse apoyado y apreciado por alguien es algo que le da un plus a nuestra vida y en esencia hemos sido creados así, por lo tanto creo que entre ideas y dilemas lo importante es no dejarse desgastar en sentido emocional y valorar el hecho de que ahora estés sola o con alguien más.

    Me encantó tu reflexión al respecto amiga @purrix 😊

  • @la-colmena(66)· 1d

    La-Colmena-Curie.jpg


    ¡Felicidades! Esta publicación obtuvo *upvote* y fue compartido por **@la-colmena**, un proyecto de **Curación Manual** para la comunidad hispana de **Hive** que cuenta con el respaldo de **@curie**.

    Si te gusta el trabajo que hacemos, te invitamos a darle tu voto a este comentario y a votar como testigo por La Colmena.

    Si quieres saber más sobre nuestro proyecto, te invitamos a acompañarnos en nuestro servidor de Discord.


  • @emiliorios(74)· 1d

    Pues ha valido la pena y mucho que lo convirtieras en una publicación. Muchas reflexiones que vale la pena releer y repensar, @purrix Tengo que felicitarte por estas fotografías hermosas, me gustaron mucho. Y lo que sucede es que en la realidad que se vive, cuando llega la compañía indicada, llega suave y se instala, pues la que es. Y esto: "¿Vale la pena el desgaste de ceder, de negociar, de adaptar mi santuario a los pasos de otro?" Pasa a ser una pregunta que se responde sola y con la convivencia. Porque hay algo que está más allá de nosotros que juega y otorga. Hay mucho, para reflexiónar, como te dije. Gracias de nuevo, amiga.