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Espejos del alma: Rocío y Julieta, mis maestras de la confianza [esp-eng]

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Las coincidencias no existen, y al leer el reciente trabajo del Dr. @emiliorios en @holos-lotus, veo con asombro que mi pensamiento en estos días no estaba tan errado. Lee su trabajo aquí ➡️ La vida desde el mundo de Patrick

​A veces creemos que como padres, guías y educadores solo estamos para enseñar y formar valores, pero en el día a día son nuestros propios hijos quienes acaban dándonos las lecciones más profundas de tolerancia, templanza, asombro y soltura.

​En estos días mi vida se ha visto envuelta en una nueva tormenta, y muchas veces de manera egoísta siento que estoy yo sola bajo el aguacero; y es que procuro dejar el "paraguas" para ellas, sin embargo, por más que estén bajo el paraguas, de igual modo están bajo la misma tormenta.

​La semana pasada, siendo exactamente el día cuatro de octubre, acudí al centro hospitalario con mi esposo. Llegamos a eso de las seis de la tarde y afortunadamente la espera era mínima, quedando en la zona de atención primaria apenas llegué; no obstante, a pesar de estar adentro, las horas de espera se hicieron extensas y eternas.

​Nosotros estábamos en el hospital con nuestra propia historia, pero nuestras hijas, Rocío y Julieta, estaban en casa al cuidado de su abuela. En esas horas interminables donde se me apretaba el corazón y los nervios deambulaban en mis pensamientos de estar con las niñas y mi esposo, queriendo dividirme en dos para cuidarlos a todos, las llamadas telefónicas eran la unión invisible que podíamos mantener, y escuchar sus voces serenas me llenaba de calma.

​A eso de las dos de la madrugada nos indican que mi esposo quedaría internado, y en ese mismo instante llamé a mis hijas para decirles que mamá debía estar un rato más con papá. Pensé que llorarían como lo habían hecho la primera vez, pero la templanza de mis pequeñas me dio una bofetada de valentía infinita.

​Del otro lado de la línea Rocío dijo: ​—Mamá, no te preocupes, yo cuido a mi hermana, estamos bien, tú cuida a papá.

​Por otro lado, cuando Julieta pidió hablar dijo: ​—Mamá, la Yaya se acostará con nosotras hasta que llegues, cuida mucho a papá.

​Luego de eso, las dos me pidieron que rezara como lo hago cada noche; ellas atentas del otro lado de la línea esperaban decir amén para acomodarse a dormir.

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​No mentiré en decir que tuve que aguantar las lágrimas: ¿por qué si dos niñas de 10 y 7 años estaban guardando la compostura y siendo valientes como yo, una mujer de 44 años iba a tener miedo y seguir llorando?

​En ese instante confirmé que mis hijas guardan una templanza absoluta. No son solo esas dos niñas traviesas que discuten por juguetes, películas o caramelos; son mucho más que eso: son la sabiduría que olvidé en algún punto de mi propio crecimiento, son el valor que muchas veces pierdo y conservan la fe y la esperanza intacta, esa que a veces a mí se me esconde en ciertas partes importantes.

Esa noche no solo me quedé acompañando y cuidando a mi esposo en el hospital, sino que también me quedé con una gran lección grabada en el corazón. Cuánta razón tiene el Dr. @emiliorios al recordar cómo los niños nos enseñan a vivir con mayor fuerza, autenticidad y confianza.

​Nosotros, con la excusa de ser adultos, nos obligamos a ser fuertes y a protegerlos de todo, pero muchas veces acabamos ahogándonos en nuestros propios miedos que parecen tempestades, mientras ellos, con una sencillez sublime, en una oración sencilla pero llena de amor nos devuelven al eje y nos enseñan a navegar la tormenta.

​Educar no es solo una calle de un solo sentido. Mis hijas no solo aprenden de mis guías y clases teóricas de lo básico, de los libros o de los valores que inculco en ellas a diario; hoy sé que ese aprendizaje es mutuo y recíproco. Rocío y Julieta son mis grandes maestras en la templanza, la fe y la esperanza; son la resiliencia pura que no ha sufrido mutación alguna.

​Agradezco a la vida sus miradas transparentes, por recordarme que no estoy sola bajo la lluvia y por enseñarme que, incluso cuando las noches se vuelven largas y la espera no acaba, la valentía se encuentra a veces en la voz más serena de quien se supone es el más débil, de aquellas personitas que dicen con gran valor, amor y confianza: "Mamá, todo va a estar bien".

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​Gracias a la comunidad @holos-lotus y al señor @emiliorios por abrir estos espacios donde la lectura no siempre es una casualidad, sino más bien es el espejo donde cada uno se mira para sanar.


English


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There are no coincidences, and on reading Dr @emiliorios’s recent piece on @holos-lotus, I am amazed to see that my thoughts over the last few days weren’t so far off the mark. Read his work here ➡️ Life from Patrick’s World

​Sometimes we believe that, as parents, mentors and educators, our role is simply to teach and instil values, but in day-to-day life it is our own children who end up teaching us the most profound lessons in tolerance, self-control, wonder and ease.

