Ojo: Puede contener spoiler
Imagínense por un momento que alguien aparece de la nada y te habla como si te conociera de toda la vida. Mejor o peor aún: Imagínense que ese mismo alguien va a tu casa, deja ahí tus cosas, te llama "mamá" o "papá", te presenta a su pareja, se gana el candor de más de cuatro y te hace quedar mal... Aunque todo parece ser una suerte de malentendido.
Así inicia la película Momo, de Vincent Lobelle y Sébastien Thiéry. Así inicia la cuasi-aventura de André (Christian Clavier) y Laurence Prioux (Catherine Frot), a quienes Patrick, un joven sordomudo (Sébastien Thiéry) confunde con sus padres. Su mera aparición crea entre los Prioux primero una serie de dudas en cuanto a la fidelidad de ambas partes y después una suerte de oportunidad para llenar aquél vacío que significó, al menos para la señora Prioux, el no tener hijos.
El film tuvo un comienzo entretenido, de esos que te saca alguna que otra risa; sin embargo, el argumento se perdía por momentos y después se recuperaba, y la supuesta comedia era más bien una suerte de drama con toques de comedia. Era una suerte de montaña rusa que, de perderse una vez más el guión, el espectador se levantaba o adelantaba la película. Las actuaciones de Clavier, Frot y Thiéry fueron decentes, dando lo mejor de sí mismos como artistas y procurando rescatar el argumento, un punto que considero a su favor teniendo en cuenta los altibajos del guión.
Ahora bien, si hay algo que merece todo el mérito es la forma en que Thiéry y Lobelle abordan la temática de la discapacidad y cómo ésta es vista en la sociedad moderna. En la escena de la cena, Patrick comenta a Jean-Francoise, amigo de André y radiólogo, que había sido abandonado en un orfanatorio a los 4 años por su padre debido a cierto rechazo por su condición; luego, cuando André explica, ya casi entre lo triunfante y lo perturbado, que el muchacho los había confundido de familia, Patrick reacciona dolido, como si entendiera que su "papá" no estaba feliz con su regreso.
Ese tipo de situaciones, lamentablemente, suceden muy a menudo en nuestra sociedad a pesar de las constantes campañas de inclusión que todos los días se pregonan en los medios de comunicación. Es un escenario que se repite una y otra vez, pero que muchos esperan superarlo en unos cuantos años.
¿Lo recomendaría? Pues sí, lo recomendaría para una tarde nublada de sábado o antes de irse a dormir.