​These days, my life has been caught up in a new storm, and often, selfishly, I feel as though I am alone in the downpour; the thing is, I try to hold the ‘umbrella’ for them, yet, even though they are under the umbrella, they are still caught in the same storm.

​Last week, on 4 October to be precise, I went to the hospital with my husband. We arrived at around six in the evening and, fortunately, the wait was minimal; I was seen in the primary care area as soon as I arrived. However, despite being inside, the hours of waiting felt long and endless.

We were at the hospital dealing with our own situation, but our daughters, Rocío and Julieta, were at home in their grandmother’s care. During those endless hours, when my heart was in my mouth and my thoughts kept wandering back to being with the girls and my husband – wishing I could split myself in two to look after them all – the phone calls were the invisible link we could maintain, and hearing their calm voices filled me with a sense of peace.

​At around two in the morning, we were told that my husband would be admitted to hospital, and at that very moment I rang my daughters to tell them that Mummy had to stay with Daddy a little longer. I thought they would cry as they had done the first time, but my little ones’ composure gave me a surge of infinite courage.

​On the other end of the line, Rocío said: ​—Mum, don’t worry, I’ll look after my sister; we’re fine. You look after Dad.

​Meanwhile, when Julieta asked to speak, she said: ​—Mum, Yaya will sleep with us until you get back. Take good care of Dad.

​After that, they both asked me to say my prayers as I do every night; listening intently on the other end of the line, they waited to say ‘Amen’ before settling down to sleep.

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​I won’t lie when I say I had to hold back the tears: why, if two girls aged 10 and 7 were keeping their composure and being brave just like me, was a 44-year-old woman going to be afraid and carry on crying?

​In that moment, I realised that my daughters possess absolute composure. They aren’t just those two mischievous little girls who argue over toys, films or sweets; they are so much more than that: they embody the wisdom I forgot at some point in my own growing-up, they possess the courage I so often lose, and they keep their faith and hope intact – the very things that sometimes elude me in certain crucial moments.

That night, I not only stayed to keep my husband company and look after him in hospital, but I also took away a great lesson etched in my heart. How right Dr @emiliorios is when he reminds us how children teach us to live with greater strength, authenticity and confidence.

We, under the pretence of being adults, force ourselves to be strong and to protect them from everything, but we often end up drowning in our own fears, which seem like storms, whilst they, with sublime simplicity, through a simple yet loving prayer, bring us back on course and teach us how to weather the storm.

​Education is not just a one-way street. My daughters do not merely learn from my guidance and theoretical lessons on the basics, from books or from the values I instil in them every day; today I know that this learning is mutual and reciprocal. Rocío and Julieta are my greatest teachers in temperance, faith and hope; they are pure resilience that has remained entirely unaltered.

​I am grateful to life for their clear-eyed gazes, for reminding me that I am not alone in the rain and for teaching me that, even when the nights grow long and the waiting seems endless, courage is sometimes found in the calmest voice of those who are supposed to be the weakest – those little people who say with great courage, love and confidence: ‘Mum, everything’s going to be alright’.

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​Thank you to the @holos-lotus community and to Mr @emiliorios for creating these spaces where reading is not always a matter of chance, but rather a mirror in which each of us can look to find healing.


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Créditos/Credits: La portada fue editada en canva. Las fotografías son de mi propiedad y tienen restricción de uso de terceros sin mi consentimiento. El texto fue traducido en DeepL versión free.

Comments · 4

  • @amigoponc(70)· 13h

    Querida @issymarie2,

    Qué publicación tan conmovedora y profundamente humana. Mientras te leía, fue inevitable no experimentar una tormenta de sentimientos encontrados: por un lado, se me estrujaba el corazón al revivir esa angustia tan real de estar en una sala de hospital, sintiendo la necesidad de dividirte en dos para cuidar a tu esposo y a la vez estar con tus pequeñas; y por el otro, sentí una inmensa paz y ternura al ver cómo Rocío y Julieta se convirtieron en ese faro de serenidad y fortaleza.

    Me identifiqué tanto contigo en cada línea… Mi hijo Matthew es exactamente igual, y verlos reaccionar con esa madurez y temple ante momentos difíciles nos deja sin palabras. Eso no es casualidad, amiga; eso se llama, en resumidas cuentas, «valores de familia».

    Ellos son nuestro espejo: lo que nosotros, los padres, sembramos e inculcamos día a día con amor, paciencia y presencia, es exactamente lo que ellos reflejarán ante la vida y sus tempestades. Ellas son el testimonio vivo del hogar que has construido.

    Deseo de todo corazón que la salud de tu “príncipe azul” continúe restableciéndose por completo. Les envío un abrazo apretado y muchísimas bendiciones para toda la familia. 🙏✨

  • @emiliorios(74)· 1d

    Gracias, gracias, @issymarie2 ¡Qué hermosura! Dios me las bendiga siempre.

  • @la-colmena(66)· 1d

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  • @hivebuzz(74)· 2d

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